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Editorial:

Terror indiscriminado

Al menos en un punto han mentido los dos activistas anónimos de ETA que la semana pasada marcaban doctrina en el periódico Gara, órgano del radicalismo abertzale. ETA realiza atentados indiscriminados que nada tienen que ver con los denominados en su jerga propagandística 'sectores del poder español', 'integrantes de los poderes del Estado ' y 'responsables del conflicto'. El atentado cometido la madrugada del domingo en pleno centro de Logroño mediante un coche bomba no tuvo nada de selectivo: buscaba aterrorizar a toda la población de Logroño en plena celebración de las fiestas de su patrón.

La explosión del coche bomba, cargado al menos con 30 kilogramos de dinamita, no causó víctimas mortales, pero estaba preparado para causarlas: ciudanos que pasaran por allí en el momento de la explosión o policías que, tras las llamadas recibidas advirtiendo de su colocación, pretendieran localizarlo o desactivarlo. Todos ellos objetivos indiscriminados de un atentado que causó graves daños materiales en la zona de oficinas bancarias, comercios y viviendas donde tuvo lugar, en especial en el emblemático edificio de la Torre de Logroño.

Pero si ETA buscaba aterrorizar a los ciudadanos de Logroño, su fracaso ha sido sonado. La reacción popular contra el atentado se manifestó de inmediato en una población que ya ha sufrido los zarpazos del terrorismo en nueve ocasiones en los últimos trece años. El espíritu de Ermua, en lo que tiene de rebelión social contra ETA y de no aceptación de su voluntad totalitaria, sigue estando vigente, con un vigor que no ha disminuido desde el asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco en 1997. ETA puede seguir haciando oídos sordos al clamor popular que le exige que deje de matar y permanacer ciega ante el fracaso de su estrategia de amedrentamiento de la población, pero ni el terror callejero llevado al extremo en Bergara ni el indiscriminado puesto en práctica ayer en Logroño hará desistir de sus compromisos con la democracia a una sociedad que lleva soportando más de 20 años la acción de los pistoleros y manipuladores de coches bomba.

No es improbable que, tras el aislamiento en que ha quedado tras las elecciones vascas, sin posibilidad de imponer sus objetivos por vía de hecho desde la política de frente nacionalista, ETA lleve al paroxismo una estrategia de enfrentamiento generalizado con la sociedad. Sería una irresponsablidad, o algo peor, por parte del conjunto de fuerzas democráticas, nacionalistas y no nacionalistas, dejar el campo libre a ETA y no unirse en el objetivo común de combatirla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de junio de 2001