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CICLISMO

La última gran joya

Haimar Zubeldia, de 23 años, se revela como campeón en Francia

Haimar Zubeldia admira a Induráin. Mide 1,83 (casi tanto como el navarro) y pesa 68 kilos (12 menos que el ganador de cinco Tours). Sube como el impasible Induráin, a ritmo, sin apenas levantarse, y contrarrelojea parecido, con gran fuerza. "Yo siempre he sido de Induráin", dice. "Como corredor y como persona". Haimar Zubeldia es de Usurbil (Guipuzcoa) y tiene 23 años. Sueña con ganar el Tour. Es la última gran joya del ciclismo español.A Haimar Zubeldia, ganador hace tres semanas de la Bicicleta Vasca, segundo ayer en la dauphiné Libéré, todo el mundo le veía llegar. Y todo el mundo se ha quedado sorprendido cuando ha explotado. Hasta Julián Gorospe se ha sorprendido. Después de colgar la bicicleta, el pupilo de José Miguel Echávarri del que se alababa tanto su clase como se lamentaba su falta de definición en el momento clave se hizo director. Llevó un equipo de aficionados, el Olarra-Ercoreca, en el que estaba Haimar. Lleva ahora el Euskaltel-Euskadi, en el que también está Haimar. "Llevo con haimar cinco años", explica Gorospe. "Sí, claro que sabía que era muy bueno, un todo terreno que se defendía muy bien en la montaña; un chico del que me gustaba mucho su forma de trabajar, su seriedad, que se veía claro que quería ser ciclista. Y sí, sabía que iba a más, que año a año mejoraba, pero de repente ha explotado. Sí, estoy sorprendido".

Haimar, no, Haimar no está sorprendido. Y no es inmodestia. "Es que he ido progresando año tras año, y ya llevo tres de profesional y ya controlo un poco el truquillo". En realidad, Haimar lleva progresando desde los siete años, desde que su padre, camionero y cicloturista los domingos, le compró una bicicleta para que saliera con él. "Después estuve en la escuela de Usurbil. Como juvenil siempre iba delante, pero como no era rápido no gané mucho [tiene dos Vueltas a Guipuzcoa en su vitrina]. Luego seguí bien de aficionado, gané el Campeonato de Euskadi, y cuando terminé la Formación Profesional decidí hacerme profesional". Y desde 1998 vive de esto.

"Éste sí que es bueno", dicen los que entienden. "Un ciclista importante". Lo dicen los técnicos que se quedaron admirados viendo detalles. No se fijan tanto, aunque lo controlan y mucho, en cómo ganó la contrarreloj de la Bicicleta Vasca, sacando 43s a Alex Zülle en 21 kilómetros, o en cómo po defender su ventaja en la Subida a Arrate, o en cómo obligó a todo el Lance Armstrong a dar el máximo para derrotarle (21s) en la contrarreloj de la Dauphiné Libéré. Los detalles son otros: son su ascensión al puerto de Belate en la primera etapa de la Bicicleta: una ventaja máxima de 1m mantenida durante 40 kilómetros. Cuando le cogió el pelotón, cerca de la meta, no se creían lo que había aguantado. "Debieron de pensar que adónde iba a ir y me dejaron un poco", explica ahora, modesto. "¨Pero ahí cogí mucha moralOtro detalle: cómo se manejó en el Mont Ventoux, un puerto monstruoso que no conocía, ante Armstrong, al que llegó a extenuar. "Soy del ciclismo moderno: no soy escalador, pero los escaladores típicos, los que van a tirones, no me sacan tiempo. Y sólo ataco una vez, pero en serio. Y saco tiempo en las contrarreloj".

"Tiene unas condiciones innatas muy buenas. En primer lugar, hay que agradecer a sus padres los genes que le han dado. Tiene las dos cualidades más importantes: un consumo de oxígeno impresionante y una gran capacidad para mover carga. Además, es muy tranquilo", resume Jesús Losa, el médico del equipo. "Es un fuera de serie", apostilla Gorospe. Aprovecharon su tirón para la Dauphiné Libéré y ha obligado a Armstrong a ponerse de pie en la bicicleta.

Julián Gorospe fue uno de los grandes gregarios de Miguel Induráin. Sabe el de Mañaria de qué habla cuando habla. "Todavía es joven, es fino, buen atleta, tiene buena planta, aunque todavía no está supredesarrollado", explica. "Me recuerda a Frank Vandenbroucke por su estilo, pero es más completo como corredor que el belga. Es más del tipo Zülle, alto y fino". ¿Y no se parece a Induráin? "Sí, en el temperamento. Es tranquilo y correcto. También tímido, poco hablador y reservado, y muy buen compañero: se pega por cualquiera. Y como a Miguel no le han cambiado los triunfos. Ha elegido este deporte y queire hacerlo lo mejor posible. Eso es todo".

Terminada la dauphiné [en la que Laurent Jalabert, del ONCE, ganó la última etapa, y Tyler Hamilton, del US Postal, la general final], Haimar descansará. Soñará con su siguiente objetivo. Debutará en la Vuelta. "A ver, a ver como llevo una carrera de tres semanas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de junio de 2000