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Reportaje:

Bendito a medias

La entrada en 2000 abre una nueva etapa marcada por las tecnologías que cambiará las formas de relaciones humanas. Con el carácter de innovador que le caracteriza, el presidente y propietario del Betis, Manuel Ruiz de Lopera, comenzó una tendencia que puede hacer furor en determinadas instancias: las inauguraciones de edificios a medio hacer. Miles de béticos se concentraron ayer, fecha decisiva para el evento porque era la onomástica del presidente verdiblanco, en los aledaños de la parte nueva del estadio para celebrar la inauguración de la mitad del bautizado, por suscripción popular, Manuel Ruiz de Lopera. Ni las bajas temperaturas ni el cansancio de la juerga por los festejos del fin de año frenaron a los incondicionales del dirigente. Como las jovencitas que asisten a los conciertos de sus ídolos, familias enteras llegaron con cuatro o cinco horas de antelación para conseguir ver de cerca a quien uno de los asistentes calificó como la "persona más buena del mundo".

Para hacer la espera más placentera a la audiencia, por altavoces se escuchaba el himno del conjunto andaluz y una serie de sevillanas con estribillos que hacían honor a la ceremonia: "Benito Villamarín siempre estará en la memoria" o "Manuel Ruiz de Lopera el cielo te ilumina". La continua repetición de las sonatas provocó los primeros pitos en un público sacrificado.

A las 21.00 hicieron su aparición los protagonistas del acontecimiento. Ya subidos en una tarima, Manuel Melado, el speaker bético que espolea con sus arengas a la afición los domingos de partido, tras increpar a las masas con su grito: "Béticos del universo", fue enumerando una alineación que conforma la flor y nata de la ciudad. Uno a uno fueron jaleados por el gentío.

Para satisfacción de los socialistas presentes en la tribuna, la ex alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril, se llevó una gran pitada. Por contra, los aplausos ganaron a los pitos en la presentación del actual alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín.

El último de la lista, fue el presidente de la Junta, Manuel Chaves. Los enfrentamientos con el dirigente bético ya se han olvidado. Ruiz de Lopera llegó a nombrarlo persona non grata y prohibió su entrada al ya mitad desaparecido Benito Villamarín.

El dueño de Betis estaba entusiasmado. A su mano derecha, el presidente de la Junta, y a su izquierda, el arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo, que se encargó de la bendición del estadio. Saludando brazo en alto, el líder de la afición bética no cabía de gozo y en un momento estuvo a punto de soltar alguna lágrima de emoción.

En su discurso, Ruiz de Lopera quiso acallar los rumores sobre la supuesta marcha del jugador Denilson y sobre sus malas relaciones con la empresa constructora del estadio. Continuamente interrumpido por los vítores de sus miles de incondicionales, agradeció a la afición que hubieran bautizado por votación con su nombre el nuevo estadio. Y en una simbiosis entre cuerpo y edifico aseguró: "Este hormigón lleva mi sangre". Un instante después tiraba del cordón que descubría el nombre del estadio y el cielo se iluminaba con fuegos artificiales que cerraban la ceremonia, que resultó un sosa para los asistentes.

El nuevo estadio Manuel Ruiz de Lopera tendrá capacidad para 64.000 espectadores. De momento, se han construido las gradas de gol norte y fondo. Aún queda por edificar gol sur, preferencia y la cubierta que en el plazo de obras está planificado que acabe en 2002. Aún no se ha anunciado para la fecha una reinauguración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de enero de 2000

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