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Josep Maria Carreté será el nuevo director del Museo de Arqueología

La crisis del Museo de Arqueología de Cataluña (MAC), que ha dado lugar a episodios tan lamentables como el enfrentamiento entre funcionarios del centro y su director o la permanencia de éste, Francesc Tarrats, meses después de que presentara su dimisión, parece desencallarse. El Departamento de Cultura de la Generalitat ha elegido por fin como sustituto de Tarrats a Josep Maria Carreté, actual director del museo arqueológico de Tarragona. Tarrats se reincorporará a su destino de procedencia, el mismo museo de Tarragona, del que era el anterior director. La dimisión de Tarrats fue comunicada oficialmente el martes al consejo rector del MAC. Cultura debe ahora elevar a la Junta de Museos de Cataluña la candidatura de Carreté, pues, de acuerdo con lo que dispone la Ley de Museos, los directores de los museos nacionales -como es el caso del MAC- son nombrados por decreto del Gobierno a propuesta de la junta. El nombramiento de Carreté no será un hecho hasta que pase ese trámite. La elección del nuevo director pone fin a una historia sombría en la que no han faltado incluso detalles sórdidos. Tarrats accedió a la dirección del museo en 1997 con el encargo de conducir el despegue del MAC, creado por ley en 1992 pero cuya sede barcelonesa no fue traspasada por la Diputación a la Generalitat hasta 1996. Hombre emprendedor y cargado de ideas, Tarrats chocó sin embargo pronto con un sector del funcionariado del centro barcelonés, alarmado por los planes de renovación del nuevo director. A juicio de Tarrats, se trataba de un grupo de "funcionarios que no funcionan", preocupado sólo por la posible pérdida de sus privilegios, mientras que para los opositores las iniciativas del director resultaban nefastas para el museo. El caso es que el número de visitantes de la sede barcelonesa ha disminuido alarmantemente durante el mandato de Tarrats y se han suspendido actividades ya programadas, como una exposición. Mientras, la tensión interna fue creciendo hasta llegar a límites explosivos. El pulso entre Tarrats y los funcionarios llevó a un cruce de descalificaciones en el que ni uno ni otros ahorraron epítetos. En ese ambiente, la eliminación de material editorial de la sede barcelonesa que Tarrats consideraba sobrante provocó un gran conflicto y el director tuvo que hacer frente a una denuncia por la destrucción de libros científicos. Paralelamente, Tarrats, según lamentó él mismo públicamente, encontraba poco apoyo en Cultura para llevar a cabo el proyecto encomendado, lo que achacó a "falta de visión" por parte de la Generalitat. No se le dotaba del presupuesto necesario -deploraba-, ni de apoyo en el caso de los funcionarios rebeldes, ni de mecanismos para vertebrar el MAC, un museo descentralizado y compuesto de diferentes centros y yacimientos arqueológicos dispersos por todo el territorio catalán. Una de sus principales reivindicaciones, planteada desde el inicio de su mandato, era que el museo arqueológico de Tarragona pasara a formar parte del MAC, lo que aún no se ha producido. "Tratamos de montar un coche al que le faltan piezas", se quejaba en junio Tarrats. Ante el "desinterés" de la Generalitat, el director presentó su dimisión en marzo como forma de presionar y la reiteró en junio, avisando entonces que si no se le aceptaba recurriría a la vía contencioso administrativa para lograrlo. Han hecho falta tres meses y el nombramiento de un nuevo director general de Patrimonio, Marc Mayer, para que se desencallara, ahora, la situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1999