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Tribuna:

Intensidades

Se anunció que a partir de junio se verían avances importantes en la negociación entre ETA y el Gobierno, pero algo debió de ir mal o regular en junio porque se ha desencadenado una violencia de baja intensidad como denuncia de que se negocia a muy baja intensidad. Por nuestra parte, estamos enterados a bajísima intensidad de cómo van las cosas porque el Gobierno, fiel a la razón de Estado, considera que todos somos potenciales enemigos del Estado, de alta o de baja intensidad, y por tanto cuanto menos sepamos, mejor.No entiendo por qué podemos saberlo casi todo sobre Rociíto o a propósito de las hazañas del presidente del Gobierno, José María Aznar, en sus torneos de paddle, o sobre la Mazagatos, que está monísima de monja, y en cambio los candidatos a carne de Hipercor o a víctimas de error colateral hemos de confiar en unos negociadores cuyos cálculos no siempre coinciden con las necesidades objetivas.

Por ejemplo, los de ETA tienen que negociar demostrando que la violencia de baja intensidad cualquier día puede pasar a mayores, y el Gobierno tiene que medir los efectos de la negociación para que no dañen su oferta electoral del año 2000. Si consigue la paz en Euskadi tiene que procurar que no sea a cambio de ceder a los etarras los derechos potenciales sobre Gibraltar, por ejemplo, porque mucho votante del PP no lo toleraría. Y si no consigue la paz tiene que demostrar que no ha sido por su culpa y que tenía razón Mayor Oreja cuando calificó de encerrona la tregua de ETA. En cualquier caso, alguien debería aconsejar a Mayor Oreja que ante cada atasco en el proceso negociador no recupere su discurso de alta intensidad, basado en ironizar sobre el espíritu de Lizarra o Estella, según los bandos, y en tratar de recuperar el santo prepucio del pacto de Ajuria Enea.

Una sociedad civil consciente de sus derechos y necesidades exigiría que sus representantes participaran en las negociaciones, porque en este tipo de asuntos la razón de Estado suele estar por encima del sentido común, pero en cuanto se acercan las elecciones, la razón electoral coloca a la razón de Estado en la vía de la más baja intensidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de agosto de 1999