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Reportaje:

LA FORJA DEL AZNARISMO

Más allá de las 'cositas' que reclaman ahora su atención o de sus planes de retirada, Aznar ha ido construyendo durante años un proyecto a largo plazo. Estas son las claves y sus protagonistas

El domingo 21 de enero José María Aznar se levantó peleón. Iba a dar leña. Era su primer discurso del año y los problemas, sus 'cositas', se le amontonaban. Nada mejor que la clausura del XI Congreso de Nuevas Generaciones. Un público incondicional. Chaqueta de espiga, camisa de cuadros, corbata nueva, a la 1 de la tarde entraba omnipotente en el Palacio de Congresos Juan Carlos I, de Madrid. Media hora más tarde empezaba su discurso. Dieciocho folios. En el párrafo 22 lanzó su carga de profundidad. La definición de principios del aznarismo. 'Tenemos un proyecto para diez años -lamento dar un disgusto a algunos-; al menos los diez años en que España se la juega (...)'.

¿Se le calentó la boca? No es probable. Estaba decidido a presentar esa mañana en sociedad el aznarismo. Un proyecto que no es improvisado. Un proyecto que empezó 10 años atrás. Y que pervivirá con él o sin él. Al menos eso espera su inventor.

CUANDO AZNAR LLEGA A MADRID ESTÁ SOLO. NO ES LIBERAL, NI DEMOCRISTIANO, NI TIENE CONTACTOS INTERNACIONALES

Hubo un tiempo, no hace mucho, antes de que Aznar ideara el centro reformista, pretendiera ser el inspirador de la derecha europea o ganara unas elecciones por mayoría absoluta, en que sus chicos, un grupo de desconocidos jóvenes conservadores, le montaron un tren de juguete en el salón. Un ex dirigente de UCD lo describe así: 'Es una metáfora. Pero imagine que España es la Renfe. Y éstos querían comprársela, pero antes querían ver cómo funcionaba. Así que instalaron vías, túneles y pasos a nivel, cocheras y estaciones. Pensaron quiénes podían ser jefes de estación, maquinistas y guardavías. Y empezaron a jugar. Y durante cuatro años observaron al tren dar vueltas'. Había nacido la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES). La forja del aznarismo. En un lustro, aquellos chicos se harían con el tren de verdad: España.

José María Aznar había llegado de rebote a la cumbre del Partido Popular en septiembre de 1989. Sólo cinco meses antes, aún presidente de Castilla y León, apadrinó una modesta fundación. 'La idea fue de Miguel Ángel Cortés; el primero que creyó en Aznar cuando llegó a Valladolid y al que a partir de 1987 comenzó a escribir los discursos', describe uno de los promotores de FAES que prefiere el anonimato. (Al despedirse, tras el apretón de manos, aún se volverá para incidir: '¡Recuerde, no sólo no quiero aparecer, tampoco quiero que se note que ha hablado conmigo!'. Una actitud calcada a la de la docena de dirigentes del PP y la FAES que han hablado para este reportaje).

Continúa: 'Cortés tenía una enorme inquietud intelectual y propuso a Aznar inventar un instituto que creara pensamiento para AP... al margen de AP; que rompiera la barrera de hielo que separaba a la vieja Alianza Popular de las capas más dinámicas del país: gente de izquierdas o, al menos, distante de la oferta popular'. La idea no era original. Cortés se limitó a copiar los think tank británicos y estadounidenses, imprescindibles en el triunfo de Margareth Thatcher, en 1979, y de Ronald Reagan, en 1981. Laboratorios de ideas capaces de crear un armazón ideológico que sustentara los programas electorales. Un nuevo discurso. Fábricas de cerebros y factorías de consignas. Thatcher era el modelo del primer aznarismo.

'El presidente habló con los embajadores de Gran Bretaña y Estados Unidos para conseguirme un visitor program que me permitiese conocer los principales institutos. Sobre esa base se construye FAES', recuerda Miguel Ángel Cortés, de 42 años, hoy secretario de Estado de Cooperación. Visitó los principales tanks, es decir, los conservadores. En Londres, Cortés se sumerge aquel 1988 en el Adam Smith Institute (nacido en 1977 en el entorno de Thatcher) y el Centre for Policy Studies, creado en 1974 por la dama de hierro. Los dos institutos tenían como denominador común su defensa a ultranza del mercado, el odio a los sindicatos, la reducción del Estado del bienestar, la desregulación y una agresiva política de privatizaciones. Neoliberalismo en estado puro. Los ejemplos americanos en los que bebió Cortés estaban cortados por el mismo patrón: la Heritage Foundation, por ejemplo, ha sido básica en la construcción de la revolución antiClinton de mediados de los noventa (el Contrato por América). También sirvió de ejemplo al novicio Cortés el American Enterprise Institute, un lobby ultraconservador financiado por notorios industriales de la vieja economía, de cuyo patronato acaban de salir catapultados a la Administración de George W. Bush Paul H. O'Neill, como secretario del Tesoro, y el mismísimo vicepresidente, Dick Cheney.

