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TOUR DE 2000 Séptima etapa

Agnolutto recupera el valor heroico

El corredor del AG2R logra la primera victoria francesa en la carrera desde hace dos años

El ciclismo francés se busca y encuentra a Agnolutto. Esto es lo que hay. Un corredor veterano, sacrificado, honrado y trabajador. Un hombre de oficio que supo (y pudo, tuvo fuerza, carácter y ansia para ello) aprovechar la circunstancia táctica del día para ganar una etapa larga y pesada. Y poco más. Como Cédric Vasseur hace tres años (la última vez que en el Tour triunfaba una escapada en solitario); como Jacky Durand hace un par de años y siempre (el eterno animador). Francia busca campeones. Por ahora sólo encuentra lo que encuentra. Que no es poco. Qué va, es mucho.Christophe Agnolutto, de 30 años, anduvo solo en fuga desde el kilómetro 75,5 hasta la meta, situada en el kilómetro 205,5. Fueron 130 kilómetros. Sopló el viento por todos los lados. Sopló de frente y sopló de espaldas. Le llegó a la carretera, estrecha, rugosa, siempre curvas, nunca llana, desde los campos de maíz y desde los bosques de roble limusín. Hubo nubes y sonaron truenos. Cayeron tormentas. Se salpicaron todos. Agnolutto, alma que lleva el diablo, pobre corredor que necesita ser un héroe para justificarse, no se paró en ningún momento. Agnolutto soñó una vez con ser grande. Fue hace tres años, cuando con una fuga imposible, como la de ayer, sacó 20 minutos a todo el pelotón de la Vuelta a Suiza. Hasta entonces no era nadie. Nadie le dio importancia. Nadie pensó que resistiría las montañas, los ataques del Ullrich que tan bien preparó allí su Tour del 97. Agnolutto, resistente de religión, resistió. Después volvió a no ser nadie. Resistió también ayer. Aguantó hasta ganar. Pareció a punto de desintegrarse en el último repecho, bajo la llama roja que marca el último kilómetro. Llegó.

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El valor: ayer, antes de salir, todos hablaban de que ése iba a ser su día; oyéndolos a los ciclistas, en la fuga buena entrarían todos, los 175 que quedan. Llegada la tormenta, el viento y la hora de la verdad, sólo Agnolutto fue capaz de hacer camino. Pocos más osaron intentarlo. Su victoria, su hazaña, devuelve al ciclismo su valor de deporte heroico. El sueño del triunfo al alcance de cualquiera que lo desee más que nada. Y que sepa sufrir. Las raíces del ciclismo. Agnolutto fue capaz de resistir los últimos kilómetros por autovía, los contraataques desde el pelotón; de aprovechar las distintas voluntades, a veces contradictorias, de los jefes de la marcha, el Telekom del líder Elli, al que no le importó lo más mínimo su fuga, la de un hombre que no amenaza a nadie. Los equipos de sprinters, los otros interesados en llegadas masivas, ya no existen: el Festina y el Mapei ya han ganado lo que querían; los demás no pueden controlar. Su razón de ser, la revelación, el recuerdo, el valor de Agnolutto llegaron justo en el día más necesario para el Tour, justo en el momento en el que las miserias tácticas y las anécdotas escatológicas parecían ser la única razón para pensar y actuar.

La resaca de la elección de Manolo Saiz, adobada con su permanente crítica en voz alta, habían podido con todo. La cosa parecía clara: pillado distraído o en un momento de desorden (por las necesidades de Jalabert o por lo que sea), a los del ONCE, vigías del pelotón, dejan que pase lo peor que les podía pasar: una fuga de una docena, un movimiento incontrolable. Ni siquiera logran, pese a intentarlo, colocar a uno de los suyos en la docena. Y ahí llegó la gran decisión, lógica, fría, necesaria, aplaudida por algún rival, como Eusebio Unzue: "Si el ONCE no se conforma con ganar la contrarreloj por equipos y un liderato de circunstancias y piensa ganar el Tour de verdad, ha hecho la jugada perfecta: ha soltado el amarillo defendiéndolo lo justo, lo ha soltado sin machacarse en su defensa". Otros no lo entienden, siguen dándole vueltas a las ganas de Jalabert. Jalabert, también. Lo han llegado a convertir en el gran debate del Tour: ¿es lícito atacar a un líder que está haciendo sus necesidades en el kilómetro 14 de la etapa? (Justo hace un año, muchos no entendieron el debate que abrió el Banesto, cuando el ataque del ONCE y la caída de Zülle en el Gois). Y parecía que el Tour iba a acabar sumergido en la escatología y que todos nos íbamos a ahogar. Menos mal que apareció Agnolutto y recordó a la gente de qué pasta está hecho el ciclismo. Cómo deben ser sus campeones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de julio de 2000