Entrevista:PEDRO MIGUEL ETXENIKE CATEDRÁTICO DE FÍSICA Y VASCO UNIVERSAL

"El creerse poseedor de la verdad es la causa fundamental de las maldades del mundo"

Pedro Miguel Etxenike Landiribar, vasco universal, catedrático de Física en la Universidad del País Vasco, tiene numerosos premios, entre ellos el Príncipe de Asturias, el alemán Max Plank, que dicen es el pasaporte para el Nobel, y el de Vasco Universal. Sin embargo, de lo que está más orgulloso es del título de hijo predilecto de Isaba, donde nació.

Etxenike trabaja en San Sebastián y viaja de acá para allá (domina varios idiomas) extendiendo, en seminarios, cursos y congresos, su sabiduría o el trabajo de campo con sus alumnos, a los que siempre ha defendido y ayudado, reclamando para ellos, para todos los universitarios, una financiación "para que escogiesen a donde ir y qué estudiar o investigar". Cree, no obstante, que en la UPV "existe un clima, un ambiente y una masa crítica favorable a la investigación".

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Fue Etxenike, en el Forum Deusto, el que abrió el pasado martes un nuevo ciclo de conferencias, La incertidumbre de un mundo en mutación, y lo hizo con una lección titulada Libertad y límites de la ciencia, que nos hizo recordar la que en este mismo escenario pronunció en 1988, en el ciclo de Los grandes avances del conocimiento.

Pregunta. ¿Cuáles han sido los principales logros y las mayores pérdidas en el siglo XX?

Respuesta. Resumo los logros en tres palabras: átomo, gen y bit, bit de información, computador. En cuanto a pérdidas, se dice que podría ser el humanismo. Yo no lo creo. Cierto que ahora habrá más tiempo para saber hacer que para saber ser. Pero la ciencia es parte esencial de la cultura y actúa como aglutinante de la humanidad. En este campo me gusta resaltar su capacidad de decir cosas a la imaginación.

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P. ¿Dónde va a estar el cambio fundamental en el futuro?

R. Hasta ahora hemos sido capaces de usar lo que había, pero en el futuro vamos a ser agentes, a hacer materia nueva, ingeniería genética, y algo de esto realizaremos en San Sebastián.

P. ¿Cuál es a su juicio el principal valor de la ciencia para los que nos somos científicos?

R. La ciencia, a través de la tecnología, ha modificado nuestra forma de comunicarnos, de pensar, de vivir; en una palabra, ha cambiado nuestra cultura. La ciencia nos hace más libres, obligándonos a pensar sobre los problemas más profundamente, más libremente. Una bombilla parece una cosa sencilla y no se necesita nada profundo para hacerla funcionar pero se necesitó al más grande de los físicos del siglo para entender la naturaleza de la luz que produce. Einstein lo logró liberando su mente de los preconceptos adquiridos y dejando volar la imaginación. La ciencia enseña a pensar racionalmente y, objetivamente, es muy útil para resolver problemas, especialmente los de una democracia.

P. ¿Que podría destruir la ciencia y el trabajo del científico?

R. En investigación, como en música, la burocracia ciega tiene el efecto de destruir la creatividad, la imaginación. Si valoramos la ciencia debemos permitir que permanezca libre de excesos burocráticos. Los genios y los grandes logros pertenecen a la esfera de la libertad.

P. ¿En la ciencia, queda mucho por decir o saber?

R. Sigue sin haber respuesta científica a preguntas fundamentales, las del origen, del final, del sentido... La ciencia no puede proporcionar respuesta a estas preguntas: ¿cómo empezó todo?, ¿para qué estamos aquí?, ¿merece la pena vivir?... Responde al cómo, no al por qué o para qué.

P. ¿Cual es la creencia de la que se sirve la ciencia?

R. Se basa en una cierta fe de que el universo, el mundo material, es comprensible. Es sorprendente y a la vez maravilloso que el mundo físico no sólo sea comprensible para la mente humana sino que incluso parece reductible a algoritmos matemáticos. Pero las bases del edificio matemático son del mismo barro que el de otras ciencias, y sólo su adecuación a la realidad podrá confrontarnos en la duda.

P. Si el científico se conforta con la duda, porque en algunos se oyen frases como " certeza absoluta", "máxima verdad"...?

R. Esas son quimeras que no deberían ser admisibles en ninguna rama de la ciencia. El pensar y creer ser poseedor de la verdad única es la causa principal de todas las maldades de este mundo.

P. ¿No cree que la expresión de la mayoría de la sociedad es el miedo, miedo a la destrucción del planeta por su degración, miedo a la degradación humana?

R. Es cierto que el ser humano dispone de la posibilidad de autodestrucción del entorno pero no conviene hacer predicciones catatróficas sino buscar soluciones. Debemos evitar tanto la desesperación del cínico como la frustración generada por expectativas irrealizables. En la lucha por la supervivencias el hombre perecería si sólo dependiese de un balance ecológico estricto, si confiase en la ilusión de que podría ajustarse a la naturaleza sin una renovación continua de su ciencia y tecnología. Son ellas las que han permitido que el hombre disfrute de la naturaleza como una amiga. Me niego a creer que seamos suicidas. Lo peor de todo esto es que la complejidad real de nuestra mente supera todo, y cualquier chiflado puede ocasionar, por ejemplo, una guerra biológica.

P. En este aspecto, ¿podría entenderse el siglo XXI como el del peligro del gran contraste entre lo ilimitado de la construcción y lo ilimitado de la destrucción?, ¿Como hacerlo frente?

R. Debe hallarse una manera de controlar los excesos o las deformaciones. Solo una sociedad democrática y una ciudadanía informada de los problemas, de las opciones y de las consecuencias podrá participar responsablemente en la toma de decisiones, no dejando decisiones políticas en manos de expertos tecnócratas. La mejor política general consiste en airear en público los riesgos y las posibilidades.

P. ¿Dónde radica, entonces, la llave del futuro?

R. En nuestro deseo y capacidad de aceptar, comprender y dominar un grado cada vez más creciente de complejidad, de aprender a hacer más usando menos, aumentando la eficiencia, basarse en el máximo reciclaje de los recursos. Tenemos que mirar de frente a la existencia de esas incertidumbres y tratar de convivir, trabajar y avanzar con ellas, todos juntos.

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