Asesinos natos
No conocía a la última víctima de esta cruenta y despiadada sociedad en la que vivimos. Pero esto no impide que sienta rabia, impotencia y repulsión hacia los asesinos de la joven bilbaína. No hace falta decir la vergüenza que me embarga, desde mi condición de mujer joven y, sobre todo, como ser humano. Considero que estas agresiones no están originadas sino por la frustración, la irracionalidad y la falta de amor a uno mismo, haciéndose extensible al resto de la sociedad.Ojalá estos individuos se transformaran con un simple chasquido de dedos en personas útiles, inteligentes, que trataran de ofrecer lo mejor de sí mismos poniendo sus conocimientos al servicio de la humanidad. Ya que ésta no es solución posible, deseo que la Justicia sepa actuar de acuerdo con los principios que defiende y que no tengamos que hacernos eco de algunas sentencias que, en ocasiones, llegan a sorprendernos de modo desagradable; como aquella que, más o menos, venía a decir así: "la muchacha provocó su posterior violación por vestir una falda dos centímetros por encima de la rodilla". Agradecería, además, a todos los cuerpos policiales que durante las noches de los fines de semana extremaran las medidas de seguridad y que de esta forma podamos retornar al dulce hogar sanos y salvos. A la familia de Virginia Acebes, mi más sincero pésame y, por supuesto, también a aquellas otras que en su día tuvieron que pasar por estos dolorosos momentos.-


























































