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Editorial:

Enseñar las armas

El proceso de paz en el Ulster vivió ayer una jornada de esperanza, al anunciarse por vez primera que los dos observadores internacionales independientes han visto arsenales mostrados por el IRA. Es un paso cargado de simbolismo, aunque aún quede mucho por avanzar, si no en la entrega, al menos en su desactivación. Falta negociar los sistemas por los cuales las armas quedarán "fuera de uso". En un comunicado, el IRA confirmó, además, que ha restablecido contacto con la Comisión Internacional del Desarme, que preside el general canadiense De Chastelain, que es la encargada de llevar a cabo esta desactivación en virtud de los acuerdos vigentes. Se van cumpliendo así las previsiones, aunque el plazo para completar la inutilización del armamento haya sido prolongado hasta junio de 2001; es decir, un año más de lo previsto en los acuerdos de Viernes Santo de 1998.El polvorín -o polvorines- secreto del IRA fue inspeccionado por Martti Ahtisaari, ex presidente finlandés, y el surafricano Cyril Ramphosa, antiguo secretario general del Congreso Nacional Africano, elegidos como figuras independientes por las partes tras la última crisis y la reinstauración de las instituciones autónomas para el Ulster. Han trascendido pocos detalles del lugar o lugares en que el IRA había almacenado una parte de sus armas, el contenido de los arsenales verificados y la forma en que accedieron los dos interventores internacionales, que posteriormente se desplazaron a Londres para informar de su misión al primer ministro británico, Tony Blair.

Al hablar de dejar las armas "fuera de uso", el IRA ha evitado una "entrega" que sus seguidores podrían haber considerado una rendición, imagen que el grupo terrorista quiere evitar a toda costa para no fomentar escisiones. En estos momentos, los temores se centran no tanto en este grupo, sino en otros como el llamado IRA Continuidad, que no han aceptado el proceso de paz ni el camino del desarme, como tampoco lo han hecho algunas organizaciones armadas protestantes, que podrían quebrar una paz que se mantiene con alfileres en una provincia castigada por la historia. El reciente descubrimiento de una bomba ante la residencia en Belfast del ministro británico para Irlanda del Norte, Peter Mandelson, indica que aún hay un grave peligro de rebrote de la violencia.

El líder del Partido Unionista del Ulster, David Trimble, y ministro principal del Ejecutivo autónomo local, acogió el anuncio de ayer en un tono constructivo, calificándolo de "buen augurio para el futuro". Queda por consolidar el buen clima creado con hechos fehacientes de que los antiguos terroristas están dispuestos a desactivar sus armas. Verlas en sus almacenes no es lo mismo que verlas fuera de uso. Y la paz no cuajará plenamente hasta que no se haya logrado no ya que callen las armas, sino que se sepa que ya no son utilizables. Corresponde ahora a los grupos paramilitares protestantes hacer un gesto similar. Ésa es la forma de generar una cierta confianza entre las partes, la confianza en que uno no puede matar al otro. De lo contrario, no se consolidará la paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de junio de 2000