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LAS POSIBILIDADES DE INTERNET Mesetas 'mediáticas' JOSÉ IGNACIO ARANES Y KOLDO AGINAGALDE

Subrayan los autores las oportunidades que el mundo de Internet representa para el diálogo y el reconocimiento sin fronteras.

Adoptamos el título de un libro escrito a dos cabezas y con cuatro manos, las manos y las cabezas de Gilles Deleuze y Félix Guattari. El título, plural y geográfico, es Mil mesetas. Las mesetas -imágenes conceptuales- son consideradas por ambos autores como aquellas formaciones que pueden conectarse y relacionarse con otras hasta crear un rizoma. Y el rizoma, que la botánica define como un tallo horizontal y subterráneo, es entendido como un sistema sin centro, múltiple, heterogéneo y conexionable, abierto a los enlaces, pese a las rupturas o cortes que puedan producirse.La descripción de las características del rizoma, de los sistemas rizomórficos, no puede tener mayor actualidad por su adecuación (¿sorprendente?) para definir con suma plasticidad lo que en buena medida es la Red de redes: Internet. La pertinencia de la figura del rizoma para reflejar la arquitectura y el funcionamiento de Internet ya ha sido constatada por diversos estudiosos del ciberespacio: el medio que nos envuelve, el medio integrado por los medios, el ecosistema en el que vivimos, la nueva ciudad, Telépolis, la Galaxia, la aldea global. Esta apelación a lo espacial cuando se habla de Internet revela la percepción compartida de que nos encontramos ante un nuevo entorno de vida (y de mercado o negocio: la nueva economía) que se incorpora y además transforma los otros espacios o ecosistemas. De aquí también el uso de expresiones como la utilizada por Javier Echeverría (Los señores del aire. Telépolis y el tercer entorno) para apuntar el surgimiento de un marco social de relaciones que se añadiría al marco natural y al marco urbano: el tercer entorno. Y de ahí, asimismo, el hecho de que los estudiosos recurran a figuras de representación y guía para orientarse por esos nuevos territorios: mapas, cartografías, atlas, mapamundis.

En la actualidad, una joven investigadora argentina, Andrea Ruiz, desarrolla en la Universidad del País Vasco un proyecto para conocer la Prensa digital, y desde ese espejo analizar cómo nos configura y nos configuramos en el medio Internet, en un entorno que perfila la construcción de nuestra identidad de una forma distinta a la existente hasta ahora. "Internet nos obliga -afirma Andrea- a replantear un sujeto de identidades múltiples, que establece relaciones de extrañamiento consigo mismo y por lo tanto, cambia la noción de alteridad. Y así como los soportes físicos de la comunicación nos resultan hoy volátiles, sutiles, invisibles, se borra o se torna confusa también la imagen de nuestro cuerpo. Estos cambios primordiales estarán en el centro de otras transformaciones, condicionándolas: en el campo de la organización política, científica, económica, urbanística, y fundamentalmente, simbólica. Porque lo que se pone en entredicho, lo que busca nuevas definiciones es, nada más y nada menos, lo que estamos entendiendo por pensar, conocer, aprender...".

Y ya que estamos (¿dónde?) en el ciberespacio, en ese entorno mediático en el que quien no se encuentre ahora representado es como si careciera de existencia, refirámosnos a su naturaleza virtual, esto es: la virtualidad, una de las condiciones, junto con lo interactivo, más definitorias de Internet. Y acerquémosnos a ello a través del reconocimiento del libro escrito por Pierre Lévy, ¿Qué es lo virtual?, donde se levanta con elegancia un verdadero tratado o teoría de indispensable lectura para conocer los nuevos y confusos ecosistemas generados por los procesos de virtualización y desterritorialización inherentes al medio Internet. Levy se esforzará por trazar una cartografía de lo virtual en la que el hombre contemporáneo se constituya en actor y no se sienta expulsado o perplejo ante la transformación de un modo a otro de ser, de existir, de generar un tipo u otro de realidad.

He ahí la virtualidad de lo virtual: lo virtual no en oposición a lo real, sino como uno de los modos de generar realidad, como "una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizontes, caza pozos llenos de sentido bajo la superficialidad de la presencia física inmediata". Son palabras de Lévy, deudor declarado también de G. Deleuze y F. Guattari y del libro de ambos Mil mesetas, al que sitúa entre las grandes obras filosóficas del siglo XX.

