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Entrevista:ENRIQUE R. SANTANAPINTOR

"La pintura no arrastra masas"

Enrique Romero Santana, pintor onubense de 52 años, marchó en 1990 a Estados Unidos para pasar un año sabático y allí se ha quedado a vivir. Hasta el 31 de agosto tiene abierta una exposición antológica de su obra en el Teatro Municipal de Lepe (Huelva), su localidad natal. Dicen que Santana parece reivindicar en su pintura el lema de Novalis: "Otorgar a lo cotidiano la dignidad de lo desconocido".

Pregunta. Ha triunfado con su arte en Estados Unidos, ¿por qué no es tan famoso como Antonio Banderas?

Respuesta. Entre otras cosas porque yo no he regresado a España de la mano de Melanie Griffith, aunque sí he vuelto con una exposición. La pintura no arrastra a las masas, pero sí gusta a mucha gente.

P. ¿Es realmente Estados Unidos el país de las oportunidades?

R. Para mucha gente sí. Allí se adelanta mucho camino en un gran número de carreras profesionales.

P. ¿Le gusta que se haya escrito que "el pintor de Chicago es de Lepe"?

R. Parece una adivinanza pero me resultó muy divertido. Lo escribió un crítico de arte catalán.

P. ¿Qué aprendió de Antonio López, uno de sus maestros?

R. Antes de conocerlo, me tomaba menos en serio la pintura. Hice con él un curso en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y aprendí a sentir más el arte. No me enseñó nada sobre pinceladas pero sí sobre el sentimiento. Decía: "La pintura es una experiencia personal".

P. Hay quien asegura que sus cuadros transmiten soledad.

R. No creo, pero el espectador se proyecta a sí mismo en lo que está viendo. Unos verán soledad y otros un universo trascendente, de poesía e incluso acogedor.

P. Usted pinta edificios y paisajes, pero casi sin figuras humanas, ¿por qué motivo?

R. Me interesa la arquitectura en las ciudades o la atmósfera que hay encima del mar. Cuando pintas una imagen de la ciudad fuera de su contexto habitual, sin coches y sin gente, adopta una dimensión mucho más trascendente de la que presenta a diario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 2000