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Reportaje:

Rebrote de la violencia en Argelia

La denuncia de un ex oficial sobre la guerra sucia convulsiona al país en medio de un aumento de los enfrentamientos

'Mulud Benmohammed, periodista. Tu hijo acaba de escribir un libro que va a dar la vuelta al mundo'. Con estas palabras y una cámara de televisión al hombro, el hombre intentó franquear, el pasado día 7, la puerta de la casa de los padres de Habib Suaidia.

El mismo día, este ex oficial de 31 años del Ejército argelino había publicado en Francia La guerra sucia (La sale guerre, editorial La Découverte), un libro en el que denuncia la brutal represión contra los islamistas y sus supuestos simpatizantes.

'He visto', escribe Suaïdia, 'a compañeros quemar vivo a un niño de 15 años. He visto a soldados disfrazarse de terroristas y masacrar a civiles. He visto a coroneles asesinar a sangre fría a meros sospechosos. He visto a oficiales torturar hasta la muerte. He visto demasiadas cosas'.

El supuesto periodista no entró ese día en la casa de los Suaïdia, en el barrio de la Catedral, en la ciudad de Tebessa (este de Argelia), pero al día siguiente sí lo hizo acompañado por varios agentes de las fuerzas de seguridad.

No hubo detenciones, aunque sí interrogatorios durante varios días sucesivos de familiares y vecinos. Se trataba de amedrentar. Con el mismo propósito fue saqueda la tienda de alquiler de vídeos de uno de los hermanos del ex oficial.

Ésta fue la primera respuesta del régimen argelino a la puesta en venta en Francia de un libro que ha causado una auténtica conmoción en un país asolado por nueve años de guerra civil larvada que se ha cobrado, según diversas estimaciones, más de 100.000 muertos.

Primero fueron intelectuales argelinos exiliados, como el sociólogo Lahuari Addi, los que aludieron a la responsabilidad del Ejército en las matanzas. Después, a finales del año pasado, otro libro, ¿Quién mató en Bentalha? (Qui a tué à Bentalha?, editorial La Découverte) acusó al Ejército de pasividad durante el transcurso de la carnicería que en 1997 tuvo lugar en esa pequeña localidad situada a las afueras de Argel. Hubo más de 400 muertos, incluidos los 19 (13 militares y 6 islamistas armados) que cayeron en un enfrentamiento esta semana al suroeste del país.

Ahora llega, por primera vez, el testimonio de un oficial involucrado durante tres años (1993- 1995) en la lucha antiterrorista. Su relato coincide además con un recrudecimiento de la violencia, que en 2000 causó unos 9.000 muertos y que desde principios de año ronda ya los 500.

Los diarios argelinos han denunciado 'la mano de los enemigos de Argelia' detrás de la publicación. El embajador argelino en París, Mohamed Ghoualmi, calificó el jueves a Suaidia de 'impostor'. Pese a estos desmentidos, las revelaciones de La guerra sucia han perturbado a las élites de la antigua metrópoli.

Un grupo de prestigiosos intelectuales publicó, en el diario Le Monde, un manifiesto lamentando el apoyo del Gobierno francés a una política antiterrorista argelina 'que no es nada más que la erradicación, política y física, de cualquier oposición'.

Mientras, las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos solicitan entrevistarse con la cúpula militar. Un grupo de militares exiliados, reagrupados en el Movimiento de los Oficiales Argelinos Libres, pretende denunciar a los principales jefes militares por crímenes contra la humanidad ante jueces occidentales.

Hasta el ministro francés de Exteriores, Hubert Védrine, dejaba entrever esta semana cierto desasosiego a su regreso de un viaje relámpago a Argel. Las autoridades argelinas 'deben comprender', declaraba el miércoles, 'el deseo de información y de clarificación que existe en Francia y, en parte, en Argelia'. 'Hay, obviamente, problemas de inercia (...) y otros en áreas más delicadas, como en los asuntos de seguridad', añadía aludiendo a los interrogantes que plantea el rebrote de la violencia.

Respaldado por los generales de mayor graduación, Abdelaziz Buteflika llegó al poder en abril de 1999 prometiendo que acabaría con la insurrección islamista con su famosa concordia civil. Con ella buscaba fomentar la entrega de milicianos afines al Frente Islámico de Salvación (FIS), el gran movimiento islamista ilegalizado en 1992, a cambio de dejarles en libertad.

El periodo de la concordia, que finalizó hace un año, supuso una pausa en los choques armados. Buteflika anunció incluso el 'triunfo' de su política, pero las armas no tardaron en volver a tronar.

Los bandas que actúan bajo la bandera de los Grupos Islámicos Armados (GIA) siguen perpetrando ataques indiscriminados en amplias zonas rurales. En cuanto a los milicianos allegados al FIS, han sido sustituidos en sus áreas de influencia por los del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, una guerrilla que dirige Hassan Hattab, un ex oficial paracaidista. A diferencia del GIA, concentra sus acometidas contra objetivos militares. En Argel se rumorea que tiene en su haber la muerte de 200 uniformados en dos meses.

Como antaño, la Kabilia, Medea, Blida, Sidi Bel Abbés, Yelfa y el extremo este del país siguen siendo las regiones más castigadas por el terrorismo, pero, según señala un diplomático acreditado en Argel, 'el pulpo islamista golpea cada vez en lugares más alejados', aunque fuera de las grandes urbes.

Buteflika fue elegido presidente para acabar con la violencia endémica. Casi dos años después, las revelaciones de Suaidia han erosionado aún más el crédito del país y la única guerra a la que ha conseguido poner fin es la que enfrentaba a Etiopía con Eritrea, con su mediación al frente de la Organización para la Unidad Africana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de febrero de 2001