Pero nuestro interés va más allá de las posibilidades que posee la figura del rizoma para describir y comprender el espacio Internet o el espacio urbano de ciudades como Amsterdam, apuntada como exponente por Deleuze y Guattari. Lo que nos interesa especialmente del libro Mil mesetas, y de toda obra y autor, es la mirada que practican Guattari y Deleuze, la mirada que muestran, que nos muestran para mostrarnos: esa reivindicación de las formas nómadas que aportan mayor libertad para asociar ideas y metáforas, para trazar líneas y mapas, para pensar y abrirnos al conocimiento ajeno a las formas intolerantes de entender al Sujeto y a sus múltiples identidades.

En lo expuesto -y nos vamos por sendas propias- reside una de las claves de la sabiduría: el ser cosciente de la naturaleza plural del Sujeto. Y esto empieza por uno mismo: cada uno de nosotros somos varios. Y, además, para serlo -ser lo que somos-, habremos de contemplar al Otro, a los Otros -la alteridad- y a lo Otro -la otredad del mundo-. Uno, lo Otro y los Otros en las dimensiones individual y colectiva, y marcados asimismo por el peso de la historia. Algo que deberíamos hacer sin reducir al Otro y a lo Otro, sin cosificarlo ni instrumentalizarlo. Que oigamos los latidos, que escuchemos la realidad. La asunción radical de todo ello -desde el conocimiento hasta su proyección práctica- se constituye en una premisa básica para aquellas disciplinas fundamentadas en los nuevos paradigmas que observan la trascendencia del componente comunicacional desde el denominado giro lingüístico: la Hermenéutica, la Ética, la Semiótica, la Pragmática y, por extensión, el pensamiento y la racionalidad con un alcance humanista y crítico que trascienden el nivel informativo o el conocimiento puramente instrumental. El conocimiento es re-conocimiento y comprensión de lo Otro, de los Otros de Uno, de Uno en los Otros, de los Otros de los Otros...

Las referencias de autores que trabajan y proponen este enfoque son también múltiples, pero todos ellos arrancan o participan de algún modo de ese impulso comunicacional, intersubjetivo y crítico. Pensamos en autores -y el que sigue es un apunte heterogéneo y por fuerza incompleto- como J. Habermas, K. O. Apel, P. Ricoeur, E. Levinas, H. G. Gadamer, E. Lledó, R. Barthes, J. Baudrillard, U. Eco, P. Bourdieu, T. Maldonado, R. Panikkar, B. Muñoz, J. R. Searle, M. Serres, A. Cortina, J. Ibáñez, V. Camps, X. Rubert de Ventós o A. Ortiz-Osés.)

En el juego comprometido de las identidades, cada vez más nómadas y heterogéneas, de las identidades para sumar e integrar y no restar y excluir, se revela y se pone a prueba la capacidad del conocimiento al que aspiramos, ocupado en descubrir y activar los enlaces, la pluralidad de las identidades, las identidades de pueblos, Estados, ciudades e individuos; las identidades en toda esa multiplicidad de redes que las vinculan, atraviesan y superan el dualismo, las dicotomías agotadoras y tristes. Es el aparato circulatorio y civilizatorio de las geografías pobladas de mesetas mediáticas. Las mesetas como ágoras para la escucha, el debate, el encuentro, la experimentación y el sentido crítico; las mesetas frente al silencio, el silenciamiento y el ninguneo de los media -dictadores de la agenda-, así como frente al ensordecedor ruido mediático; las mesetas frente a la apatía intelectual, la pereza ética y el idiotismo moral, que expropian y secuestran la libertad; las mesetas para oxigenarse y respirar, respirar y traspirar verbo, palabras e imágenes, las mesetas con rostro, mesetas que dialogan y se hacen -nos hacen- libres.

De todo ello quisiéramos que participara Mediatika. Cuando la revista de investigación de la sección de Medios de Comunicación de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos pasó a recibir el nombre de Mediatika (esto sucedió con el número 6 y hace unos días se editó el 7) su equipo editorial podría decirse que aspiraba -y aspira modestamente- a explorar desde las mesetas colaboradoras la comunicación como objeto de estudio y también como vía para el conocimiento de la realidad contemporánea, un conocimiento que trascienda las miradas perezosas, que nos trascienda para alcanzar el sentido, para alcanzar-nos y conocer-nos en libertad y con rostro: el de todos.

José Ignacio Aranes y Koldo Aginagalde son miembros del equipo editorial de Mediatika.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de julio de 2000.

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