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EDUCACIÓN - ACTO DE HOMENAJE

Anaya denuncia el abandono de la escuela pública por el Consell

Siete décadas dedicadas a la docencia no son suficientes para Gonzalo Anaya. Por eso ayer aprovechó su discurso ante 100 profesores en el homenaje que le rindió la Escola d'Estiu del País Valencià para impartirles una clase sobre la necesidad de que compensen el "acoso y abandono" de la Consejería de Educación a la escuela pública con una enseñanza de más calidad.

Gonzalo Anaya (Burgos, 1914), ironizó ayer sobre la actuación de la Consejería de Educación que "en vez de sancionar a las escuelas privadas que no pagan los impuestos de sus profesores las premia con ayudas". Una situación que entra "dentro de la política del PP de desviar fondos a la enseñanza privada mientras hay colegios e institutos públicos que están que se hunden".En el acto de homenaje, que se celebró en el colegio público Lluís de Santàngel, en la pedanía de El Saler de Valencia, Anaya arengó al centenar de profesores que conformaban el auditorio para que "ante el desasistimiento, abandono presupuestario y acoso de la Consejería de Educación y el resto de instituciones a la escuela pública" hagan un mayor esfuerzo para lograr "una enseñanza de más calidad".

"Por mucho que sea el acoso vamos a ser cada día mejores, aunque se burlen de nuestra enseñanza y la llamen lúdica de forma peyorativa", recalcó este docente, que acaba de recibir la Medalla al Mérito del Trabajo por su dedicación en cuerpo y alma a la docencia desde hace siete décadas. "Quiero agradecer a Comisiones Obreras que me haya propuesto para la medalla aunque no soy afiliado suyo", bromeó.

Su memoria aún recuerda aquel día de San Valentín de 1933 en el que con apenas "18 años y 80 días" impartió su primera clase a los zagales de un pueblo de Burgos. En los pupitres se sentaba "gente humilde, los humillados y los ofendidos".

A estas capas sociales más desfavorecidas son a las que deben dedicar sus mayores esfuerzos los docentes, en opinión de Anaya, porque "salvo en los breves períodos republicanos y con la instauración de la democracia", los dirigentes "no han hecho nada para educarles". "Nada más verlos entrar, los profesores [durante el franquismo] ya les decían que conociendo a sus padres sabían que ellos no iban a ser capaces de aprender nada y se sentían eximidos de enseñarles porque los consideraban condenados al trabajo", afirmó.

Ricos y pobres

Anaya hizo un paralelismo entre aquella situación y la actual, con el desvío de fondos a la enseñanza privada que recupera la política de "volver a dividir la enseñanza entre ricos y pobres, entre educados y no educados". El veterano maestro instó a los docentes a apostar "por los que ellos no apuestan, los que no pueden recibir enseñanza de pago" porque la educación "es uno de los derechos del hombre".Ayer rememoró cómo, durante el franquismo, lo castigaron por estar afiliado a UGT enviándolo a un pueblo del confín de Burgos y cómo se ganó a los vecinos con una enseñanza de calidad. A pesar de que la primera noche se negaron a alojar a aquel "maestro rojo" y tuvo que buscar cama a cuatro kilómetros.

Antes del acto, Anaya explicó a este periódico que se plantea escribir un libro en el que replicaría al informe de la Academia de la Historia que arremete contra la enseñanza de esta asignatura que se imparte en diversas comunidades por considerar que algunos grupos nacionalistas manipulan y tergiversan la Historia y fomentan el racismo.

Anaya avanzó que en su libro defenderá una enseñanza de la Historia que muestre la diversidad y pluralidad de lenguas, culturas e intereses de España. Porque, en su opinión, sólo con esta visión de la Historia se conseguirá "la convivencia pacífica y el entendimiento de los españoles", para evitar enfrentamientos.

El profesor recordó que desde 1492 hasta la democracia, con la excepción de los períodos republicanos, los gobernantes españoles han impuesto "una escuela de tres dogmas: con una única lengua, una religión y un solo Estado. "El presidente de la Academia de la Historia sabe mejor que nadie cuál es la Historia verdadera de España", advirtió.

Cuando le preguntan qué asignatura prefiere impartir, Anaya responde sin dudarlo que "cualquier cosa que quieran saber los alumnos". Enamorado de la docencia, aseguró ayer a su auditorio que nunca se jubilará, que será profesor hasta que se marche de este mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2000