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Reportaje:

El mercado de los chupetes

El fútbol peruano bate todas las marcas en la alarmante caza de promesas al hacer debutar en su Liga profesional a un niño de 13 años

Fernando García, Pizarrito, que el domingo debutó con 13 años como futbolista profesional con el equipo Juan Aurich, peruano, se ha convertido en el último proyecto de estrella de un negocio que cada vez busca talentos más jóvenes. Mientras concluye el tercer curso de la enseñanza secundaria y ayuda en el restaurante de sus padres, Pizarrito, llamado así por su parecido con el delantero del Werder Bremen, es ya una celebridad nacional.

Pero el suyo no es un caso aislado, el de un fenómeno capaz de marcar un hito como el brasileño Pelé, que debutó con 15 años en el Santos y ganó su primer Campeonato del Mundo con su selección, el de Suecia 58, con 17 años y 249 días, o el argentino Maradona, que también jugaba a los 15 con el Argentinos Júnior y a los 17 con el equipo albiceleste.

Alentados por el fenómeno del brasileño Ronaldo, del inglés Owen o de Raúl, que, sin cumplir los 20, ya habían logrado el fichaje de sus vidas, los agentes han comenzado una carrera por hacerse con los derechos de promesas cada vez más jóvenes. Un negocio que preocupa a la FIFA y sobre el que ha alertado Pelé: 'Hoy todo va demasiado deprisa. Los empresarios van a Brasil o África y se hacen con los derechos de los niños, los llevan a Europa y, luego, sólo se quedan con los que destacan. A los restantes los abandonan sin dinero ni posibilidad de progresar'.

Ya en 1999, la Confederación Brasileña se mostró alarmada por el creciente éxodo de jugadores de entre 14 y 18 años y consideró que, de los 370 brasileños que fichan cada temporada por clubes de Europa y Asia 'el 95% cierra la transacción sin cumplir los trámites exigidos por la FIFA'.

Los Gobiernos de Holanda y Bélgica han pedido a sus federaciones que aumenten los controles sobre los niños de la calle, esos frustrados futbolistas que llegaron a Europa creyendo poder emular al nigeriano Kanu, fichado a los 16 años por el Ajax y que fue campeón europeo y olímpico sin haber alcanzado la mayoría de edad.

La FIFA, la UEFA y la Unión Europea trataron en marzo el asunto en la negociación de la reforma de los traspasos, pero la única medida adoptada fue establecer 'un código de conducta que garantice la formación deportiva y académica' de los menores de 18 años.

La aparición de niños prodigio ha existido siempre, pero se ha disparado en la última década por el creciente poder de los intermediarios y la necesidad de crear ídolos a la misma velocidad que se devoran.

El brasileño Ronaldo, por ejemplo, apareció tras el Mundial de Estados Unidos 94 y parecía capaz de marcar una época. Joven, rápido, con carisma y elegido dos veces mejor jugador del mundo por la FIFA, aspiraba a ser el sucesor de Pelé. Pero su estrella se apagó en apenas tres años, obligado a jugar aunque estuviera lesionado para cumplir sus contratos publicitarios y ahogado por la presión de los medios y la exigencia de la afición.

Así, durante la Copa América de Paraguay 99, el técnico de su selección, Wanderley Luxemburgo, se vio obligado a reemplazarle por Ronaldinho, de 19 años, al que reclamaba la grada sólo por haber marcado un gran gol a Venezuela. Dos años después, ni Ronaldo ha recuperado su mejor nivel ni Ronaldinho ha logrado explotar lastrado por su interminable traspaso al París Saint Germain.

Hasta Owen y Raúl tuvieron que superar su prematura popularidad cuando trascendieron su condición de futbolistas. Owen, el internacional inglés más joven del siglo, se convirtió en un ídolo tras marcar un gol a Argentina en el Mundial de Francia 98 y con 18 años ya había publicado dos biografías. Sometido a una presión difícil de soportar y mermado por las lesiones, no ha recuperado su mejor nivel hasta esta temporada, en la que incluso vio amenazada su titularidad en el Liverpool.

Raúl, que debutó en el Madrid con 17 años y a los 20 ya era el emblema del madridismo, tuvo que convocar en 1998 una multitudinaria conferencia de prensa para aclarar que seguía disfrutando con el fútbol y pedir que se respetase su vida privada y no se le juzgara como si tuviese la madurez de una persona de 50 años.

Ahora, mientras el Barcelona duda si contratar a Saviola, otro prodigio argentino que debutó en el Ríver Plate con 16 años, desde Perú se anuncia la irrupción de Pizarrito, el último componente de esta quinta del chupete que busca la gloria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de mayo de 2001