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25ª jornada de Liga

El Valencia le regala un punto al Madrid El equipo de Cúper juega muy bien la primera parte, pero recula tanto en la segunda que Guti consigue empatar

VALENCIA 1-REAL MADRID1Mestalla se cansó de la tibieza de su entrenador, Héctor Cúper, de su conservadurismo, de su racanería extrema, y le pidió ayer que se marchara después de que su equipo, el Valencia, le regalara un empate al Real Madrid. Pues es difícil interpretarlo de otra manera. Ya que el conjunto de Cúper, con un excelente fútbol, pasó por encima del Madrid justo durante 35 minutos. Es decir, hasta que consiguió su primer y único gol. A partir de ahí, lo de siempre: quizo proteger el 1-0, le dio el campo y la iniciativa al Madrid, y éste, cansado pero no muerto, aprovechó su oportunidad. Con tiempo para pensar, Guti se alzó sobre la mediocridad de su equipo y dibujó un disparo raso que resucitó al Madrid. Eso sucedió ya en la segunda parte, cuando su técnico, Vicente Del Bosque, había rectificado sus errores tácticos, el más gordo la ubicación de Hierro en el centro del campo. Devuelto Hierro al eje de la defensa y reforzado el costado izquierdo con Karanka y Meca, el Madrid reaccionó. Asustó un par de veces a Cañizares y atrapó un punto valioso si se tiene en cuenta que éste era su quinto partido en 12 días. Antes, sin embargo, había sido un guiñapo en manos del Valencia, que pudo haber goleado. De ahí la indignación de la grada, que vio como de golear, se pasó al empate por la miopía de su técnico, que acabó de rematarlo con dos cambios inexplicables: el de Angulo por Kily González en el interior izquierdo; y el de Sánchez, a última hora, por el Piojo. El público encajó muy mal este último relevo y se arrancó espontáneamente en un cántico en contra del entrenador, al que invitó a que se marchara de Mestalla.El Valencia le dio un repaso de tal calibre al Madrid durante los primeros 40 minutos que, de haber tenido el Piojo unas briznas más de acierto, se hubiese repetido la goleada de las semifinales de Copa del pasado ejercicio (6-0). De nada le sirvió al Madrid poblar de tal manera el centro del campo (con cinco hombres) si esa parcela pertenía por completo a su adversario, especialmente a uno de ellos, Gerard, que suele exhibirse en las grandes citas. Gerard se impuso por fortaleza y ambición a Hierro y a Iván Helguera, que a su lado parecían principiantes. Ilie se metió entre líneas y allí llevó por la calle de la amargura a la defensa madridista, que no sabía por dónde le llegaría el rumano.

Valencia: Cañizares; Gerardo, Djukic, Pellegrino, Carboni; Farinós, Milla, Gerard, Kily González; Piojo López (Sánchez, m

89) e Ilie.Real Madrid: Casillas; Míchel Salgado, Iván Campo, Karanka, Dorado (Aganzo, m. 45); Geremi, Hierro, Iván Helguera, Guti, McManaman (Meca, m. 45); y Zárate (Sanchis, m. 83). Goles: 1-0. M. 35. Pase largo de Farinós al que llega el Piojo, que se marcha del portero Casillas en su salida, se escora a la derecha y cede atrás para que Ilie, que viene desde atrás, marque. 1-1. M. 58. Geremi penetra como una exhalación por la banda derecha, cede atrás hacia Guti, que se acomoda el balón en la media luna y tira raso y colocado. Árbitro: Llonch Andreu. Amonestó a Dorado, Gerard, Guti y Kily González. Unos 48.000 espectadores en Mestalla. El ex seleccionador italiano Cesare Maldini, actualmente en el cuerpo técnico de Milan, presenció el partido en directo.

Con tantas eximentes como se quieran por la saturación de partidos en las últimas semanas, que es una rémora incuestionable, el Madrid se presentó en Mestalla como un cuadro flaquísimo que venía dispuesto a defenderse por encima de todas las cosas. A ello se dedicó durante toda la primera parte, siendo el exponente máximo de esta predisposición la ubicación como medio centro de Hierro, que resultó tan penosa como sus últimas manifestaciones en la selección de Clemente. Se limitó a tapar y tapó mal, pues si se emparejó con Ilie, éste le ganó la mano por habilidad; y si se juntó con Gerard, el catalán se impuso en un terreno en el que ambos son especialistas: el juego aéreo. Pero más triste todavía resultó observar al brillante McManaman perseguiendo con poca traza a Gerardo y a Farinós, que entraron por la derecha con facilidad. El grupo de Cúper, tan estrecho cuando defendía, se ensanchaba en su luminoso ataque. Y tal fue el boquete en su lado izquierdo, que Del Bosque mandó a la ducha en el descanso a McManaman y a Dorado.

El Valencia, en realidad, no hacía sino complir un plan previamente establecido por Cúper, que había previsto un asedio inicial sobre el contrario que ahogara por completo el presumible cansancio de los madridistas.

El encuentro pudo sentenciarlo el Piojo nada más abrirse el segundo periodo, pero el delantero ha perdido la punta de velocidad que lo hizo imparable el pasado año: y en el mano a mano con Casillas, el joven arquero le arrebató de los pies el esférico en dos ocasiones. Para entonces, Del Bosque ya había rectificado al retroceder a Hierro a la defensa, donde sigue haciendo honor a su buen nombre. El choque, por primera vez, se equilibró y el Valencia contribuyó lo suyo con un retroceso considerable de sus líneas. Zárate demostró buenas maneras para jugar de espaldas a la portería, pero fue Guti quien puso en acción su zurda de seda y convirtió en gol una poderosa penetración de Geremi por la derecha.

El partido se desbocó. El público se encrespó con el conformismo de su entrenador, y el Madrid creyó que podría vivir una jornada más de su efectividad. Con Meca y Aganzo había ganado frescura y Guti, el mejor de los madridistas, hizo valer su calidad. Cúper ya había decidido jugar lo que quedaba de encuentro al contragolpe y de ese modo lo fiaba todo al Piojo, que no atraviesa precisamente sus días más felices. Además de que Casillas no era Illgner, sino un portero mucho más veloz.

Puesto que el Madrid también se daba con un canto en los dientes con el empate, el encuentro decayó. El que parecía ahora exhausto era el Valencia, que acumulaba mucha gente por detrás del balón, y eso hacía enfurecer a su público, que le pidió al técnico que se fuera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de febrero de 2000