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FÚTBOL 31ª jornada de Liga

Desastre táctico de Cúper, como ante el Manchester United

Lo mismo que en Manchester. Cada vez que a Cúper se le ocurre, por precaución, cambiar su sistema, poblarlo de defensas y más concreto de centrales, el resultado es el mismo: 3-0. Le sucedió en Old Trafford en diciembre pasado y le ocurrió ayer en el Camp Nou. El Manchester y el Barça pasaron por encima de un Valencia acomplejado. En ambos casos quiso jugar Cúper muy agazapado, con salidas rápidas al contraataque, pero en ambos casos alineó a Oscar como enganche. Lo que no deja de ser una contradicción, pues Óscar sirve para muchas cosas, pero no para el contragolpe.En parte por el temor que le inspiraba el Barça, en parte obligado por las bajas que desgarraban su centro del campo (Mendieta y Kily González), el Valencia desarrolló ayer un desastre táctico de mucho calado. Cúper introdujo a sus jugadores en un laberinto en el que nadie sabía dónde estaba la salida. El Valencia se ha pasado todo el ejercicio jugando un 4-4-2 con cierta coherencia y de repente probó Cúper con tres centrales, dos carrileros, un medio de enlace y un delantero.

En teoría, se trataba de acumular hombres atrás y salir disparados al contragolpe. Para ello había cambiado Cúper a casi todos de su ubicación habitual. Pero como no había gente para jugar de ese modo, puesto que Òscar no sirve para actuar a toda mecha, el Valencia ofreció una imagen lamentable en la que, por ejemplo, el hombre que lanzó una vez el contraataque con su salida en carrera era nada menos que Pellegrino, irreprochable, por otra parte, en sus tareas de contención.

Los tres centrales del Valencia cerraron durante una hora su defensa a cal y canto, cierto, pero era cuestión de paciencia, de que los extremos del Barça comenzaran a ajustar en sus centros. Cuando eso acaeció, el Valencia se desmoronó, precisamente por el centro de su defensa: el equipo azulgrana marcó el primer gol de cabeza y el segundo tras una penetración por el mismo eje de la zaga visitante. Lo mismo que en Manchester, el grupo de Cúper jugó con el culo muy atrás, con mucha gente en la zaga y poca delante, por lo que el balón siempre volvía a pies azulgrana. No había más remedio.

El Camp Nou acogió con un murmullo de expectación y temor la primera pelota que tocó Piojo López, que había marcado 11 goles en 12 partidos a los azulgrana. Ese murmullo se tornó en una gran pitada cuando el delantero argentino lanzó el balón a las gradas. Era un presagio. El Piojo estuvo solo en ataque y espeso en su juego, quizá cansado por el viaje a Argentina, donde jugó con su selección. Sólo Gerard y Farinós dejaron algunos detalles de su personalidad. Ambos mostraron la madurez que están alcanzando y Gerard, que salió de La Masia hace cuatro años con el cartel de sucesor de Guardiola, se ha convertido en un futbolista de primer orden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de abril de 2000