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SACUDIDA EN LAS TELECOMUNICACIONES

El "vaquero" Ebbers impone su ley

Bernard Ebbers ha conseguido en sólo 16 años convertirse en el dueño de la empresa que amenaza el liderazgo del gigante AT&T en telefonía

En septiembre de 1983, dos hombres de negocios, Murray Waldron y Bill Rector se encontraban en una pequeña cafetería de Hattiesburg (Missisipí, EEUU) para discutir la forma de constituir una compañía de call back (un sistema ahora pasado de moda que permitía a los usuarios abaratar sus llamadas de larga distancia). Cuando el camarero se acercó para ofrecer más té helado, los dos empresarios, ensimismados, le pidieron un nombre para su nueva empresa. "¿De qué se trata?" Y la respuesta fue sencilla: Long Distance Discount Calling (Llamadas de Larga Distancia con Descuento, en una traducción aproximada del inglés).Al poco, se une a la aventura uno de sus grandes amigos, Bernie Ebbers, licenciado en Educación Física por la Universidad de Missipí, emprendedor por naturaleza, cuidador de ganado y lechero en su juventud. Ebbers se entusiasma y se ve ya como el heredero del imperio de AT&T, número uno de la telefonía de larga distancia en Estados Unidos y en el resto del mundo, que por aquellas fechas se reparte en favor de la competencia en las conocidas baby bells, compañías regionales.

Desde entonces, Bernard Ebbers, nacido en 1941, no ha cejado en su esfuerzo por alcanzar la cumbre de las telecomunicaciones. Desde que en 1985 se hizo con las riendas de LDDS, Ebbers ha cerrado la compra de más de 65 empresas del sector, ha extendido sus tentáculos a Europa con la creación de una red de cable de fibra óptica que amenaza a todos los antiguos monopolios en el Viejo Continente y ha cerrado un acuerdo de colaboración con la primera empresa del sector en América Latina, la española Telefónica.

Con la compra de Sprint, está un paso de AT&T en lo que a ingresos anuales se refiere (50.000 millones de dólares frente a los 53.000 millones de su rival), aunque todavía les separa un trecho considerable en términos de mercado. "Ebbers no va a parar", se oía ayer entre los analistas de inversiones. Hace sólo dos años el semanario Business Week escribía que "está demostrando a los veteranos de la industria cómo va a ser el sector de las telecomunicaciones" y el diario USAToday advertía que "WorldCom opera con una velocidad y una ambición que va a ser motivo de preocupación durante años para las compañías de telecomunicaciones más tradicionales".

En octubre de 1997 dio el gran paso. Ebbers lanzó una oferta pública de adquisición (OPA) hostil sobre MCI por más de 40.000 millones de dólares (cerca de 6,5 billones de pesetas). Ebbers, aficionado y entrenador de baloncesto, hizo historia: su oferta era la más alta de la historia en el sector de las telecomunicaciones.

Carácter ambicioso

Su ambición echó al traste la alianza de MCI con la británica BT, ahora aliada de AT&T, valiéndose para lograrlo de su billetera, de un marcado carácter pro-estadounidense y de la imagen de cow-boy que ha cultivado durante años para encandilar a los accionistas y a las autoridades. A Bernie, como le conocen sus amigos, le encanta el campo y afirma que entre sus aficiones se encuentra el tractor, nada que ver con la City londinense, factor del que se valió para atraer al presidente de Telefónica, Juan Villalonga, hacia su proyecto empresarial frente a la alternativa que ofrecía BT a la empresa española.En la nueva MCI WorldCom ha dejado ya su impronta. Ha suprimido la flota de coches oficiales, aunque dejó uno para Bert Roberts, presidente no ejecutivo de la compañía, y ha firmado un acuerdo con Southwest Airlines para que los vuelos le salgan más baratos al personal. Fiel a su tradición de hotelero -tuvo una franquicia de la cadena Best Western- ve con buenos ojos que sus directivos se alojen en el Hampton Inn de Jackson (Misisipí), en el que tiene participación, cuando visitan la sede de la compañía, según Business Week. Él mismo, que acostumbra a visitar sus oficinas en vaqueros y camisa de cuadros sin avisar al personal, es habitual en un restaurante de la zona, Tico"s Steakhouse, especializado en hamburguesas y costillas.

El año pasado, la también estadounidense Bell Atlantic le arrebató a WorldCom el récord establecido con una oferta de 90.440 millones de dólares por GTE. "Envido más", ha sido la respuesta de Ebbers, que ayer cerró la mayor fusión de la historia empresarial de todos los tiempos con un valor de 129.000 millones de dólares (cerca de 20 billones de pesetas). Su descaro ha dejado pequeñas otras operaciones anteriores de gran tamaño, incluida la compra de Ameritech por SBC por unos 89.000 millones de dólares; la adquisición de Airtouch por Vodafone, valorada en 74.400 millones de dólares; y la OPA de AT&T, su gran rival, sobre MediaOne por 61.800 millones.

De la mano de Sprint, Ebbers, divorciado, se lanza ahora sobre el mercado de la telefonía móvil. En 1996 entró en el campo de Internet con la compra de MFS, una empresa estadounidense con cables de fibra óptica instalados en las principales ciudades de Estados Unidos, sobre la que ha constituido UUnet, cabeza de puente en el mercado europeo. El grupo tiene conectados unos 27.000 edificios de oficinas de grandes empresas en EEUU y otros 5.000 en Europa, donde prevé contar con una red de fibra óptica dotada con 10.500 kilómetros a final de año.

La compra de Sprint, cuyo origen se remonta a Abilen (Estado de Kansas, EEUU) en 1899, añadirá unos cuatro millones de nuevos clientes de telefonía móvil a la cartera de MCI WorldCom en el corazón del territorio de BellSouth, la gran perjudicada por los anuncios de ayer.

Ebbers, que el pasado mes de mayo dio el primer paso en la telefonía móvil con la compra de SkyTel por 1.800 millones de dólares, se siente ahora ganador, pero su desafio puede encontrar respuesta en el sector y en los reguladores.

La carrera por hacerse con posiciones firmes en el sector ha hecho que sólo en este año se hayan superado ya las 230 operaciones de compra o fusión en el sector en EEUU y Europa tendrá que dar respuesta al proceso de concentración al otro lado del charco. También cabe la posibilidad de que WorldCom tenga que desprenderse de algunos activos para conseguir que las autoridades reguladoras aprueben la fusión en los próximos meses como ocurrió tras la compra de MCI.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de octubre de 1999