Talento y millones

El automovilismo maneja al menos una injusticia: los méritos deportivos no cuentan si uno no dispone de una fuente generosa de ingresos. Valen tanto los millones en la cuenta como los reflejos al volante. Ahora mismo, Txus Jaio precisa 14 millones de pesetas para disputar la última prueba del Mundial de rallies, el RAC de Inglaterra. Allí se codearía con la élite de la especialidad, también con su padrino Carlos Sainz. Si consigue un patrocinador que cubra parte del presupuesto requerido. Jaio disputó ayer en Lérida la última prueba del campeonato de España de rallies de tierra, un cara o cruz donde se jugaba el título. Su coche reventó; se le escapó el campeonato. El piloto de Markina no se entrena: no dispone de un circuito donde hacerlo y en caso de contar con uno no sabría cómo cubrir los gastos derivados de las pruebas. Suele cuidar el físico con desorden, si halla un hueco después de cerrar su jornada laboral (a las 7.30 de la tarde) y si no acude a clases particulares. "Menos mal que la empresa es de mi padre. De lo contrario no sé cómo viviría", reconoce sonriente. Las cábalas sobre su futuro son sólo eso, cuentas de la lechera: el campeonato de España le hubiera concedido cierta notoriedad rápidamente canjeable por contratos de patrocinio. "Si ganamos y disponemos de dinero sufuciente, podría disputar algunas pruebas del Mundial el año que viene, pero la posibilidad no me quita el sueño. Si no salgo hacia arriba será porque no valgo", señaló Jaio antes de conocer el desenlace del campeonato. Es el único de los pilotos seleccionados por Sainz hace tres años que se mantiene en el equipo. Cuando compite, 15 personas se arremolinan a su alrededor: cinco encargados de prensa, otros tantos mecánicos, un ingeniero y algún delegado del equipo. Después, desaparecen hasta la siguiente cita.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de octubre de 2000.