THE ECONOMIST | REVISTA DE PRENSA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Gran Bretaña descarrila

Desde el accidente de Hatfield en octubre, en el que murieron cuatro personas, el sistema ferroviario se ha convertido en un caos. (...) Una de los principales causas fue la forma en que se privatizó hace cinco años. El Gobierno conservador, ante la cercanía de las elecciones, se lanzó a un proyecto que dividía British Rail en 25 empresas ferroviarias en régimen de franquicia, quedando las vías y las estaciones en manos de otra empresa, Railtrack. Esta estructura, en teoría, permitiría que las empresas ferroviarias compitieran en el mismo tramo de vía.

Eso realmente nunca ocurrió, y mientras que los beneficios esperados nunca se manifestaron, los costes se hicieron cada vez más evidentes. (...) La necesidad de controlar estrictamente el poder de Railtrack sobre las compañías ferroviarias conllevó que se fijara en un 90% las tasas de uso de las vías. (...) En consecuencia, el servicio se vio deteriorado, problema engrosado por un boom económico y un creciente número de pasajeros.

Desde que el Partido Laborista llegó al poder, ha empeorado el problema por una regulación excesiva y una ingerencia arbitriaria. (...) Y no sólo no trata de arreglar la grieta en la estructura de la industria del ferrocarril, sino que además sus planes para el metro de Londres repiten el mismo error.

Abierta queda la cuestión de qué hacer con los ferrocarriles. Simplificar la legislación de la industria ayudaría, pero no solventaría los problemas derivados de la separación de los trenes de las vías. La solución sería volver a unirlos.

Londres, 16 de marzo

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