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Entrevista:CHRISTIAN ZACHARIASPIANISTA

"El virtuosismo y la profundidad no tienen por qué oponerse"

El pianista alemán Christian Zacharias, de 50 años, obtuvo el reconocimiento mundial tras triunfar en el concurso de Ginebra, en 1969, y en el concurso Van Cliburn, en 1973. Dos años después ganó el primer premio del concurso Ravel de París y su carrera alcanzó proyección internacional. Ha grabado unos 40 discos desde el primero, en 1976, con especial predilección por obras de Scarlatti, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann y Maurice Ravel.Hoy ofrecerá un concierto en la Sociedad Filarmónica de Bilbao junto al Cuarteto Leipzig en el que interpretarán obras de Haydn, Mozart y Schubert. Recientemente ha sido nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Lausana. Amante del arte contemporáneo, es un devoto admirador de la obra del escultor Eduardo Chillida.

Pregunta. ¿De dónde parte su buena sintonía con Bilbao?

Respuesta. De los 22 años que hace que vengo a la Filarmónica y colaboro con su presidente Asís Aznar.

P. ¿Por su condición de alemán le van más los compositores de raíz germana?

R. Los que toqué el sábado pasado no son compositores alemanes, puesto que uno es español, Antonio Soler; otro italiano, Domenico Scarlatti, y Maurice Ravel, que es francés.

P. Lo digo en términos más generales, por su dedicación destacada hacia Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann,...

R. Sí, pero me he metido en muchas ocasiones con Scarlatti, con Ravel y otros [compositores] no alemanes.

P. ¿Schubert es un Beethoven más feliz?

R. No. Schubert no es feliz casi nunca.

P. ¿Realizar integrales sobre un compositor determinado supone poder llegar hasta su fondo, además de ser un modo de vivir en él?

R. Sí, sí, sin duda.

P. ¿Christian Zacharias es un antivirtuoso porque desea ser profundo?

R. Cuando hacemos Ravel y Scarlatti, se trata de conseguir un virtuosismo, pero con espíritu. Hay que decir que las cosas más profundas de Beethoven, por ejemplo, las Variaciones Diabelli, son las más virtuosas. El virtuosismo y la profundidad no tienen por qué oponerse ni chocarse.

P. ¿Qué se pierde y qué se gana en el trasvase de las obras para clave cuando se interpretan en el piano?

R. El clave es más austero.

P. ¿En esos momentos en que el intérprete sintoniza con el compositor es como si los dos se fundieran en una sola persona?

R. Idealmente sí. Pero yo no pienso en Beethoven o en Scarlatti cuando toco la música. Es una partitura. No me importa si el hombre Scarlatti era de tal o cual manera. Por lo tanto, no voy a fundirme con él.

P. ¿Sale mejor una obra cuando se toca frente al público que cuando se toca en la soledad del estudio?

R. Sí, por lo general mejora. Pero hay veces, como le pasaba a Glenn Gould, que él creía tocar mejor en el estudio que frente a un auditorio abarrotado de público.

P. Me refiero a si la responsabilidad pone en tensión la psique y todo el cuerpo hasta conseguir un estado de gracia especial.

R. Lo comprendo, mas yo diría que depende de cada intérprete.

P. ¿En el momento que entra el piano en un concierto con orquesta se crea una gran ansiedad en el pianista?

R. Eso pasa por lo general en la música de los románticos. Siempre es una cosa difícil tener que arrancar. Pasa lo mismo en los recitales. Todo arranque lleva consigo su dosis de ansiedad.

P. ¿Qué quería decir Schubert, cuando argumentaba que no hay música alegre?

R. Ya he dicho que Schubert no es feliz, como no hay un Beethoven feliz. Y Schubert es más triste y melancólico que Mozart.

P. Decía el filósofo alemán Wittgenstein que para él Brahms era con frecuencia un Mendelssohn sin faltas. ¿Lo cree usted también?

R. No puedo estar de acuerdo, porque para mí Mendelssohn es un Mendelssohn sin faltas (ríe).

P. Hablando de tristuras. ¿En Schubert el tono mayor suena con frecuencia más triste que el tono menor?

R. Es verdad. Schubert hace una cosa en tono menor y resulta muy triste, pero cuando mete el tono mayor, entonces aquello revienta de tristeza. Eso empieza ya en Mozart.

P. ¿Se puede descubrir qué compositores componían sólo con el oído interior y cuáles sólo con la pluma?

R. Los mejores siempre componen con el oído interior. La pluma sólo es para transcribir lo que el oído interior dicta.

P. ¿Le queda mucho para alcanzar su máximo?

R. Nunca se acaba de aprender y mejorar. En el momento que se acaba...(gráficamente se pone el dedo en la sien y suelta un disparo imaginario).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de noviembre de 2000