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Reportaje:REPORTAJE

Una causa mundial inspirada en el exilio antifranquista

LA ORGANIZACIÓN HUMANITARIA CUMPLE 40 AÑOS

La vinculación de Benenson a España venía de antes. Cuentan sus biógrafos que, de adolescente, le influyó poderosamente la lectura de la obra de Arthur Koestler Testamento español, en la que se describían los horrores de la represión franquista.

Observador en España

A comienzo de los años cincuenta, el Congreso de Sindicatos británico le envió a España como observador de juicios de sindicalistas. A Benenson le disgustó tanto lo que presenció en los tribunales como en las prisiones. En uno de los juicios se sintió tan indignado por los procedimientos, que elaboró una lista de denuncias que expuso al juez en una cena. El juicio se resolvió con la absolución de los acusados, una excepción en la España autoritaria de aquellos años.

El 10 de julio de 1960, 5.000 manifestantes protestaron en Londres por la visita oficial del ministro de Asuntos Exteriores español, Fernando Castiella, convocados por la asociación de Agustín Roa; entre ellos, Benenson. Días después, una carta de un abogado anónimo, que Roa atribuye a Benenson, denunciaba en The Times la presencia de agentes de la Brigada Político-Social franquista entre los manifestantes. En agradecimiento, Roa visitó a Benenson en el hospital donde estaba internado.

En diciembre de 1960, la mencionada asociación de exiliados españoles publicó un documento con testimonios de presos de la cárcel de Burgos, con el título Hablan los presos de Franco.

Cuenta Roa que Benenson se impresionó mucho al leerlo, y que así se lo confirmó en una carta del 12 de diciembre de 1960: '(...) Espero que sus excelentes intenciones puedan aliviar a sus compañeros, por los que no cesaré de trabajar (...)'.

'Siempre consideré que aquel documento', dice Roa, 'y el prestigio en Inglaterra de la Asociación -que no cesó en su campaña a favor de los presos, imprimiendo y distribuyendo sellos con el mapa de España entre rejas, en rojo y negro, debidamente taladrados y engomados para adherirse a los sellos oficiales en las cartas, y sus gestiones en general- fueron pilares para la creación de lo que tenía que ser Amnistía Internacional'.

Entre los casos citados en el artículo fundacional de Peter Benenson, publicado en The Observer, se citaba a los estudiantes españoles detenidos, al profesor Tierno Galván y al abogado Antonio Amat, preso entonces en Carabanchel.

El 7 de agosto de 1961, Peter Benenson escribió una carta a Agustín Roa en la que le informaba de que intentaban lanzar una publicación y le pedía para el primer número un artículo sobre la situación de los presos en España, que incluyese, al menos, tres casos de presos de la izquierda, el centro y la derecha.

Roa pensó que como el hombre que por sus ideas había estado más años en prisión en España hasta entonces era un poeta, Fernando Macarro Castillo (Marcos Ana, nombre adoptado como homenaje a sus padres), era adecuado facilitar el de otro poeta: Cristóbal Vega Álvarez, condenado a cuarenta años de cárcel.

A mediados de octubre de 1961, su caso apareció en la publicación Amnesty, bajo el título Poeta de la libertad. En el primer libro editado por Amnistía Internacional, Persecution 1961, se incluía el del español Antonio Amat.

También en la primera campaña de postales navideñas se incluyó el caso de otro español, Miquel Coll i Alentorn, historiador y dirigente del movimiento de la democracia cristiana en Cataluña.

Una de las primera acciones de Amnistía Internacional tuvo que ver también con España. En noviembre de 1961 fue detenido en París el asturiano Ramón Álvarez. Ante la sospecha de que se tratara de una extradición, Peter Benenson se interesó por su caso ante el embajador de Francia en Gran Bretaña, logrando que se le pusiera en libertad, según relató en una carta enviada a Agustín Roa.

Jordi Pujol, preso en Zaragoza

Entre las primeras denuncias publicadas por Amnistía Internacional figuran también el procesamiento de unos activistas vascos y la represión desatada en Cataluña, en la que se destacaba, con foto, la situación de un joven Jordi Pujol, entonces preso en Zaragoza. Este artículo, firmado por un corresponsal anónimo, fue elaborado por Manuel Casanoves, un sacerdote residente en Londres que en 1978 se convirtió en el primer presidente de la Sección Española de Amnistía Internacional, cargo que cedió pocos meses después, en la primera asamblea general, a Silvia Escobar.

La dictadura franquista impidió crear grupos de Amnistía Internacional en España hasta 1976, aunque varios españoles siguieron colaborando con la organización, incluso clandestinamente, desde España.

Esta organización humanitaria, celosamente independiente, por lo que se que se niega a aceptar cualquier tipo de subvención, práctica habitual en otras ONG, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1977. Su sistema de trabajo, siempre sobre casos concretos, nunca sobre regímenes políticos, no la ha puesto a salvo de las críticas de los Gobiernos ni de organizaciones revolucionarias. Entre estas últimas destacan las que se produjeron cuando Amnistía se negó a doptar como preso de conciencia a Nelson Mandela por sus vinculaciones con organizaciones que habían hecho uso de la violencia para conseguir sus objetivos políticos. Una organización que en aquel artículo fundacional resaltaba la frase de Voltaire: 'No estoy de acuerdo con sus ideas, pero estoy preparado para dar mi vida por su derecho a expresarlas'. Una declaración que bajo circunstancias muy diferentes (entonces por el franquismo, hoy por ETA), sigue siendo necesario proclamar en la España de hoy.

'Ya no se sienten solas'

POCOS MESES después del nacimiento de Amnistía Internacional se logró la libertad y llegada a Londres del escritor Marcos Ana, que fue presentado el domingo 3 de junio de 1962 en un acto público. Según recuerda Agustín Roa, el poeta relató la historia de una anciana del sur de España que atravesó el país sin dinero para visitar a su hijo, preso, mendigando por el camino. Y que murió de frío a las puertas del penal sin llegar a ver a su hijo, que estaba en las celdas de castigo. Una historia con la que dejó un testimonio de aquellas campañas por la amnistía iniciadas por los exiliados españoles y continuadas por Amnistía Internacional: 'Yo traigo a Inglaterra una voz encarcelada, la voz de los presos políticos españoles, el drama de sus mujeres y sus hijos. La mujer y los hijos constituían la herida sangrante de los presos (...). Yo he visto a amigos míos, a los que no pudieron doblar los tormentos, quedarse sin fuerzas en las rodillas y estar a punto de caer sobre ellas, por el dolor de sus familias. No les importaba perder su propia vida. Pero no podían soportar la idea de haber destrozado la juventud y la vida de sus mujeres (...). En unos años todo cambió. Era hermoso verlas llegar a los locutorios, llenas de orgullo, enseñando la carta que habían recibido, o el giro o el paquete de tal o cual parte de la tierra. Ahora ya no se sienten solas, ahora ya saben que allí donde habita un ser humano hay una mano tendida hacia los presos'. 'Y esas manos', señala Agustín Roa, 'eran de los grupos de solidaridad de Amnistía Internacional y de personas a las que ni la distancia geográfica ni su nivel social les impedían ver el drama de aquellos hombres, mujeres y sus familias, para solidarizarse con ellos y ayudarles'.

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