FAES se constituye en Valladolid en abril de 1989. Y Cortés comienza a oficiar de spin doctor (cerebro en la sombra).

Agosto de 1989. El presidente de Castilla y León, José María Aznar, se hace con las riendas del Partido Popular. En abril de 1990 celebra el (su) X Congreso del partido en Sevilla. Es nombrado presidente del PP. El espaldarazo. Su incipiente equipo de Valladolid le diseña el eslogan: 'Centrados en libertad'. Aznar comienza a cortejar a antiguos miembros de la UCD que aporten el ansiado estigma que le diferencie del conservadurismo fraguista. La única forma de vencer en unas elecciones. José Pedro Pérez-Llorca, Antonio Fontán, Pío Cabanillas, Eugenio Nasarre, Iñigo Cavero son animados a entrar en el PP. Varios ex ministros centristas coinciden: 'Aznar fue al grano, lo típico en él: 'Quiero ampliar el partido; hacerlo de centro. ¿Por qué no te animas? Te doy un puesto en la Ejecutiva. Además, estoy montando una fundación y me gustaría que colaboraras'.

Cuando Aznar llega a Madrid está solo. No es democristiano ni liberal. Carece de contactos internacionales. El partido tiene varias fundaciones, ninguna es la suya. Las hay de todos los colores. Aún hoy: una responde a un conservadurismo rancio, la Cánovas del Castillo ('la de los dinosaurios', define un miembro de FAES), dirigida por Carlos Robles Piquer, cuñado de Fraga. Otra, democristiana, Humanismo y Democracia ('la de los democretinos'), con planteamientos fronterizos con el socialismo. El resto, sin actividad (Instituto de Formación Política, presidido por Rodolfo Martín Villa; Fundación de Estudios Europeos, por Javier Arenas, y Fundación Popular Iberoamericana). Feudos que se escapan al nuevo líder. Aznar tenía que poner la suya en marcha sin perder tiempo.

'Aznar necesitaba FAES para que le hiciera papeles al margen del partido y como gran centro de relaciones. Necesitaba una agenda con 1.000 nombres. Cortés se puso manos a la obra', describe un diputado popular que ha colaborado con la fundación. El 13 de mayo de 1992, FAES se presenta en sociedad. Santones de UCD apadrinan el acto. Y se comienza a convertir en el punto de encuentro para proporcionar ideas a Aznar. Manuel Pizarro, de 50 años, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, señala: 'Una cantera de personas nuevas, jóvenes y no sospechosas de connivencia con lo anterior. Todo teñido con el liberalismo de moda'.

Al frente de FAES Aznar coloca a sus chicos. Miguel Ángel Cortés, Carlos Aragonés (de 44 años, hoy director de su Gabinete), Alfredo Tímermans (de 39 años, hoy subdirector del Gabinete), Fernando Becker (de 45 años, hoy director general de Iberdrola), Pilar del Castillo (de 47 años, hoy ministra de Educación), Gabriel Elorriaga (de 39 años, hoy secretario de Organización Territorial), Baudilio Tomé (de 37 años, hoy secretario de Estado de Telecomunicaciones). Y un Arturo Moreno repescado por la puerta falsa tras su defenestración en 1990 por la corrupción del caso Naseiro.

Son muy jóvenes. Algunos han trabajado a su lado en Valladolid. Le han hecho buenos papeles. Son cultos, trabajadores y atildados. Solteros. De ideología neoliberal trufada con ideas morales colindantes con el Opus Dei. Casi todos comenzaron en política en las Juventudes de UCD. Más tarde, en el Club Liberal. En la Asociación 1812. En la operación Roca. Ellos configuran en 1993 el núcleo duro de FAES. Según su padrino político, el ex ministro, catedrático y numerario del Opus Antonio Fontán: 'Yo tuve una atención especial hacia ellos en UCD. Había percibido claras vocaciones políticas. Era gente viajada, con idiomas y que a los 40 años llevan más de 20 en política. Aznar tira de ellos. En FAES se reencuentran'.

