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México desconfía del plan de Estados Unidos para acelerar el libre comercio en toda América

La actitud de México supone un notable contratiempo para Washington, que hasta ahora sólo había contado con la oposición más o menos declarada de Brasil, irritado por lo que considera una injerencia de EE UU en América Latina y un intento de debilitar, consciente o inconscientemente, el Mercosur. Se trata también del primer enfrentamiento en política exterior de ambas Administraciones (Bush y Fox), más allá de la tradicional desavenencia sobre Cuba.

Sin contar con el respaldo explícito de los dos gigantes latinoamericanos, Brasil y México, EE UU dispone de escasas posibilidades de sacar adelante la iniciativa en los plazos y formas que desea. Prueba de que México es consciente del respaldo decisivo que supone para el presidente brasileño, Fenando Henrique Cardoso, es que varios ministros mexicanos están cerrando los detalles para un viaje oficial a Brasil, a principios de febrero.

La diplomacia mexicana trabajaba ayer en Davos para cerrar los últimos flecos de esta visita, a la que acudirían el canciller, Jorge G. Castañeda, y probablemente el responsable de Economía, Luis Ernesto Derbez, según las fuentes consultadas. Esta reunión de Brasil y México se dará con toda probabilidad antes de la visita que el 16 de febrero Bush realizará a Fox en su rancho de Guanajuato, y también antes del viaje del nuevo presidente estadounidense a una reunión multilateral en Quebec, en abril, precisamente para impulsar el ALCA.

La Secretaría (Ministerio) de Relaciones Exteriores es plenamente consciente de la irritación que la decisión de no apoyar activamente el adelanto del ALCA, en principio previsto para 2005, puede desatar en Washington, pero se muestra dispuesta a asumir el riesgo de una política comercial autónoma.

Pacto con Bruselas

Ése es, precisamente, el objetivo del reciente acuerdo de libre comercio firmado entre México y la Unión Europea, que fue impulsado en su día por el último Gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el de Ernesto Zedillo, pero al que Fox pretende imprimir un carácter especial en su política exterior. Zedillo negoció con intensidad un pacto con Bruselas para poder diversificar sus exportaciones, la mayoría de las cuales (alrededor de un 70%) iba a EE UU, lo que limitaba sobremanera la capacidad de maniobra diplomática de México, además de ligar de forma demasiado estrecha su economía a los avatares de una recesión en su vecino del norte.

Así lo dejó claro ayer Fox en su intervención ante decenas de políticos y hombres de negocios en el Foro Económico Mundial en Davos. Tras afirmar que el nuevo Gobierno de México iba a respetar todos los acuerdos firmados (en alusión al Tratado de Libre Comercio, TLC, con EE UU y Canadá), aseguró que defendería 'vigorosamente el reciente acuerdo con la UE'. 'Se trata del acuerdo más ambicioso que la UE ha firmado con un país tercero', dijo Fox a su audiencia, dejando así meridianamente clara la importancia, tanto comercial como política, que otorga a este instrumento privilegiado de relación con Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de enero de 2001

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