El juez exculpa al sospechoso de descuartizar a una mujer china

La investigación judicial no ha podido aclarar uno de los crímenes más horribles registrados en Madrid en la última década. Una ciudadana china, Mao Lizhou, fue asesinada y descuartizada en 1994. Las dos partes en que fue seccionado su cuerpo fueron enviadas en valijas a Irún y a Portugal. Mao Lizhou hacía negocio prestando dinero a un alto interés a sus compatriotas. Un cocinero, principal sospechoso del asesinato, ha sufrido dos años de cárcel y sale ahora en libertad por decisión judicial.

Facturadas en Madrid

El caso de la ciudadana china cuyo cuerpo fue seccionado en en dos en 1994 y enviadas ambas partes en sendas valijas a Irún y Lisboa ha sido sobreseído por los tribunales de justicia, lo que le convierte en un nuevo crimen sin resolver.El único sospechoso de este asesinato, un cocinero chino cuyas iniciales son M. L., de 40 años, ha quedado en libertad tras cumplir casi dos años de cárcel.

Todas las sospechas que existían contra él y por las que sufrió prisión se han desvanecido como humo en el aire. Ante estas evidencias y la falta de pruebas, el Juzgado de Instrucción 38 de Madrid ha decidido sobreseer el caso.

El juez entiende que no hay pruebas sólidas contra el sospechoso, que ha sido defendido por el letrado Luis Ignacio Parra Muniesa.

La ciudadana china asesinada se llamaba Mao Lizhou, tenía 32 años y se dedicaba a los préstamos. Su negocio tenía como centro de actividad principal los alrededores del Casino Gran Madrid, entre otros lugares de juego y apuestas.

Sus clientes, según la investigación policial, eran de nacionalidad china. La mujer prestaba dinero exclusivamente a compatriotas suyos y a un altísimo interés diario. Según las investigaciones, Mao Lizhou cobraba hasta el 10% por el dinero que prestaba.

El crimen se descubrió el 23 de abril de 1994. La Guardia Civil abrió en Irún (Guipúzcoa) una maleta abandonada en el tren Puerta del Sol. Levantó la tapa y se encontró con la mitad superior del cuerpo de una ciudadana cuyo aspecto apuntaba a que se trataba de una mujer china.

Un mes después del hallazgo, en la estación de autobuses de Lisboa, la policía portuguesa descubría otra valija sospechosa. En su interior reposaba la mitad inferior de la misma mujer. Ambas maletas habían sido facturadas en Madrid. El criminal, según la reconstrucción del asesinato que hizo la policía, le había asestado 23 puñaladas con una navaja pequeña. Luego la había descuartizado.La policía detuvo al cocinero chino porque sabía que había estado algunas veces en el casino y recibido un préstamo de la víctima.

La hipótesis de los investigadores que se encargaron del caso apuntaba a un crimen mafioso, un aviso de la organización china para que nadie se inmiscuyese en uno de sus feudos: el negocio de los préstamos de dinero.

El sospechoso, ahora exculpado, cargaba con una biografía oscura. Poco sabía la policía de él, salvo que, tras abandonar un restaurante chino en Sevilla, había empezado a trabajar en Madrid de cocinero. Presumiblemente, en la capital de España fue donde entró en contacto con la prestamista Mao Lizhou.

Algunos testimonios indican que la mujer le prestó dinero para jugar en el casino y que la deuda acumulada por el cocinero con Mao Lizhou rondaba las 100.000 pesetas.

Después del crimen, el sospechoso se marchó a Francia. Una orden de búsqueda y captura internacional salió a su encuentro.

Los restos de la víctima fueron enterrados en el cementerio de Irún en presencia de una pequeña representación familiar. La identificación del cadáver corrió a cargo del marido de Mao Lizhou, Boguang Chen.

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