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TOUR 2000 15ª etapa

Pacto de amistad italo-americano

Juegos florales entre las dos figuras más mediáticas del Tour. El sábado, en la ventosa y fría Briançon, Lance Armstrong, en el papel de líder a la vez abatido por el cansancio, patrón del Tour y misericordioso oficial, lo dijo claro. Claro que no le valía con el regalo del Ventoux, eso era poco. Así que bajando el gigante Izoard no se aguantó las ganas. "Me acerqué a Marco y le dije que me parecía el más fuerte, le confesé que cuando atacó subiendo el Izoard me había costado cogerle la rueda, me hizo ponerme a tope". Gran reconocimiento a un rival. "Y no", continuó Armstrong, "no me importa que estos elogios aumenten su autoestima y alimenten su agresividad". Sí, se quieren. Los dos más populares, el casi seguro ganador y el hombre de las montañas que vuela para luchar contra la desgracia se admiran. Lo confiesan y todo, aunque no haría falta: viéndoles manejarse en carrera, viendo las atenciones, mimos y detalles que se prodigan, ya se sabe de qué va la cosa.Ayer, por ejemplo. Armstrong, lo confesó luego el americano, no tuvo su mejor día. En realidad lo pasó bastante mal en La Madeleine. Unos cuantos ataques. Casi un momento de crisis. Entonces, se volvió y miró a Pantani. "Sí", confesó el escalador italiano, "Armstrong me pidió ayuda. Y yo, que soy bueno y que estoy en vena, se la presté". Luego, cuando Pantani atacó para ganar en Courchevel, Armstrong no salió a su rueda. Antes al contrario: se volvió a Heras, que iba tras él, y le dijo: "Yo no te voy a llevar, pero si vas tras él y lo coges, yo no te lo impido". Corte fino.

A Pantani le tocó tras la llegada devolver en forma de palabras los elogios de Armstrong. Fue tras su gesta, tras la ascensión desencadenada que recordó por su carácter acelerado a la subida a Oropa en el pasado Giro. Fue entonces cuando dijo que Armstrong era el más fuerte de la carrera y que se sentía muy contento de tenerlo como amigo. "A Armstrong le tengo en gran estima", dijo el Pirata. "Y no lo digo por hacerle la pelota, que ya se sabe que no es mi estilo. Hace ya unos años, cuando se reponía de su enfermedad, Lance me llamó y me dijo que le gustaría venir conmigo a mi equipo. Hubo negociaciones con la empresa y no pudo haber acuerdo, pero sí, Armstrong tenía un gran deseo de estar conmigo".

Duro para el orgullo de Pantani, el hombre que ayer quiso ganar solo y a lo grande, "sentir en los labios el sabor a triunfo", en otra llegada en alto del Tour. Su octavo triunfo de etapa en la Grande Boucle. "Digo que lo estimo y, sin embargo, es un adversario que va más fuerte que yo. Sí, es difícil de digerir, pero es un rival que cuenta con toda mi estima".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de julio de 2000