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CARTAS AL DIRECTOR

Yo fui uno de esos jóvenes

Yo fui uno de esos jóvenes a los que Felipe González hace mención en su artículo publicado en EL PAÍS el día 7 de agosto. Uno de esos jóvenes que, con la maleta atada con cuerdas, cogió el tren en Burgos hasta París y París-Basilea (Suiza). El día 3 de marzo cumplí 30 años de emigrante. No quiero relatar estos 30 años, pero le aseguro que no han sido un "camino de rosas".El motivo porque me he decidido hacerle una pequeña réplica ha sido porque al leer su carta me ha llamado la atención en particular el viva de sus negociaciones y tratemos a los inmigrantes como quisiéramos que trataran a nuestros emigrantes.

En estos 30 años me habré sentido marginado directamente varias veces, pero cuando peor me he sentido ha sido cuando me han marginado indirectamente. Me explico: cuando convives con emigrantes de otro país, concretamente de Italia, y ves que ellos tienen más facilidades que tú; yo, particularmente, me siento marginado. Le pongo varios ejemplos que entran en el ciclo cuando usted era presidente del Gobierno.

Ellos disponían de bonos para cuando iban de vacaciones poder adquirir la gasolina más barata. Si compraban un piso, el tipo de interés de la hipoteca era más barato, para nosotros hoy día sigue siendo todo lo contrario. Son más caras por el hecho de no ser residentes, o sea, que entramos en el bombo de los extranjeros. Podían coger la residencia permanente aquí en Suiza a partir de los cinco años, mientras que nosotros no podíamos hacerlo hasta los diez. Han dispuesto siempre de un consulado; a nosotros, sin embargo, nos lo cerraron cuando usted tenía como ministro de Exteriores al señor Solana. Motivo, recortar gastos en el ministerio. Casualidad, ¿verdad señor González? "Que lo tenga que pagar el emigrante". En definitiva, pequeños detalles que para un emigrante resultan muy grandes.

Pero, sea cual sea el motivo de su carta, me parece un disparate que critique al Gobierno, puesto que pienso que usted no lo ha hecho mejor y, por tanto, está tirando piedras a su propio tejado.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de agosto de 2000