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Tribuna:REDEFINIR CATALUÑA

La involución silenciosa PILAR RAHOLA

Hablando Josep Benet de la transición -según explica Alfons Quintà-, afirmaba algo realmente contundente: "Si durante la transición hubiéramos mantenido las posiciones de ahora, no lo habríamos conseguido". Para añadir: "Yo mismo, antiguo soldado republicano, tuve que hacer tratos con oficiales que quizá me habían bombardeado". Es el abc de toda situación conflictiva: dialogar con el enemigo, intentar poner palabras donde palpitan los muertos. Especialmente hay que tener esa intención desde la legalidad, a pesar de que a menudo la violencia no tiene oídos para escuchar a la inteligencia. Regalemos otra frase también rotunda, esta vez de Rabin en plena negociación con Arafat. "Si matan a mi hermano, iré al funeral, lo lloraré, y después de llorarlo volveré a negociar". Ya sé que más de un lector estará esbozando en este momento decenas de diferencias entre las situaciones mentadas y la actual. "No sirve para lo que está pasando", me dirán convencidos. Y es cierto, todo conflicto es distinto, pero todo conflicto tiene un nexo común: hay que conseguir que domine el verbo a la pistola. Sentarse a hablar es, pues, imperativo.Sin embargo, este artículo no tiene la intención de alimentar con más ruido el debate grueso que estamos viviendo. Las posiciones están claras y el momento es oscuro. ¿No es así siempre? A mayor rotundidad de posiciones, a menos matices, mucha más oscuridad. Y de la oscuridad nunca nacen las soluciones, sólo se alimenta el caos. La intención, pues, no es debatir el debate, o los debates del debate, que vamos de retórica en retórica hasta la derrota final. Más allá de la coyuntura de hiel y sangre, que nos tiene el alma hecha un asco, hay que pensar en lo que está ocurriendo por debajo, a donde estamos yendo mientras no vamos a ninguna parte. Democracia. Sacra palabra de nuestras libertades conquistadas, pero no siempre adorada con el pudor estricto de los creyentes. Mucho descreído hay por esos lares de Dios que menta reiteradamente al susodicho y sin embargo ensucia su nombre. De todo lo que está ocurriendo, dolor de muertes inútiles y terribles aparte, lo peor para mí es lo que está ocurriendo con nuestra salud democrática. ¿Que no peligra? Seguro que no peligra en el formato legal. Pero democracias haylas que tienen buenos formatos y pésima salud. Vean ustedes Turquía...

Pongo sobre la mesa algunos aspectos de esa lucecita roja que se ha encendido en mi particular mecanismo de alerta. La actual coyuntura podría estar sentando las bases de una peligrosa y quizá buscada involución. Estos son los términos: pensamiento único, sustitución del discurso por la propaganda, consolidación de un estado de sospecha y creación de un "pensamiento de la represión". Respecto a lo primero, el pensamiento único, cabe decir que existe, que se ha convertido en el catecismo obligatorio que repiten, cual padrenuestro mediático, casi todos los medios y que nada que sea decente cabe fuera de él. Así, practicar ahora la heterodoxia de pensamiento, el eclecticismo, la crítica, nos sitúa de golpe al otro lado de la frontera maniquea que divide la buena o mala posición, la buena o mala opinión. Lo correcto tiene una única gramática, y diferir de esa gramática es caer bajo sospecha. El primer recorte de la cultura democrática es, pues, la obligatoriedad del pensamiento. Un pensamiento único para una única España.

Y de ahí, al estado de sospecha. Todo aquello que no tenga el sello de lo que marca el canon obligatorio adquiere una sospecha casi delictiva. Así nos encontramos con gentes que llevan exilio y represión sobre sus espaldas y que son interpeladas por antiguos fascistas. Que alguien como Fraga, que ha firmado sentencias de muerte, diga que no recibe a Ibarretxe porque es un genocida nos da la medida de la locura en la que estamos instalados. Pero está ocurriendo y ahora cualquiera que se mueva fuera de la foto que el PP ha convertido en la foto oficial tiene que explicarse, enseñar carnets de buen demócrata, hacerse perdonar la osadía. O se está con ellos, o se roza la frontera no democrática. ¡Y que sea un ex camisa azul quien la marque...!

Y de la sospecha a la propaganda, o a la inversa. Creo poder afirmar que, desde que vivimos en este estado de excepción social, casi no existe la información, sino la propaganda. Pura propaganda de manual estalinista. Propaganda en las declaraciones políticas, en los artículos de los políticos, pero también en tantos medios que han aceptado que la propaganda sustituya a la información. Ya sé que es difícil informar cuando hay un atentado; pero señorías, pongan ustedes Radio Nacional, Antena 3, TVE, la COPE, Onda Cero... ¿Desde cuándo los periodistas tienen que hacer de mamporreros del discurso oficial, de pura correa de transmisión? Sin embargo, hay días en que nuestro No-Do de aciaga memoria queda pequeño... Se está predicando y no informando. Se está haciendo proselitismo y no periodismo.

Lo cual nos conduce -¿casualmente?- al "pensamiento de la represión". A través de ese discurso sin fisuras, que fuera de las Cataluñas funciona a ritmo de reloj, se va cuestionando el Estado de derecho. Así, el debate acaba siendo el código penal, la pena de muerte; vayan ustedes a saber si un día de estos no hablamos de estado de excepción -¿es cierto que Aznar ha hecho consultas al respecto?-. Es decir, la salida está en lo represivo, y no en lo político. La salida es la debilidad de la democracia, y no su fortaleza. ¡Qué distorsión perversa y altamente efectiva la que se está produciendo! Y todo ello con la complicidad ciudadana porque previamente se ha trabajado de manera minuciosa el estado de opinión. El autoritarismo, pues, ya no cabalga a caballo, sino a galope desbocado de micrófono.

Contra ETA tenemos que estar todos. Pero algunos hacen trampa y gracias al estar intentan obligarnos a cambiar el ser. Intentan colarnos una democracia de segunda, un permanente estado de excepción social. De ahí al otro estado de excepción no hay tanto... Habrá que estar alerta. Que mientras nos defendemos todos de ETA, algunos tendremos que defendernos, además, de nuestros vecinos de manifestación. Tiempo al tiempo.

Pilar Rahola es escritora y periodista. pilarrahola@hotmail.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de diciembre de 2000