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CARTAS AL DIRECTOR

Salud mental

Me gustaría escribir sobre temas de ocio, deportes,..., incluso sobre temas de los llamados del corazón y hacer algún chiste, aunque sea malo. Pero, desgraciadamente, y como tantas mujeres, sigo al cuidado de mi hija enferma de esquizofrenia, no atendida adecuadamente por el SAS y viéndola con dolor profundo deteriorarse y padeciendo, además, de infelicidad y olvido. Es tan cruel esta realidad que prisionera como estoy a su lado y viendo a famosos, políticos y realeza, un verano más, disfrutando de forma distendida las vacaciones veraniegas, se me ha ocurrido pensar si los españoles, y sobre todo los andaluces, somos conscientes de nuestra realidad social y capaces de discernir si es bueno que confiemos en los políticos y las instituciones como lo estamos haciendo. Siempre me ha indignado la mentira, incluso cuando venía de mi madre al querer conformarme cuando era niña. Siempre he preferido la verdad a cualquier edad y en cualquier circunstancia. Y pienso que todas las personas tenemos la obligación de manifestar nuestra denuncia ante las injusticias que padecen los indefensos y débiles. En el tema de la salud mental hace falta que los especialistas hagan como los de oncología y cardiología, y, por supuesto, que los políticos expliquen con claridad sus proyectos y que cumplan lo que dicen y nos hablen honestamente de la marcha de la Reforma Psiquiátrica que debió finalizar en 1990. El año pasado por estas fechas se nos prometió que la comunidad terapéutica del hospital Marítimo estaría terminada para finales de 1999. A estas alturas tenemos el mismo estribillo. El partido que nos gobierna está aletargado y los de la oposición poco ocurrentes para poner al Gobierno andaluz en la picota. Quizá piensen que si ellos ocuparan el sillón harían lo mismo. Valga este granito de arena por mis queridísimos enfermos mentales que el próximo día 10 de octubre celebran el Día Mundial del Enfermo Mental.- Isabel Caparrós Martínez. Málaga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 2000