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FÚTBOL Liga de Campeones

El Deportivo vence a la alemana

Agónica victoria de los gallegos frente al Hamburgo con el gol decisivo en tiempo de prolongación

Xosé Hermida

El fútbol alemán ha entrado en tal proceso de decadencia que hasta ha perdido la vieja protección de los dioses. Los alemanes eran esos equipos que, escondidos durante todo el partido, aparecían en el último minuto para llevarse el botín por el que sus adversarios habían pugnado sin desmayo. Pero el fútbol alemán ya no es lo que era, y anoche el Hamburgo probó su propia medicina: en el tiempo suplementario, con el Deportivo desesperadamente volcado sobre la meta germana, apareció el argentino Scaloni y dio la vuelta a la tradición. Como hace una semana en Atenas, el campeón español esperó hasta el momento final para salvar el cuello.Ni Riazor se llenó ni el partido respondió a esas promesas de espectáculo pregonadas por el aparato propagandístico de un torneo en el que la desproporción entre el ruido y las nueces resulta evidente para cualquiera que no se deje embobar por el ingenio publicitario. Hasta el gol de Pandiani, ya con el árbitro a punto de convocar al descanso, el partido fue más bien tedioso. La pelota se trabó en el centro del campo, el juego quedó completamente deslavazado y los dos equipos derrocharon mucho sudor y poco fútbol.

DEPORTIVO 2 HAMBURGO 1

Deportivo: Molina; Manuel Pablo, Donato, Naybet, Romero; Víctor (Scaloni m. 82), Emerson (Valerón m. 58), Mauro Silva, Fran; Pandiani y Diego Tristán (Turu Flores m. 66).Hamburgo: Butt; Panadic, Hoogma, Hertzsch; Tofting, Kovac, Barbarez (Fischer m. 89), Hollerbach; Mahdavikia, Yeboah (Cardoso m. 46) y Ketelaer (Praeger m. 46). Goles: 1-0. M. 45. Falta a 30 metros de la portería alemana que lanza Donato fuerte y raso, el portero alemán rechaza en corto y Pandiani, muy atento, marca. 1-1. M. 52. Mal despeje de Naybet que corta Mahdavika, cuyo centro remata Barbarez. 2-1. M. 90. Scaloni recoge un rechace en el área y marca de un duro tiro cruzado. Árbitro: Dick Jol (Holanda). Amonestó a Fran, Scaloni, Panadic, Hollerbarch y Hoogma. Unos 25.000 espectadores en Riazor. Segunda jornada de la Liga de Campeones.

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Un estreno desangelado

El Hamburgo resultó bastante menos frágil en defensa de lo que se esperaba, sobre todo a la vista de sus últimos resultados. En teoría, el conjunto alemán presentaba un sistema muy ofensivo, con sólo tres defensas y dos extremos pegados a la banda para surtir a la imponente mole humana de Yeboah, el trotamundos ghanés que ocupa la punta de ataque del Hamburgo. Pero, en la práctica, los alemanes jugaron más pendientes de arroparse y cerrar espacios al contrario que de buscar la portería de Molina. Dio toda la impresión de que el Hamburgo se marcharía más contento que unas pascuas si lograba pescar un empatito en Riazor.

Javier Irureta volvió a prescindir de Valerón y situó a Pandiani junto a Tristán en el ataque. Una apuesta por un fútbol directo y contundente ante un rival que suele emplear la misma fórmula. La idea de Irureta aporta más soluciones en ataque a costa de plantear un problema: el equipo se queda sin volante de enganche y se abre un abismo entre el centro del campo y la delantera.

Con todo el conjunto alemán agrupado en torno al círculo central, el Deportivo quedó aprisionado, sin espacio vital para pensar, víctima de la claustrofobia que le causaba la presión del adversario. Como los alemanes tampoco estaban por embarcarse en grandes aventuras, el partido quedó reducido a una pugna anodina detrás del balón sin que nadie fuese capaz de encadenar más de tres pases. Un remate de Pandiani de espaldas a la portería fue la única amenaza seria que presentó al Deportivo al guardameta alemán.

Pero si una virtud tiene el Deportivo es su capacidad para aprovecharse de la mínima concesión del rival. Con el tiempo de la primera parte ya casi agotado, Donato lanzó una falta desde 30 metros con tal dureza que el portero no pudo agarrar la pelota y Pandiani, más que atento que nadie, acudió al rechace para convertir el gol. Curioso caso el de este Pandiani, un uruguayo fichado al Peñarol. Aparte de su combatividad, no parece atesorar ninguna otra cualidad especial, pero últimamente siempre ha resultado decisivo: contra el Athletic le hicieron un penalti y marcó un gol, frente al Panathinaikos griego sirvió el empate a Naybet y anoche abrió el marcador cuando el equipo parecía haberse quedado vacío de recursos.

El gol era un tesoro, sobre todo tras haber visto el desarrollo de la primera parte, pero el Deportivo apenas tuvo tiempo a administrarlo porque su defensa se derritió al poco de la reanudación. Naybet, el héroe de Atenas, se complicó con un despeje innecesario ante la presión alemana y la pelota acabó en el bosnio Barbarez, un goleador en racha, que agradeció la deferencia.

Puesto contra las cuerdas y con media hora por delante, Irureta se encomendó a Valerón, lo que suponía también una apuesta por otro tipo de juego. Valerón bajó la pelota al suelo, distribuyó en el centro del campo y el Deportivo compuso al fin un fútbol más elaborado. Toque a toque, el campeón español fue empujando hacia al área a su adversario, que sufrió mucho más que en la primera parte. Pero, desmintiendo los informes previos, la defensa del Hamburgo no se descompuso y pareció aguantar con oficio hasta el final. No contaban los alemanes con el indomable carácter de Scaloni, que apareció en el tiempo suplementario para golpear un balón con furia sobrehumana y salvar a su equipo de una situación muy comprometida.

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Sobre la firma

Xosé Hermida
Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.

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