En el equipo también entra un democristiano, Eugenio Nasarre, de 53 años, director general de RTVE con UCD, que les ha amamantado en las juventudes ucedistas. Es el contrapeso a la borrachera neoliberal. Y también un centrista peculiar, José Luis González Quirós, de 53 años, filósofo, ex profesor de Aragonés y que en tiempos elaboró papeles para Suárez.

En el partido se les comienza a conocer como 'la gente de Aznar'. Provocan recelos. Odios. Aznar permite la gresca. Sabe que esas divisiones refuerzan su liderazgo. 'Igualito que Franco', malmete un miembro del grupo. Hay susurros, pero nadie en el aparato de Génova 13 abre el pico: 'Nos respetaban porque Aznar comenzaba a tener toda la autoridad. Y se suponía éramos su grupo de apoyo personal', comenta uno de ellos.

A golpe de teléfono, Aznar construye un patronato que le preste seniority al invento. Prescinde de la gente de Génova 13: con FAES no tiene que jugar con equilibrios de poder, como con el partido. Ficha a políticos con pedigrí (Antonio Fontán, Jaime Lamo de Espinosa, José Pedro Pérez-Llorca, Marcelino Oreja); empresarios (Aldo Olcese), economistas (Pedro Schwartz), banqueros (Manuel Pizarro). Y a sus amigos (Miguel Blesa, Juan Hoyos, Juan Villalonga). Gente de confianza y con patrimonio. 'Los jóvenes no éramos nada en el partido y todos estos patronos nos daban respetabilidad'.

¿Cuál era la ideología del think tank? Para Fontán, inspirador del núcleo duro: 'Cristiana, liberal y de un patriotismo español'. Para un miembro radical del núcleo duro: 'Nuestro referente ideológico era Hayek [Friedrich von Hayek, el economista padre de la política económica monetarista de Thatcher y Reagan]'. Para otro miembro del patronato: 'Pensamiento liberal, nacionalismo, desregulación, privatización'. Para un patrono crítico: 'Había una tremenda obsesión por el mercado como definidor de la sociedad. Y el que venga detrás... Y junto a ese liberalismo radical en economía, una actitud muy conservadora ante la vida y un aroma Opus que se materializaba en la santificación por el trabajo. Era gente muy buena. ¿Los mejores? Moreno, Tomé y Pilar del Castillo'.

FAES acaba de despegar. Destila thatcherismo. Los del núcleo duro, algunos aún en la veintena, se visten de gentlemen. Presumen de ser anarquistas de derechas: 'Menos Estado y más mercado'. El 6 de junio de 1993 el Partido Popular pierde las elecciones. Hay desconcierto en sus filas. Y una convicción: 'Las siguientes las íbamos a ganar. Teníamos que preparar bien las cosas', recuerda un cerebro de la fundación. Tras la derrota, la locomotora marcha a toda máquina. Hay que lanzar a Aznar. Con un presupuesto mínimo (que engordará hasta los 239 millones gracias a las subvenciones y a las donaciones de amigos canalizadas por patronos-empresarios), se comienzan a suceder seminarios en un pisito de la calle de Zorrilla de Madrid. De 5 a 8. Enseguida pasan a San Agustín, 15, también en las proximidades del Congreso. Nadie cobra: 'Por aquel entonces, todo era por amor al arte; no nos jugábamos posiciones de poder. Todo era muy intelectual. Enseguida cambiará la cosa: el que más y el que menos sabía que Aznar tiraría de nosotros', explica un alto cargo del Gobierno. Se habla de sociología, economía, defensa, sanidad. Al final de cada reunión, el ponente redacta un informe. Aznar es el único destinatario. Su agenda es cada vez más abultada. Un patrono afirma que de una reunión entre FAES y el Círculo de Empresarios de Barcelona surgirá el nombre de Josep Piqué.

De FAES comienzan a brotar ideas para el programa electoral que José María Michavila, de 40 años, hoy secretario de Estado de Justicia, canaliza al partido ('Michavila siempre entre dos aguas', según una compañera). En la fundación también escriben los discursos de Aznar, sus conferencias y libros (La segunda transición, La España en la que yo creo). El líder de la oposición comienza a usar FAES como un sparring para entrenarse. Discute el resultado de cada seminario. Toma nota: '¿Cómo se llama ese tío que sabe tanto de pesca?'.

