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Tamudo rompe a llorar antes de pasar la revisión médica en Glasgow

No pudo contener las lágrimas. En su adiós definitivo al Espanyol, a Raúl Tamudo le pudo la emoción. Intentó disimularla, tejer un discurso plagado de optimismo ..., pero cuando se le apeló al recuerdo, Tamudo estalló. Mudó su rostro y apenas si pudo articular palabra. El llanto del ex españolista zanjó su encuentro con los escasos periodistas que, en la mañana de ayer, buscaron su despedida en el aeropuerto del Prat. Cabizbajo, pendiente de su móvil, esperó, con rostro triste, su avión. Un jet privado, fletado por el Rangers, esperaba a Tamudo para volar a Glasgow y pasar la revisión médica.La tristeza contenida de su marcha reflejaba el dolor de una larga y forzada despedida. Hace más de un mes que se especulaba con su adiós. Las primeras noticias llegaron durante el verano, cuando el Glasgow Rangers hizo su primera tentativa. El club escocés se mostró dispuesto a pagar los 3.000 millones de pesetas de la claúsula de rescisión; además, 250 millones de pesetas y un contrato de cinco años para el jugador. Entonces, Tamudo rechazó la oferta y viajó a Sydney donde fue medalla de plata con la selección.

Su regreso y el inicio de la Liga renovaron la especulación. Después, la deuda millonaria del Espanyol la fundamentó. En su asamblea general, el club blanquiazul reveló que arrastraba un déficit de más de 5.000 millones y optó por la venta de jugadores como solución. La apuesta más rentable y segura: Raúl Tamudo, un canterano por el que el Glasgow Rangers pagaba 3.000 millones.

Pero a Tamudo no le convencía la oferta. Hasta que el Espanyol, con su presión, casi le forzó. Tras casi un mes de indecisiones, el jueves el ariete dio el sí al Glasglow Rangers, que abonará un tercio de los 3.000 millones de pesetas al contado y el resto a plazos. El jugador recibirá, además, unos 450 millones de comisión por su traspaso, el más caro del fútbol escocés. "Me voy contento porque es una oportunidad nueva para mi y espero que todo me vaya muy bien", dijo ayer Tamudo. Luego rompió a llorar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de octubre de 2000