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Cartas al director

El miedo de ser vasco

Tras la última ola de atentados protagonizada por ETA, un sentimiento de miedo recorre todo mi cuerpo. Por eso debo de agradecer a las personas con las que he coincidido estos días un sentimiento compartido de tristeza, y no de rencor o de desprecio por ser nacido en Euskadi. He compartido los mismos sentimientos de rechazo al terrorismo, pero a veces al ser vasco (sea por identidad propia o por vivir aquí) no puedo sino pensar que otros me achacarán los rencores hacia la banda terrorista ETA, como si de algún modo yo y todos los hombres y mujeres de esta comunidad autónoma estuviéramos directamente implicados en estos crímenes de unos pocos.He cursado estudios de verano en El Escorial y en Laredo, he conocido a muchas personas de distintas localidades de la Península, del propio Madrid, de Santander, de Zaragoza, Granada o Córdoba, y todos ellos me han preguntado sobre ETA y sobre la situación en Euskadi. Muchos tienen miedo de pisar este suelo, de pensar que una vez llegados a Bilbao, a Donostia uno va a sentirse en estado de sitio, como su fuera el Ulster, con el ejército en las calles y barricadas y muros de cemento y alambradas.

Pero así todo, esta carta es un agradecimiento a todas estas personas, a Lourdes, a Ana, a Andrés, a María, a Nacho, a Cristina, a Fernando, a María José, a Raúl, quienes supieron darme su cariño, su comprensión y su respeto. A todos nos une el amor a la vida y el rechazo a este drama humano. Pero además también estuve reflexionando mientras dejaba de sentirme un extraño entre iguales, porque en un cursillo sobre la guerra civil española estuvimos de visita en el Valle de los Caídos, representación del mito de la victoria franquista. Allí quise creer que, de igual modo que el Valle de los Caídos fue un monumento a la locura humana, no volveríamos a levantar un nuevo monumento como altar a los horrores de la vida, a los falsos héroes que matan y son muertos en acciones violentas, a los falsos ídolos de la bandera y los iconos de una supuesta libertad bañados en sangre.- Igor Barrenetxea Marañón. Bilbao.

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