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Los dominicanos acuden a votar en masa en una jornada electoral sin incidentes

Masivas las colas en una jornada tórrida y pegajosa, a gritos en algunos colegios y pacíficamente en otros, 4,2 millones de electores pudieron votar ayer, sin incidentes graves, en las presidenciales más observadas de la historia de República Dominicana, con cerca de 8.000 inspectores nacionales y extranjeros. Los fraudes anteriores explican la vigilancia de unos comicios, que registrarán una abstención en torno al 20%, cuyo principal interés es conocer si el socialdemócrata Hipólito Mejía, el favorito en los sondeos, logra la mayoría absoluta.

También está por ver si el caudillo de 94 años Joaquín Balaguer, siete veces presidente, pasa a una segunda vuelta, caso de que Mejía no logre el 50% más uno de los votos. El oficialista Danilo Medina, empatado con Balaguer en los sondeos previos, completa el grupo de cabecera.Las presidenciales de 1966, ganadas en segunda vuelta por el actual jefe de Gobierno, Leonel Fernández, miembro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al que pertenece el candidato Medina, fueron limpias y apenas protestadas, contrariamente a casi todas las desarrolladas desde el derrumbe de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-61). Las trampas, y los recelos despertados ahora en algunos sectores por la composición de la Junta Central Electoral (JCE), copada por el opositor Partido de la Revolución Dominicana (PRD), al que pertenece el candidato Mejía, aconsejaron un estrecho marcaje.

El Senado, donde el PRD disfruta de mayoría absoluta, decidió que cinco de los siete miembros de la Junta fueran de ese partido, y los dos restantes del PLD y del conservador Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), liderado por el candidato Balaguer, dispuesto a presentar batalla hasta el final de sus días. El nonagenario aspirante, ciego, y casi paralítico, es un experto en marrullerías. Ganó, mediante un fraude colosal a su adversario Francisco Peña Gómez, del PRD, en las presidenciales de mayo de 1994. Las protestas nacionales e internacionales le obligaron a limitar su mandato a dos años y a convocar nuevas elecciones en 1996.

Los resultados de la consulta de mayo del 94 fueron alterados a través de varios recursos, aunque el principal fue la exclusión de decenas de miles de militantes de oposición, principalmente del PRD y sus aliados, de los listados de las mesas de votación. En algunos casos, fueron suplantados por otros que votaron con nombres diferentes. Por otra parte, se registraron hasta dobles y triples votaciones, el sufragio de menores, policías, militares y difuntos, según admitieron después técnicos que trabajaron en el Centro de Cómputo. Según el Informe de la Comisión de Verificación, al 11 de junio de aquel año, "la suma de fraudes de listados detectados hasta ahora arroja un total de 53.933 excluidos, y de 46.730 añadidos. Un total de 100.663 fraudes en más de 3.000 mesas y 63 municipios".

Cadena de manipulaciones

"La historia de las elecciones dominicanas es una sola cadena de fraudes, imposiciones, abuso de los recursos y del poder del Estado y otras vulneraciones de los derechos políticos", sostiene el analista Juan Bolívar Díaz. "Lo ha sido en consonancia con la inestabilidad y fragilidad que han caracterizado el ejercicio democrático desde la misma fundación de la República". De las 40 elecciones presidenciales registradas en esta isla antillana de cerca de ocho millones de habitantes apenas han sido libres seis o siete; el resto fueron farsas auspiciadas por el poder para perpetuarse. Y cada proceso trucado desencadenó crisis que amenazaron con liquidar la precaria institucionalidad nacional.

Las mujeres votaron ayer por la mañana y los hombres por la tarde, en aplicación de un sistema de inscripción y emisión del sufragio que pretendió impedir el escamoteo de la voluntad popular mediante la duplicidad del voto, su adulteración con documentos de identidad falsos o la resurrección de los muertos y su comparecencia en los colegios. Los sufrimientos padecidos por cientos de miles para acceder a las urnas, el cuerpo a cuerpo sostenido con un calor sofocante, o las incomodidades causadas por los propios mecanismos electorales no ahuyentaron a los dominicanos que demostraron su compromiso con la democracia de partidos.

"¿Por qué este entusiasmo?, ¿Por qué aguantamos hasta seis horas de espera?, pues porque hemos tenido mucha tiranía", dice Gladyori López, una mulata de temperamento, en una cola alborotada por las imprecaciones, las sombrillas y el berrear de los niños de pecho. Una señora murió fulminada por un infarto, y un vecino recibió un balazo durante unas votaciones escrutadas por 7.500 voluntarios del movimiento cívico dominicano Participación Ciudadana, y otros 350 de la Organización de Estados Americanos (OEA), Centro Carter, el Instituto Nacional Demócrata, y otros grupos no gubernamentales. Margarita González, observadora voluntaria, señala que "toda esta vigilancia es porque nos ha costado mucho todo esto, construir la democracia. No sabe usted como ha sido nuestra historia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de mayo de 2000

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