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35º CONGRESO DEL PSOE

Zapatero gana a Bono por sólo 9 votos

El discurso del nuevo líder del PSOE logró incrementar apoyos con guerristas y partidarios de Díez

El cambio generacional ha llegado al PSOE. José Luis Rodríguez Zapatero, diputado por León desde 1986, cumplirá 40 años el 4 de agosto. Ganó ayer por la mínima, por sólo nueve votos, la secretaría general del partido. Su optimista discurso fue una muestra de cómo ver en positivo la grave crisis que atraviesan los socialistas. Hizo que cambiaran de bando un puñado de votos guerristas y de partidarios de Rosa Díez y se ha convertido en el nuevo líder del PSOE. Zapatero propugna el "cambio tranquilo", dar "un baño de modernidad" al partido e integrar a todos para lograr "una España plural, más laica, más solidaria y más justa". Hoy, cuando se vote la nueva dirección, pasará su primer examen.

Los 995 delegados acreditados en el 35º congreso del PSOE optaron ayer, en representación de los 350.000 militantes del partido, por el "cambio tranquilo" propugnado por José Luis Rodríguez Zapatero, de 39 años, licenciado en Derecho, casado y con dos hijas (de 6 y 4 años), quien ha sido aupado a la secretaría general con el 41,69% de los votos, sólo nueve décimas y nueve votos más que los logrados por José Bono. La elección de Zapatero será ratificada hoy, al igual que la nueva ejecutiva -de integración y consenso-, por el pleno de la asamblea.Sólo nueve votos sacó de ventaja Rodríguez Zapatero, en votación individual y secreta, al presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, que partía como favorito. A gran distancia de ambos se quedaron las otras dos candidatas, Matilde Fernández y Rosa Díez, cuyos eventuales apoyos se dirigieron en gran medida hacia Zapatero. El diputado leonés obtuvo 414 votos; es decir, el apoyo del 41,69% de los delegados, mientras que Bono fue respaldado por 405 delegados, el 40,79%. Fernández registró el aval de 109 compromisarios, el 10,98%, y Díez se quedó con el 6,55%, traducido en 65 papeletas con su nombre. Votaron todos los delegados, y sólo dos de ellos lo hicieron en blanco. No hubo ningún voto nulo.

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La mayoría de los barones territoriales, al conocer el resultado, suspiraron de alivio por su propia decisión de no hacer campaña activa a favor de ninguno de los cuatro candidatos, persuadidos de que en el PSOE las consignas de los dirigentes suelen surtir un efecto contrario al deseado.

No hubo directrices públicas o pronunciamientos claros en este largo proceso de búsqueda de un nuevo secretario general -tras la renuncia, el 12 de marzo, de Joaquín Almunia- salvo algunas excepciones. Los dirigentes provinciales y regionales se resistieron a hacer pública su opción al comprobar que, a medida que pasaban los días, el acercamiento en apoyos de los dos candidatos mayoritarios, José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero, era cada vez más estrecho. "¿Habrá que salir ya de la clandestinidad?", inquiría la noche del viernes un dirigente andaluz proclive a Bono.

Esa misma madrugada se reunían los ocho secretarios provinciales de la potente federación andaluza, con Manuel Chaves presente. Se dijeron unos a otros sus preferencias: cinco se decantaron por Bono y tres por Rodríguez Zapatero. Pero eran los dirigentes, no los delegados.

Ya en las urnas, entre el 60% y el 65% de los delegados andaluces apoyaron a Bono; el resto dirigió su voto hacia el diputado leonés. La presión de todas las federaciones socialistas hacia Manuel Chaves para que hiciera una indicación personal antes de que se consumara la votación acabó por vencerle. Chaves fue presidente de la gestora del partido durante los últimos cuatro meses y es el líder de la federación más numerosa:Andalucía cuenta con un total de 287 delegados. Pero su indicación no fue pública ni universal. Con moderación, explicó en aquella reunión restringida de la noche del viernes entre secretarios andaluces las razones por las cuales él se inclinaba hacia José Bono.

Pero ya nadie controla el 100% de sus delegaciones. Ésta era la frase más repetida ayer, pasadas las cuatro y media de la tarde, por los dirigentes provinciales y regionales, cuando las urnas acababan de otorgar a Zapatero 414 papeletas, nueve más que a Bono. Todos ellos, con la mejor de sus sonrisas y aparentando que, en absoluto, habían querido influir en los delegados, quienes durante tres meses habían escuchado de los cuatro aspirantes a la secretaría general que el futuro del partido estaba en manos de ellos, de los 998 delegados -finalmente tres no llegaron a acreditarse- y no en manos de los barones.

"Se lo han creído y han ejercido su responsabilidad", decía un alcalde mientras comunicaba a un corrillo de invitados los resultados de la votación que acababa de hacerse pública. "Nueve votos a favor de José Luis", decía un representante palentino. Ahí empezaron los abrazos y los apretones de entusiasmo de los seguidores del político leonés, mientras que en la delegación de Castilla-La Mancha cundía cierta desolación, encajada con tristes sonrisas, sobre todo en los más cercanos a Bono. Fue el caso de su vicepresidente, José María Barreda, y la esposa de éste, la diputada Clementina Díez de Baldeón.

