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Entrevista:

PABLO DEL BARCO POETA "No he descubierto nada, la poesía visual ya se hacía en el siglo VII"

Presume de hacer lo "único" que le gusta en el mundo: escribir y dibujar. Por ello se siente afortunado de poder ofrecer una charla en Almería sobre su obra y, mientras se desplaza en tren desde Sevilla, ciudad en la que vive, alternar entre dibujos y poemas. Pablo del Barco (Burgos, 1943) se define como un poeta visual y experimental, a pesar de que su obra sea mayoritariamente discursiva. Este profesor de Literatura Hispánica de la Universidad de Sevilla se empeña en "aprovechar" del texto literario su aspecto físico y negar así el valor de representación del poema. La elaboración de este tipo de literatura lleva a la creación de poemas como La Giralda, cuyo texto presenta la disposición física del monumento; o a la edición de libros como 14 x 14 sonetos, edición agotada de Arrayán, en el que sólo hay 14 poemas de 14 versos cada uno y cuyo precio es el resultado de multiplicar 14 por 14, o sea, 196 pesetas.Pregunta. ¿Lo de hacer poesía visual es considerado algo alternativo?

Respuesta. Estoy harto de decir que la poesía visual ya se hacía en el siglo VII, así que no he descubierto nada. Los pictogramas de los sumerios ya establecían una relación física entre el objeto y el término que lo define. Ocurre lo mismo en textos árabes.

P. ¿Pero dónde está la frontera entre el humor gráfico, el recurso publicitario y la poesía visual?

R. No existe. Resulta que llevamos unos años en que las cosas no están divididas. La publicidad no lo está del periodismo. La publicidad es la utilización de la imagen con sentido literario. Eso le da a la palabra mucho más valor. Ahora la palabra vale en sí, se le ha dado forma, color y música.

P. Hay quien le llama valiente por escribir aquello que nadie quiere publicar...

R. Puede que lo sea, pero es que no quiero escribir otra cosa, ni puedo. Tengo una editorial marginal donde publico todo esto. A mí me despachaban diciendo "estos...de la poesía experimental..." Espero que cuando me muera algún alumno mío haga sobre mí una tesis doctoral.

P. Tengo entendido que usted mismo edita pliegos y los reparte...

R. Es algo que me divierte muchísimo. También los ilustro con mis propios dibujos, les hago unas fotocopias, me los meto en el bolsillo y... hasta que se acaben.

P. ¿Por qué le produce tristeza su labor docente en la Universidad?

R. Porque vivimos en un mundo cada vez más alejado de la poesía y yo intento hacerlo todo poético. A mis alumnos, a quienes les gustan mis clases, se les olvida todo lo que he dicho y han oído y se van de copas nada más salir de la facultad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de diciembre de 1999