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Tribuna:Sydney 2000 GIMNASIAEL ANÁLISIS

Alto potencial

La complejidad motriz y la búsqueda del virtuosismo generan instantes de irrepetible belleza en la prueba del salto, una de las especialidades gimnásticas que requiere más control y dominio del espacio para dibujar en el aire formas de espectacular simetría que deben terminar en un aterrizaje perfecto.De las 124 gimnastas participantes sólo ocho podían estar en la final y entre ellas había dos españolas: Esther Moya y Laura Martínez. Este dato nos da una idea del alto potencial que hemos alcanzado en la gimnasia de alto nivel. Hace años era impensable pensar que una española pudiera optar a las más altas cotas en este deporte tan complejo.

Moya tenía muchas opciones de éxito al partir con la mejor nota de clasificación y con un salto nuevo en el código, pero un mal talonamiento en la carrera del segundo hizo que llegase tarde al trampolín, no pudiera botar adecuadamente y le faltase el vuelo de entrada.

A su vez, Martínez merece un sobresaliente por su gran actuación y por cómo ha aguantado la presión de salir la última.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 2000