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Tribuna:

Humanitarios

Jubilado vuestro hombre en Moscú, una vez acreditado su heredero como instrumento tan audaz como el anterior, aunque más sobrio, considerad, estadistas humanitarios, cuán frágil es la moral de la historia, cuando se ha permitido a los rusos machacar a los chechenos meses después de que se bombardeara la televisión yugoslava porque estaba llena de cómplices ideológicos del genocida Milosevic. O bien la fórmula guerras humanitarias fue una oportunista chapuza ética porque no se sabía cómo salir de la dialéctica de enfrentamiento de la OTAN con Milosevic o bien asistimos al inicio de una nueva casuística especializada en guerras humanitarias.Así como en el pasado hasta los jesuitas teorizaron sobre el tiranicidio justo e injusto o sobre las guerras justas e injustas, ahora habría que convocar un encuentro de, al menos, jóvenes filósofos o jóvenes teólogos o jóvenes teósofos o jóvenes hombres ranas, jóvenes desde luego, para que reflexionen sobre los casus belli humanitarios. Hay que establecer una proporción cuantitativa y cualitativa que permita discernir cuándo es necesaria una guerra humanitaria o cuándo no, sin discutir ya el principio básico de que toda guerra convocada por los señores de la globalización sólo puede ser humanitaria porque son impensables guerras de diseño imperialista o de simple limpieza policial del universo. Habida cuenta de que toda guerra homologada por el Imperio es humanitaria, ¿cuándo hay que ejercerla? ¿Por qué contra Belgrado sí y contra Moscú no?

Consiento que los teólogos de la seguridad global se me queden mirando y me espeten: Pero tú ¿de qué vas?, ¿de "gilipoyas"? Admito este argumento porque revelaría una verdad fundamental que quizá algún día se incorpore a la Historia Universal de la Evidencia. Esa verdad no es otra que una guerra humanitaria que pueda dañar a los que la decretan deja de ser humanitaria para ser un error no ya de cálculo, sino incluso de concepto. Se puede matar a periodistas yugoslavos porque no son disuasorios; en cambio, tú bombardeas el Kremlin y le puedes dar a un aliado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de enero de 2000