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OPINIÓN DEL LECTOR

'After hours'

Desde hace meses, los vecinos de la calle de Ortega y Gasset, eso sí, de la parte alta, de la que pertenece al popular barrio de Torrijos, sufrimos la presencia de un local que funciona a pleno rendimiento. Discoteca hasta las cinco de la mañana y after hours hasta la una del mediodía del día siguiente.

Las segundas filas empiezan alrededor de las doce de la noche y no terminan hasta el mediodía del día siguiente. Pero eso no es raro en esta ciudad. Lo que sí es más peculiar son las peleas, a veces francamente duras, en el portal de casa cuando salimos a por el periódico o el pan. Si ustedes pasean por la calle de Lista, entre las calles de Alcántara y de Montesa, los fines de semana apreciarán también un olor peculiar. Es habitual que estos clientes, así como los exquisitos servicios de seguridad del local, se olviden de que están en la calle, y no en los servicios de la discoteca after hours.

Cuando se abrió el local el verano pasado, los vecinos y los comerciantes empezamos a informarnos. El local tiene una licencia como café-teatro, lo que le permite abrir hasta las cinco o cinco y media de la mañana y tener actuaciones en directo. No tiene licencia, pues, ni para ser discoteca ni mucho menos after hours. Lo que nos parecía más obvio a todos es que el local cierra ocho horas más tarde de lo que establece su licencia. Y así lo comunicamos al Ayuntamiento, a la Comunidad, y los días cuando el escándalo nos enfadaba más, también a la policía. Y no es que las instituciones hayan estado inactivas, no. El local ha sido precintado dos veces por iniciativa municipal y las dos, milagrosamente para los vecinos, el precinto ha sido levantado. Lo que está claro 11 meses después de su apertura es que todas las energías vecinales, municipales, policiales y de la Comunidad se han perdido en el camino.

Todo ha dado exactamente igual. Hoy, primer día de vacaciones de Semana Santa y después de un fin de semana ruidoso, he decidido informarme de cómo van las cosas. Van francamente mal para los vecinos.

He comenzado con la Comunidad de Madrid. No, allí no tienen competencia sobre las infracciones horarias. Eso es una falta leve y las leves son municipales. De todas maneras tienen abierto un expediente. No por el horario, le insisto, esa competencia no es nuestra, sino porque no funciona como café-teatro.

He continuado por el Ayuntamiento. Asuntos Generales de la Junta de distrito de Salamanca. No, no son ellos. Industria, ni hablar. Que dice usted que llame a la Comunidad. Ya lo he hecho. ¡Ah!, bueno, nosotros no llevamos infracciones horarias. ¿Quién lo lleva? Ya le he dicho que la Comunidad, y si no me cree pregunte a la policía. Pero a qué policía, ¿a la nacional o a la municipal? Señora, a la policía. A la señora, esta vez, ya no le quedaban ni ganas ni tiempo. Lo que está claro, después de este intercambio de impresiones con las instituciones locales que nos gobiernan, es que tras 11 meses de alteración importante de la vida vecinal, llegando en muchos casos a problemas de orden público, el after hours abrirá. Nosotros, los vecinos, seguiremos asomados a la ventana perplejos, sin dormir muchos, muchos, fines de semana.

Nuestros hijos no bajarán solos a la calle y ni el pequeño comercio ni las cafeterías abrirán los sábados y domingos. Tienen miedo. Eso sí, todos compartiremos el placer de saber que con nuestro esfuerzo mantenemos a dos gigantescos organismos -el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid- muy mal avenidos y que ni siquiera tienen claro cuáles son sus competencias. Ya los hubiera querido para sí Franz Kafka.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de abril de 2001