Cartas al director
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La dimisión del obispo Sanus

Era de esperar. Era de esperar que un obispo como Dios manda tendría que acabar dimitiendo.Era de esperar que su hombría de bien, su talante abierto, su capacidad de escuchar, su sensibilidad hacia la lengua del país y su talla de intelectual..., no encajara en las estructuras frías, rígidas, egocéntricas, insensibles y oscuras de una Iglesia cada vez más alejada del pueblo fiel.Don Rafael Sanus ha sido víctima de su propio valor porque, además, no aspiraba a los honores de los cargos, ni trataba de medrar.

Sólo quería trabajar para hacer creíble el mensaje de Jesús, entre su gente.

A pesar de todo el sacrificio no resultará inútil, pues los cristianos valencianos no olvidaremos fácilmente su testimonio. Y eso es lo que cuenta.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 21 de noviembre de 2000.

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