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Tribuna:

Al César lo que es del César

Aunque durante su viaje a México se mantuviera alejado de Chiapas a Juan Pablo II, no fuera a comprometerse con una apreciación insuficientemente correcta, el conflicto zapatista ha reunido las estrategias del Gobierno del PRI y del Vaticano de cara a una misma finalidad: debilitar primero, erradicar después el papel de la Teología Indígena como posible respaldo de la reivindicación política neozapatista. La campaña de descrédito contra el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, fue promovida por el PRI y asumida clientelar o autónomamente por intermediarios mediáticos e intelectuales. Se describió a un obispo con ínfulas de reencarnación a Bartolomé de las Casas y con una prepotencia teológica sin límites, hasta el punto de sostener que en Chiapas se hacían las cosas en el nombre de Ruiz y no en el nombre de Dios. La campaña provocó el hastío del prelado que precipitó su jubilación a la espera de que le sucediera Raúl Vera, un obispo seguidor de la Teología Indígena pero no tan quemado como Ruiz. Fue el momento justo para que Gobierno mexicano y Vaticano empezaran a conjurarse a través de los llamados Obispos del Club de Roma en México representados por monseñor Sandoval, entronizado en Guadalajara; monseñor Berlie, obispo de Yukatán; Norberto Rivera, presidente de la Conferencia Episcopal de México; Javier Lozano, responsable en el Vaticano de la Comisión Santa y el colombiano López Truillo, hombre poderoso en el CELAM y declarado enemigo de la Teología da la Liberación. Tanto ilustre monseñor no ha actuado dispersamente, sino bajo la batuta del máximo estratega de la política exterior vaticanista, cardenal Angelo Sodano, que debutó históricamente como nuncio del vaticano en Santiago de Chile en tiempos de Pinochet, y la actuación iba encaminada a impedir que Raúl Vera fuera el heredero de Samuel Ruiz, pasando incluso por encima de las apreciaciones el nuevo nuncio del Vaticano en México, monseñor Mullor, convencido de que Raúl Vera al frente de la diócesis de San Cristóbal de las Casas era un mal menor, menor que el vacío que puede causar en el mundo indígena la pérdida de un referente positivo en la figura del pastor de almas.El llamado Club de Roma de obispos consideró que el mismísimo nuncio era un pusilánime y que había que impedir el nombramiento de Vera, en coincidencia con uno de los objetivos más claros de la estrategia del PRI desde que decidió incumplir los acuerdos de San Andrés con los zapatistas: sitiarlos e iniciar una operación de desgaste que tendría en el desguace de la obra del obispo Samuel Ruiz un factor clave. Vera peregrinó al Vaticano para pasar el visto bueno del Papa y se llevó la sorpresa de la desinformación mayúscula que padecía el Papa polaco, intoxicado por los enemigos de la Teología Indígena considerada como precedente y adosado de la Teología de la Liberación y molesta Su Santidad ante las repetidas comprobaciones de que no todo el mundo es Polonia. Samuel Ruiz había hecho las maletas y asistía a la evidencia de la conspiración sin querer creérsela, confiado en que la verdad acabaría imponiéndose a las necesidades estratégicas del Vaticano. A partir del dato, asumido por la CELAM, de que la Iglesia católica ha perdido cuarenta millones de fieles en América Latina, el Vaticano ha tratado de apoderarse del lenguaje reivindicativo de la Teología de la Liberación, pero al mismo tiempo ha seguido persiguiendo a uña de caballo a sus valedores, tratando de colocar efectivos del Opus Dei allí donde los había de la Teología liberadora, en una clara apuesta por el nuevo ejército defensivo de la catolicidad.

Si éstas son las estrategias del Vaticano, se comprueba que coinciden y conciertan con las del Gobierno mexicano a partir de la lectura de un documento circulante en México y atribuido a un ingeniero de cuyo nombre puedo pero no quiero acordarme, dirigido a don Alberto Reza Saldaña, secretario particular del secretario de Gobernación. Resulta que el ingeniero pertenece a la raza de aquellos que fueron revolucioliarios a los veinte años porque tenían corazón, pero que a los cuarenta son asesores del Ministerio de Gobernación porque tienen cerebro. El documento titulado Actualización de la estrategia para Chiapas en la presente coyuntura, se presenta en junio de 1998, entre la matanza de Acteal y la resurreción del subcomandante Marcos y parece haber actuado como un decálago para la conducta separada y concertada del PRI y del Vaticano. Apunta a la operación desgaste del zapatismo, a crear divisiones entre los indígenas, a dar una batalla mediática que corrija la mala imagen del PRI, a desacreditar a la Cocopa (Comisión de Concordia y Pacificación) y a su presidente el obispo Samuel Ruiz, traspasar la responsabilidad del desacuerdo del PRI al neozapatismo y llega a precisar la necesidad de desmantelar la estructura actual de la diócesis de Chiapas: se trata no solamente de que a lo mucho en un año Samuel Ruiz deje de realizar sus actividades en la diócesis de San Cristóbal, sino también de sustituir al obispo coadjutor Raúl Vera; de incorporar sistemáticamente curas de tendencias institucionales (principalmente franciscanos) a las diferentes parroquias de la diócesis; de dividir la diócesis con una prelatura y nombrar a un prelado contrario a la Teología de la Liberación; de lograr que los jesuitas y los Misioneros del Verbo Divino abandonen Chiapas; y de hacer auditorías a las ONG de Enrique González Torres (rector de la Universidad Iberoamericana), jesuita responsable en gran medida de apoyar financiera y politícamente a Samuel Ruiz y a los jesuitas de Chiapas. Al teólogo de la seguridad abajo firmante también le estorba el nuncio apostólico, Justo Mullor, porque es consciente... de sus limitaciones y veleidades y plantea la necesidad de solicitar instrucciones del presidente de la República para que... el embajador de México en e1 Vaticano haga las negociaciones que le correspondan y aprovechar el que del 7 al 13 de julio se llevará a cabo en el Distrito Federal del Tercer Encuentro Mundial de Sacerdotes, al que vendrá el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, para que, si así lo instruye el C. presidente, el secretario de Gobernación pueda negociar con él los objetivos planteados más arriba.

El documento se extiende en un claro detallismo de cómo asfixiar el zapatismo, pero no debo extralimitarme y me concentro en ratificar mi vieja sospecha de cuánta razón tenía santa Teresa cuando escribiera que a veces Dios escribe con renglones torcidos. Desde la estrategia del Vaticano, al César lo que es del César (los militares y paramilitares desplegados en Chiapas) y a Dios lo que es de Dios, sustituir la Teología de la Liberación por la Teología sin adjetivar. Es posible que el César se manche las manos y los prepucios de los cañones de las tanquetas con las que se pasea por los caminos de las comunidades indígenas, pero así como Dios escribe a veces con renglones torcidos, no es menos cierto que los caminos del Señor no figuran en ningún mapa de la guía Michelin e históricamente han sido necesarias crueles cruzadas para devolver la fe a donde fue erradicada. Siempre queda el recurso de que cien años después de la caída de Samuel Ruiz, del no nombramiento de Raúl Vera, del desmantelamiento de la Teología Indígena, de una posible solución final contra los neozapatistas al estilo de la ocupación de la UNAM, el Vaticano pida perdón no en nombre de la Iglesia, que es una abstracción por mucho que figure en casi todos los catastros, sino en nombre de algunos cristianos que actuaron poco cristianamente. Se reduce así el cristianismo a una moral revelada a plazos y capaz de adecuarse a las necesidades de la Historia concebida como un gran mercado de substancias perecederas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de abril de 2000