Entre 1993 y 1996, FAES vive su trienio glorioso. Mucha gente se acerca al think tank previendo que los que pasen por San Agustín 15 un día 'tocarán pelo' (cortarán orejas en el argot taurino). Hay un ritmo frenético de fabricación de papeles con la conciencia de que Aznar va a gobernar. Profesionalización de las Fuerzas Armadas, privatizaciones, acceso al euro, reforma de las humanidades... Se contacta a catedráticos y militares próximos al Opus Dei y jueces de la conservadora APM. Y también intelectuales ajenos al PP. El neoliberalismo inicial se va atemperando hacia posiciones más centradas gracias al sentido común de Pizarro, Nasarre o Pérez-Llorca.

Los más radicales, o evolucionan o son apartados. 'Si quieres ganar, no le puedes decir toda la verdad al electorado', ironiza uno de aquellos cerebros. Nueva consigna: hay que abandonar el euroescepticismo. Ni dudar del euro. Ni rozar las pensiones. Es necesario vender centro. Los votos están en el centro.

'De esas sesiones saldrán las primeras medidas liberalizadoras del Gobierno de Aznar', afirma un miembro del núcleo duro. En plena sintonía con Rodrigo Rato (el miembro del aparato del PP más afín a FAES), en la fundación comienzan a tirar de la cantera del Instituto de Estudios Económicos. El IEE, laboratorio de ideas de la patronal CEOE, prestará sus mejores hombres y sus recetas al proyecto popular. Eugenio Domingo Solans (hoy vocal en el Banco Central Europeo), Francisco Utrera (hoy secretario general de Comercio Exterior) o Cristóbal Montoro (hoy ministro de Hacienda) pasan por San Agustín 15. Y José Folgado (hoy secretario de Estado de Economía) y una nueva raza de jóvenes turcos de la economía procedentes de las escuelas de negocios, como Elena Pisonero (de 38 años, hoy embajadora ante la OCDE) o Juan Costa (de 36 años, secretario de Estado de Comercio). Todos capitaneados por Pizarro. Éste recuerda: 'Dimos contenido a los programas. ¿Cómo hacer las privatizaciones? Yo había sido subdirector general de Expropiaciones en la Dirección General del Patrimonio y sabía lo mal que se había hecho la de Rumasa. Allí se decidió. Y el tema pensiones. Y otros muchos'.

Mientras, con sigilo, Aznar construye una FAES bis: una discreta unidad de apoyo político bajo la dirección de Carlos Aragonés (su jefe de Gabinete en Valladolid y desde 1993 coordinador de la presidencia del partido), que va preparando la carrera electoral del 96. Ya en campaña, la FAES bis dirigirá la táctica, escribirá los discursos y filtrará toda la información al presidente. A veces en su casa cenando. En esta célula reservada, González Quirós y Elorriaga escriben; Tomé, Cortés, Nasarre y Moreno aportan ideas, eslóganes, hasta la letra de una canción. Se reparten áreas de influencia. Tímermans funciona como correa de transmisión FAES-Gabinete. Y Pilar del Castillo se encarga de las encuestas. Con el PP en el poder, seguirá visitando a Aznar cada semana como presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas. Las encuestas son una de las obsesiones del presidente.

Ellos recuerdan:

-¿Eran ustedes un Gobierno en la sombra?

-Ja, ja. El que piense que Aznar pueda construir un shadow cabinet es que no lo conoce. No está en su psicología contarle a nadie que va a ser ministro.

-¿Cuál era la relación de Aznar con ustedes?

-Con Aragonés, de amigo. Con el resto, fría. Si le cuestionabas una decisión te podía soltar: 'Se hace porque yo lo digo'.

Con las elecciones a punto, estalla la contienda entre FAES y el partido; entre Carlos Aragonés (el príncipe de las tinieblas de Aznar) y Francisco Álvarez-Cascos (secretario general del PP y ahijado de Manuel Fraga). Se veía venir. En 1995, un miembro del núcleo duro, Alfredo Tímermans, se desplaza a Génova 13, sede del partido, para apoyar al jefe del Gabinete. Aragonés pretende que todo el equipo de FAES bis le siga para arropar al candidato. El aparato del partido se niega. Se inicia la guerra de los despachos, que pierden los chicos de Aznar. Sólo al final de la campaña desembarcarán en Génova.

