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Víctima de un "exceso de celo"

El escritor holandés Abdelkader Benali (Ighazzazen, Marruecos, 1975) llegó a Barcelona el pasado fin de semana para promocionar una novela y acabó recibiendo, ayer, una carta de disculpa del Puerto de Barcelona y provocando una declaración del Ayuntamiento en contra de la discriminación racial. El motivo: la negativa de una discoteca del Maremágnum, un complejo de ocio situado en el puerto de la ciudad, a permitirle el acceso el domingo por la noche. El escritor asegura que, después de inspeccionar su pasaporte holandés, el guardia de seguridad de la sala Nayandei le espetó la siguiente disculpa: "No soy racista, pero los árabes no pueden entrar". Ayer, sin embargo, los responsables de la sala aseguraron que el veto obedeció a la vestimenta que llevaba el escritor.Benali, que se pasó la mañana del martes concediendo entrevistas para hablar de su primera novela, Boda junto al mar, comentó el incidente con los responsables de su editorial española, Mondadori, quienes decidieron darlo a conocer y provocaron una reacción inmediata. Primero de los medios de comunicación y, más adelante, de las autoridades.

El Puerto de Barcelona remitió una carta al escritor en la que "lamenta profundamente el incidente" sucedido en el Maremágnum, lo califica de "hecho aislado" y lamenta "el eco desproporcionado que reciben estos hechos en zonas lúdicas similares". La autoridad portuaria admite que "las empresas de seguridad privada contratadas por los diferentes locales del complejo actúan con un exceso de celo" que ha "comportado alguna acción discriminatoria". Este "exceso de celo" se debe, según la carta, a la cantidad de visitas que recibe el centro -18 de millones de personas al año- y en "la existencia de bandas organizadas de menores dedicadas al hurto y a pequeños delitos".

Lo que para el Puerto ha sido un "hecho aislado" es, a juicio de la concejal de Derechos Civiles del Ayuntamiento, la verde Roser Veciana, "algo que ocurre con demasiada frecuencia". Veciana, que intentó hablar con el escritor ayer por la mañana, añadió: "No compartimos en absoluto el punto de vista de la autoridad portuaria, que resta importancia a unos incidentes graves porque constituyen una agresión a los derechos fundamentales".

Los responsables del puerto, en la carta remitida al autor, se escudan en que, para atajar estos casos de discriminación racial, "los afectados tienen que presentar denuncia". Es algo que Abdelkader Benali no ha hecho. Ni tan sólo protestó cuando el domingo por la noche se encaminó hacia el Nayandei, siguiendo las recomendaciones de una guía de Barcelona que le proporcionaron en el hotel donde estaba alojado, y le cerraron las puertas en las narices: "No quise que me estropearan la noche aún más", aseguró Benali el martes por la tarde. "No es la primera vez que me pasa", continuó, "también en Holanda me han denegado la entrada en algún sitio, sobre todo en discotecas".

Veciana, que quiso extender su postura a cualquier caso de las mismas características, aseguró que el Ayuntamiento de Barcelona se personará como acusación particular "en todos los casos en los que se denuncie una vulneración de los derechos fundamentales en locales públicos".

Benali abandonó Barcelona ayer por la tarde con un gesto de estupor. Había conseguido que los medios de comunicación se avalanzaran sobre su historia, pero de una manera que no concordaba con lo que había manifestado a este periódico el martes por la mañana a lo largo de una entrevista. En ella rehuyó hablar de los problemas de la inmigración para concentrarse en la literatura: "Tengo una relación de amor-odio con Marruecos. Me considero a mí mismo como un holandés con un nombre raro. Todos estos temas de país, bandera, identidad, lealtad a la patria no me los planteo en mi vida cotidiana. Muchas veces me preguntan sobre política y sobre mi condición de inmigrante, pero para mí, lo más importante es escribir una buena novela".

En su caso lo ha conseguido. Así lo testifica la buena acogida que tuvo Boda junto al mar, escrita en neerlandés, cuando fue publicada en Holanda, en 1996. La novela recibió el Premio al Mejor Debut Literario del año en el país y quedó finalista del Premio Libris Literatuur. Hasta ahora, en que se publica en español, se ha editado en inglés, alemán, francés, italiano, danés, griego y hebreo. También se está preparando una película en Holanda, país al que llegó cuando tenía cuatro años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de febrero de 2000

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