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Entrevista:LUDGER MEES | COAUTOR DE 'HISTORIA DEL PNV'

'El PNV no podía dar un 'sí' o un 'no' claro a la Constitución'

Ayer se presentó en Bilbao el segundo volumen de la Historia del Partido Nacionalista Vasco, que abarca los años cruciales que van del inicio de la guerra civil hasta el regreso del lehendakari Leizaola, en diciembre de 1979. Sus autores, los profesores de Historia Contemporánea de la UPV Santiago de Pablo y Ludger Mees, y de Deusto José Antonio Rodríguez Ranz han mantenido el título de El péndulo patriótico para esta entrega. Ludger Mees (Essen -Alemania-, 1957) asegura que los autores han gozado de plena libertad para realizar su investigación y han tenido acceso sin restricciones a los archivos del PNV en Artea.

Pregunta. ¿A su juicio, en qué punto se encuentra el péndulo del PNV en este momento?

'Las oscilaciones del PNV se deben sobre todo a que reúne en su seno sectores e intereses muy diferentes'

Respuesta. Muy probablemente, después de Lizarra está otra vez en movimiento, volviendo al pragmatismo, porque se ha visto que la apuesta anterior, que había conducido el péndulo al lado de los proyectos más radicales, no ha dado sus frutos y se impone un retorno, si el PNV no quiere perder su influencia política.

P. ¿Ve posible que ese perpetuo movimiento entre la radicalidad y el pragmatismo a la hora de buscar la realización de la patria vasca se detenga alguna vez en un punto?

R. Todas las diferentes corrientes a lo largo de la historia del PNV han confluido en la defensa de esta idea central. Pero, como es muy genérica, hay que llenarla con contenidos concretos que dependen de coyunturas sociales y políticas determinadas, y es ahí donde se han planteado esas dos opciones, empezando por el propio Sabino Arana, que en su vida conoció esta oscilación. Yo no diría que se debe tanto a la ausencia de un proyecto definido cuanto a la confluencia, en un partido democrático y popular como es el PNV, de intereses y sectores muy diferentes, que a veces no se han podido poner de acuerdo en las estrategias para definir y alcanzar ese objetivo final, que sería la construcción nacional vasca.

P. Telesforo Monzón y José Antonio de Aguirre serían un poco la personificación de esa dualidad.

R. Sí. En el libro se ve cómo también en estos dos personajes tan definidos se dio ese movimiento oscilatorio. Junto al Monzón último, que termina en HB, aparece otro desconocido; nacionalista, sí, pero ferviente defensor de la solución monárquica. El propio Aguirre, nada más terminada la guerra civil y prácticamente hasta ver el fracaso en términos políticos del Consejo Nacional Vasco de Irujo en Londres, se sitúa también en una línea de nacionalismo patrimonialista y radical que intenta hegemonizar el Gobierno vasco en el exilio. Cuando ve que, dada la situación de las fuerzas políticas en el exilio, esta vía no da frutos y es más bien contrapruducente, gira y se pone a actuar el Aguirre que conocemos más hasta su muerte en 1960 y que promueve incluso la reconstrucción del Gobierno español republicano en el exilio en 1945.

P. ¿De esta segunda parte de la historia del PNV, qué es lo que más les ha sorprendido?

R. Personalmente, lo que más me ha impresionado es, conocido el drama que suponía el exilio y la clandestinidad, la enorme capacidad de análisis y rectificación que guardaban muchos de los líderes del nacionalismo. En esas situaciones tan extremas, eran capaces de captar los errores cometidos, aceptarlos como tales y replantear la estrategia política conforme a ese nuevo análisis. Es algo que me gustaría ver ahora no solo entre los políticos nacionalistas, sino también en toda la clase política vasca, que en gran medida carece de esa capacidad de enmienda.

P. En la parte final del libro abordan las conversaciones de Txiberta (País Vasco francés), en la primavera de 1977, donde el PNV rechaza integrarse en un frente nacionalista en vísperas de las primeras elecciones democráticas. ¿Ve alguna analogía entre esa cumbre y el Pacto de Lizarra, 21 años después?

R. Sí y no. Los que se sientan en la mesa son más o menos los mismos, en términos políticos y militares. En Txiberta hay unas polémicas muy duras, en un momento en que no se sabe muy bien qué va a ser de la autonomía y del futuro de Euskadi, y cuando todo está abierto. Pero los representantes del PNV dejan muy claro desde el principio que no se van a meter en una aventura que conduce a lo que llaman una 'situación totalitaria'. Y desde una postura de superioridad contestan a las peticiones de ETA, que ni hablar. Se ven muy bien las diferencias entre un partido de tradición democrática y una organización armada donde ya han aflorado planteamientos totalitarios, como cuando dicen que no les interesan los votos, sino 'que el pueblo consiga sus derechos', como si el pueblo fuera algo distinto a la suma de las voluntades de los ciudadanos. Este es otro episodio que demuestra que,ni en los medios ni en los fines puede tener algo en común un partido democrático con un movimiento totalitario. Creo que, últimamente, esto también está quedando claro por parte de algunos líderes nacionalistas.

P. Tras estudiar los documentos de los debates internos sobre la Constitución y hablar con sus protagonistas, ¿cree que hubo alguna posibilidad de que el PNV votara a favor de la Constitución?, ¿o el hecho de que fuera española se lo impedía, aunque se hubiera aceptado la disposición adicional sobre los derechos históricos?

R. El tema no estaba tan claro en el seno del PNV. Al principio hubo reuniones de líderes donde había quien decía que un nacionalista vasco, por definición, nunca puede decir sí a una constitución española. Ahora bien, también había gente con mucha experiencia del pasado que avisaba del riesgo de bloquear la vía de la recuperación del Estatuto con una postura frontal contra la Constitución. Yo creo que, como confluencia de estas dos tendencias -de nuevo, el péndulo-, al final vino la abstención. No era un no rotundo, tampoco un sí, pero abría la vía del Estatuto, que era el gran objetivo de aquel momento. Una postura clara a favor o en contra habría puesto en peligro la cohesión del partido en aquel momento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de marzo de 2001