El Deportivo levanta la cabeza

Fue una victoria sin demasiado brillo, pero que sirvió al Deportivo para detener su caída libre y enviar a sus rivales el mensaje de que no está dispuesto a renunciar tan pronto al liderazgo. A la tarea de socorrer al atribulado equipo de Javier Irureta, contribuyó con indudable eficacia el Betis, un equipo de una pobreza extrema, tanto de juego como de intenciones. Sin grandes alardes, pero con algo más de fútbol que últimamente, el Deportivo cazó un gol antes del descanso y lo administró hasta el final sin excesivos agobios.Metido en crisis permanente desde hace muchos meses, el Betis parece haber asumido estoicamente su salida del pelotón de los grandes para engrosar la multitud gris de los equipos sin demasiadas opciones en el campeonato. Al menos por su actitud de anoche en Riazor, el Betis parece haber asumido sin complejos su condición de equipo de segunda fila. Aunque el sistema -el 4-4-2 clásico- pudiese hacer pensar lo contrario, el equipo de Griguol, plagado de jugadores defensivos en el medio del campo, se entregó en cuerpo y alma al más desvergonzado cerrojo. En toda la primera parte, su única aproximación a puerta con cierto peligro fue un remate de Oli que nació de un saque largo del portero Prats. Todo un símbolo de la actitud verdiblanca, que pasó por Riazor como uno de esos humildes combatientes que sólo aspiran a huir de la quema. Porque lo que se dice jugando, el Betis fue incapaz de sobrepasar el mediocampo. En esas circunstancias, hasta Alfonso pareció un jugador completamente prescindible.

DEPORTIVO 2 BETIS 0

Deportivo: Songo'o; Manuel Pablo, Donato, Schurrer, Romero; Flavio, Mauro Silva; Makaay, Djalminha (Turu Flores, m. 82), Fran (Víctor, m. 64); y Pauleta (Fernando, m. 75).Betis: Prats; Otero (Karhan, m. 64), Bornes, Crosa, Luis Fernández; Gálvez, Merino (Alexis, m. 76), Ito, Luis Fernández; Alfonso y Oli (Cuéllar, m. 72). Goles: 1-0. M. 42. Pase de cabeza Makaay al interior del área para Pauleta, quien regatea a Crosa y marca de disparo cruzado. 2-0. M. 90. Makaay, a puerta vacía, tras recoger un rechace de Prats a tiro de Turu Flores. Árbitro: Ansuategui Roca. Amonestó a Oli y Pauleta. Otra pobre entrada en Riazor, con unos 18.000 espectadores.

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Ante la indigesta proposición de su adversario, el Deportivo se vio abocado a una noche de sufrimiento. El de Irureta es un equipo que lleva el contragolpe inscrito en su código genético y, por lo tanto, vive un suplicio cada vez que se enfrenta a un rival metido atrás. La inhibición del Betis permitió que el Deportivo tuviese un protagonismo absoluto sobre el juego y eso facilitó a los gallegos adecentar la lamentable imagen que había ofrecido en último mes. Además, por primera vez en toda la Liga, Fran fue titular y el equipo tuvo un interior izquierdo de verdad. Al gran capitán deportivista se le ve aún falto de velocidad y de la confianza que otorgan los partidos. Pero, así y todo, es de esa clase de futbolistas con una relación tan natural con la pelota y el juego que todo lo que haga, por poco que sea, está siempre envuelto en un sello especial. Sus paredes, sus pases al interior del área y su sexto sentido para entenderse con un futbolista tan confuso e imprevisible como Djalminha fueron una ráfaga de viento fresco en Riazor.

El Deportivo no anduvo sobrado ni de fútbol ni de ocasiones, pero como su rival se desentendió tanto del juego, no hubo más posibilidades de gol que las que rondaron la meta de Prats. En el fragor del área, Pauleta fue el protagonista de todas las batallas. Suyos fueron los dos remates con más peligro y, finalmente, el gol al borde del descanso, una acción que retrató a Crosa: el jugador argentino se fue al suelo como un saco ante el regate de Pauleta, que así se quedó solo ante el portero. Satanizado por la afición durante la pasada temporada, el portugués ha logrado esta campaña varios goles decisivos que le han permitido lavar su nombre.

Con el marcador en contra, el Betis adelantó su primera línea de presión a las proximidades de área de Songo'o. Pero cuando uno sale con un plan tan determinado, cuesta mucho trabajo cambiarlo sobre la marcha.

Hasta mediada la segunda parte, el partido siguió bajo control absoluto del Deportivo que, sobre todo por medio de Makaay, tuvo ocasión de ensanchar el marcador. Griguol ni se inmutó. Tanto cariño le debe de tener este hombre a su sistema que cuando tuvo que recurrir a los cambios no movió ni una pieza de la estructura del equipo. Hasta para introducir a un hombre ofensivo como Cuéllar no se le ocurrió mejor cosa que prescindir de Oli.

El Deportivo pasó ciertos apuros en el tramo final del partido, pero más por su propia actitud paulatinamente más conservadora que por el casi inexistente empuje del Betis. Todas las opciones de gol de los andaluces pasaron por algún barullo en el área tras lanzamientos de falta o de córner. El público sufrió, porque el estado anímico general era de aprensión, pero Makaay halló al final el alivio que tanto necesitaba su equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de enero de 2000.

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