El plenario, puesto en pie, prorrumpió en un prolongadísimo aplauso a los cuatro candidatos, que se fueron abrazando con evidente emoción. Todos habían jugado a ganar, pero cuando se conocieron los resultados no hubo ni muecas de acritud ni descalificaciones, porque no había animadversión entre ninguno de ellos, sino más bien cierta simpatía personal.

Otra cosa es la política, y para ganar cada uno ha utilizado sus propias armas.

El entusiasta y optimista discurso de Rodríguez Zapatero durante media hora justa, el tiempo previsto en el reglamento, y su expreso llamamiento a los delegados para que le ayudaran a enterrar la lucha entre familias y sectores y a confeccionar una ejecutiva integradora, en la que él contaría con todo el mundo sin mirar etiquetas, fueron interpretados de inmediato como un guiño al sector guerrista. Los partidarios de José Bono comentaban luego, a la vista del resultado de la votación, que Zapatero había logrado su objetivo. "Ha habido deslizamientos evidentes de apoyos a Zapatero provenientes del grupo guerrista", decía un delegado madrileño con los datos en la mano.

Matilde Fernández obtuvo 109 votos, cuando las previsiones más conservadoras le atribuían 160. Todas esas papeletas sólo han podido ir a la candidatura de Zapatero, según reconocían dirigentes guerristas que aseguraban haber sido fieles, ellos sí, a Matilde Fernández. "Ha funcionado el voto útil", declaró con evidente tristeza esta candidata, que persistía en la defensa del sistema de votación de dos vueltas.

No hay ningún misterio en que los impulsores de la votación a una sola vuelta buscaban precisamente este procedimiento para forzar el voto útil; aunque es verdad que pensaban que ese voto útil se iba a dirigir más hacia José Bono.

No fue así. Representantes de la corriente Izquierda Socialista reconocieron que algunos de los suyos habían apoyado a Zapatero en vez de a Matilde Fernández, y otro tanto hicieron la mayoría de los representantes de Iniciativa para el Cambio. Entre los guerristas que habrían votado a Zapatero se encontrarían mayoritariamente los de Extremadura y Asturias.

"Luchar también contra Alfonso Guerra en este congreso es ya demasiado", se quejaban con cierta amargura partidarios de Bono. Los guerristas, sin embargo, aseguraban que no habían dado ninguna consigna para deslizar ese voto. Así se había acordado en las diferentes reuniones, por federaciones, que celebraron antes del congreso. Eso sí, en el análisis de los distintos escenarios que se hizo en aquellos encuentros se repetía que seguramente con Bono les iría peor que con Zapatero.

Dirigentes partidarios del presidente de Castilla-La Mancha optaban anoche por posponer una posible denuncia, más fundada, respecto a los hipotéticos acuerdos entre guerristas y Rodríguez Zapatero hasta conocer esta mañana la composición de la nueva ejecutiva y calibrar el peso logrado por los guerristas en esa nueva dirección del PSOE. Mientras tanto, los interlocutores de la candidatura perdedora se limitaban a informar de reuniones celebradas días atrás entre personas del entorno de Zapatero y de Guerra.

Señalaban, por ejemplo, al diputado gallego José Blanco, en nombre del nuevo secretario general, y a Rafael Delgado, mano derecha de Guerra. Los dos lados admiten la existencia de esas conversaciones en días pasados, pero Blanco citaba ayer otras muchas más para restar importancia a que Delgado fuera guerrista.

Reuniones y encuentros ha habido muchos, y en todas las direcciones. Ayer mismo, los guerristas hablaban también de una entre José Bono y el presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. "Fue muy mal, muy mal", dijo enfáticamente un dirigente del sector guerrista conocedor de aquella cita.

Pero no sólo la fuga de votos ha venido del guerrismo. Cataluña, en un porcentaje muy alto, ha votado al diputado leonés, y también lo hicieron Galicia, la Comunidad Valenciana y Castilla y León. Dirigentes guerristas reconocen que daban por hecho determinado deslizamiento de parte de sus votos hacia Zapatero por el rechazo que desde antiguo los partidarios de Guerra sienten hacia el presidente de Castilla-La Mancha.

Si se atiende a las vehementes afirmaciones del grupo de Zapatero negando compromisos previos con los guerristas, desde luego está claro que no los ha habido con la candidatura de Rosa Díez. Desde cualquier sector se asegura sin titubeos que el apoyo inicial de la eurodiputada se ha ido casi íntegro hacia Zapatero, fundamentalmente tras el discurso pronunciado ayer por el nuevo secretario general. Fueron muchos los que pensaron que las candidaturas de Díez y Zapatero debían ir unidas por cuanto ambas eran percibidas como las representantes del cambio.

Pero entre ambos no hubo siquiera atisbos de acercamiento, como tampoco los hubo entre Bono y Rodríguez Zapatero, pese a que los barones consideraban ese tándem como el adecuado para que el PSOE tuviera las dosis adecuadas de cambio y seguridad. Cualquier pacto hubiera llevado consigo la retirada de alguno de los cuatro candidatos, y todos ellos quisieron ayer someterse a las urnas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de julio de 2000