La escaramuza con la vieja guardia del partido es un aperitivo. El enfrentamiento más grave entre FAES y el PP se da a propósito del programa electoral del 96. Según un diputado del PP que colaboró con la fundación (y cuya versión confirma un miembro del núcleo duro): 'Con las elecciones a la vuelta de la esquina, en Génova se encuentran con un programa que ha confeccionado FAES ya editado. Un programa paralelo al que ha hecho el partido. Y montan en cólera. Cascos aguanta el tipo. Y edita el suyo. Aznar tuvo que hacer de árbitro. Y Cascos quedó tocado'. En 1999 era descabalgado entre lágrimas de la secretaría general. Era el último paladín fraguista.

El 3 de marzo de 1996, Aznar gana las elecciones. Por los pelos. Obtiene 153 diputados. Esa noche cunde el pánico: el núcleo duro sólo ha preparado discursos triunfales. Se han fiado de las encuestas. Sus estimaciones más pesimistas preveían 15 diputados más. En Génova, Aznar esboza unas líneas con Mariano Rajoy para salir del paso.

Y Aznar tira de agenda. Hay premios gordos y pedrea: ministerios, secretarías de Estado, empresas públicas. O simple influencia. 'No, no hay un sindicato de agraviados, Aznar se portó bien con todos', explica uno que tocó el cielo. Otros se atrincherarán en experimentos editoriales afines al neoliberalismo: Nueva Revista, La Ilustración Liberal, La revista hispanocubana. El núcleo duro copa el Gabinete del presidente en la Moncloa. Será su unidad de apoyo político. Una copia de las policy units. Tony Blair (primer ministro británico) hará en 1997 lo mismo con los cerebros de Demos, el think tank que le ha nutrido de ideas para llegar a Downing Street.

Aznar guarda a FAES en un cajón. No necesita comprar ideas. Ni conocer gente. Tiene el Estado. En julio de 1996, Pérez-Llorca es nombrado vicepresidente de FAES. El objetivo es que FAES no haga ruido. Aznar y Cortés conservan sus puestos en situación de durmientes. Nunca se sabe. Desde ese momento la articulación del pensamiento popular la hacen los fontaneros. En especial Aragonés y, a partir de 1998, Nasarre, en un continuo corrimiento a un nebuloso liberal pragmatismo que Aznar bautizará 'centro reformista'.

En febrero de 1997 llega a FAES como responsable político Alejo Vidal-Quadras. El núcleo duro pretende resucitarle: ha sido sacrificado por Aznar en aras de los pactos con Pujol para la investidura del 96. Quadras nunca tendrá en la fundación el calado de Cortés. Inquieta a la Moncloa. En 1999, Pérez-Llorca dimite. Quadras es enviado a Bruselas. Una patada hacia arriba. El fontanero Tímermans toma el mando. Y FAES se convierte en un simple anexo del Gabinete.

Desde 1996, FAES vegeta en un señorial inmueble de la madrileña calle de Velázquez. Hasta que a José María Aznar se le ocurre el Proyecto Arzalluz: ha prometido no ser el candidato a la Presidencia del Gobierno tras dos mandatos en 2004. Retirarse... pero menos. Es el momento de comenzar a diseñar un plan para mandar sin necesidad de ser el presidente del Ejecutivo: como Xabier Arzalluz en el PNV. Aznarismo sin Aznar. Y desempolva la fundación como una de las tres patas de su proyecto. Un patrono de FAES analiza: 'Si Aznar no se presenta a las elecciones y recala en FAES, puede tener influencia. Una tribuna. Una agenda. Y dirigir su carrera exterior. Con FAES tendría el control ideológico; con el partido, el político y, si se lanza al exterior, marchamo internacional'.

'Con esas tres cartas, puede plantearse sustituir a Prodi en la Comisión Europea en enero de 2005 o... volver a presentarse en 2008 con la imagen de hombre que no se aferra al poder'. La operación está en marcha. Primera pata, influencia política: presidente del PP. Aznar ya se ha apresurado a recordar que se presentará a la reelección en el XIV Congreso del partido, el año próximo. Segunda pata: influencia internacional. La artillería pesada de los democristianos, Javier Arenas, Gerardo Galeote (portavoz en el Parlamento Europeo), Alejandro Agag (secretario general del Partido Popular Europeo) y el mismo Nasarre, preparan su asalto a la Internacional Democristiana este otoño o, como muy tarde, el 2002. Tercera pata: influencia ideológica. Mediante la fusión de las fundaciones del PP en una sola megafundación. Un trono más grande.

