LA SITUACIÓN DE LOS INMIGRANTES

Un papel para dejar de ser un 'sin papeles'

De 30 en 30. Así iban entrando ayer los inmigrantes en las dependencias de la Dirección General de Migraciones del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, en el número 44 del madrileño Paseo del Pintor Rosales. La cola nunca llegó a superar las 50 personas. Nigerianos, brasileños, ecuatorianos, chinos, rusos, ucranios, magrebíes, rumanos...Todos llegaban con un objetivo común: regularizar su situación en España. Paradójicamente, los llamados sin papeles esperan cargados de documentos, algunos con carpetas llenas, las órdenes de los guardias de seguridad que difícilmente pueden aclarar sus numerosos interrogantes. "Venga, vayan pasando, arriba les resolverán todas las dudas".

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Sin perder el turno y de forma pausada suben las escaleras, como displinados alumnos colegiales. Recogen los impresos, atraviesan un largo pasillo y se sientan en una sala a la espera de nuevas indicaciones. Una vez allí, un empleado del servicio de inmigración les explica, pormenorizadamente y en castellano, cómo rellenar el impreso que acaban de entregarles. Insiste en que no deben tener prisa en hacerlo, porque no hay límite de cupo y el plazo es de cuatro meses, hasta el 31 de julio.

"Perdone, yo...", se arranca un espontáneo. "Las consultas al final", le recrimina cortante el funcionario público. "Léanse bien la información que se les ha dado junto al impreso y atiendan a la explicación, verán que la mayoría de sus dudas quedarán resueltas", agrega.

Todos obedecen y estudian atentamente el formulario, pasan de una hoja a otra, se miran entre ellos con cierto desconcierto y atienden a la octava explicación del empleado, ya casi afónico de repetir el mismo discurso durante toda la mañana.

Por fin, como después de una conferencia, turno de preguntas: "Si tienen alguna duda, ahora es el momento de plantearla". Hay varias manos levantadas: "Yo querría saber si con la matrícula de escolarización de mis hijos puedo demostrar que me encontraba en el país antes del 1 de junio de 1999", le interpela una ecuatoriana. "Pues quizá sólo con eso no pueda demostrarlo, pero repito, no se valora sólo un documento sino un conjunto de ellos. Cualquier papel que sirva para ampliar las características de sus circunstancias en el país puede valer para acreditarla", responde el funcionario.

Ángel comenta contento que mañana llevará en España un año y un mes. Casi ha contado los días. Y es que no está la cosa para bromas. Ahora el tiempo de permanencia en el país es oro para la gente que como él quiere regularizar su situación y debe demostrar que se encontraba aquí antes de la fecha marcada. "Además, yo tengo la hojita rosa", añade.

Así llaman coloquialmente al resguardo de la solicitud del permiso de residencia o trabajo, otra de las llaves que abre la puerta de la regularización. Este ecuatoriano de 37 años llegó a España en busca de mejores condiciones de vida y, como otros muchos inmigrantes, dejó en su tierra a su mujer y a sus hijos y pasó de ser administrativo a peón en la construcción.

Ahora sueña con ahorrar lo suficiente para poder regresar a su país y montar un negocio de comestibles. "Si todo sale bien podré volver en dos años y estar aquí tranquilo entre tanto", explica con una tímida sonrisa.

Otros no tienen tanta suerte. Hay cuatro ucranios que no salen de su asombro: acaban de enterarse, no sin dificultades, debido a su desconocimiento del idioma, de que no pueden acogerse al proceso extraordinario de regularización porque sólo llevan seis meses en España. Ayer, eran los primeros en la cola, pero llegaron demasiado tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de marzo de 2000.

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