Según un miembro del partido, 'Aznar no aguanta las corrientes; y las fundaciones, sobre todo la Cánovas, le han tocado mucho los cojones'. El proceso jurídico para la fusión está en marcha: 'Lo lleva Arenas, por lo que cuenta con la autoritas, y el impulso político lo pone Aznar', explica el responsable de una de las fundaciones. 'Arenas ya se ha entrevistado (todo delicadeza), con los patronos; se han llevado a cabo auditorías y está todo en manos de los abogados'. Según este responsable, a lo largo de este mes se podría anunciar la fusión. Será una organización con tres áreas: formación, análisis e internacional. Y 1.500 millones de pesetas de presupuesto. Curiosamente, Humanismo y Democracia, la fundación democristiana del partido centrada en la cooperación internacional, no entrará en esa fusión: 'Que se enteren los liberales que no todo va a ser mercado, también es importante la solidaridad', espeta un democristiano. Y es que no todo en el PP es amor fraterno. Si se rasca un poco, surgen voces discordantes. Un liberal responde al democristiano: 'Desde la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII, no han vuelto a aportar una idea al pensamiento político. Democristianos... ¿Se los defino? Pocos, poderosos y traidores'.

Entre los chicos del presidente, los odios son acusados. Los agravios ya tienen cinco años: ministerios arrebatados, empresas públicas que no consiguieron, dimes y diretes al presi... Miguel Ángel Cortés puede ser la primera víctima.

¿Y cuando falte Aznar?

La chistera de Aznar

Todos colaboraron con FAES. Todos obtuvieron premio. Algunos ejemplos:

-Borja Adsuara (año 2000: director para la Sociedad de la Información); Esperanza Aguirre ( 1996: ministra Educación; 2000: presidenta del Senado); Ramón Aguirre (2000: presidente del ICO); Carlos Aragonés (1996: director del gabinete del Presidente); Fernando Becker (1996: presidente del ICO); Miguel Blesa (1996: presidente de Cajamadrid); Pío Cabanillas (1998: director de RTVE. 2000: ministro Portavoz); Francisco Camps (1996: secretario de Estado de Administraciones Territoriales); Borja Cardelús (1996: secretario de Medio Ambiente); Pilar del Castillo (1996: directora del CIS. 2000: ministra de Educación); Miguel Ángel Cortés (1996: Secretario de Estado de Cultura. 2000: Secretario de Estado de Cooperación); Juan Costa (1996: Secretario de Estado de Hacienda; 2000: secretario de Estado de Comercio); Luis Alberto de Cuenca (1996: director de la Biblioteca Nacional; 2000: secretario de Estado de Cultura); Eugenio Domingo Solans (1998: vocal del BCE); Gabriel Elorriaga (1996: subdirector del gabinete del Presidente. 2000: secretario de Organización Territorial); Juan Fernández-Armesto (1996: presidente de la CNMV); José Folgado (1996: secretario de Estado de Presupuestos. 2000: secretario de Estado de Economía); Enrique Giménez-Reyna (1996: director de Tributos; 2000: secretario de Estado de Hacienda); Miguel Ángel Gozalo: (1996 presidente de EFE); Pedro Antonio Martín Marín (1996: Secretario de Estado para el Deporte; 1998: Secretario de Comunicación. 2000: presidente de Hispasat); José María Michavila (1996: secretario de Estado de Relaciones con las Cortes; 2000: Secretario de Estado de Justicia); Cristobal Montoro (1996: secretario de Estado de Economía; 2000: ministro de Hacienda); Arturo Moreno (adjunto al presidente de Telefónica Media); Eugenio Nasarre (1996: Secretario general de Educación. 1998: director del departamento de Análisis del Presidente); Pedro Pérez (1997: presidente de Vía Digital); Elena Pisonero (1998: secretaria de Estado de Comercio; 2000: embajadora ante la OCDE); Manuel Pizarro (1998: presidente de la CECA); Alfredo Rodríguez Lafuente (1999: Director del Instituto Cervantes); Alfredo Tímermans (1996: director de Asuntos Institucionales del Gabinete. 2000: subdirector del Gabinete del Presidente); Baudilio Tomé (1998: director de la Oficina del Presupuesto. 2000: Secretario de Telecomunicaciones); Francisco Utrera (2000: secretario de Comercio Exterior); Juan Villalonga (1996: presidente de Telefónica).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de febrero de 2001

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