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Tribuna:

FUTURO DE LA COMUNIDAD La revolución que Andalucía necesita

La utilización del término revolución para expresar metafóricamente lo que es y va a ser el contenido de la propuesta política del Partido Popular de Andalucía, ha suscitado algunos comentarios polémicos, unos hipócritas, sectarios e interesados, y otros derivados de la sorpresa y el escepticismo. No es admisible que quienes, durante decenios, han apostado por revoluciones estériles y fracasadas, se rasguen las vestiduras ahora porque queramos cambiar las cosas, no hacia objetivos utópicos y divisores de la sociedad, sino hacia objetivos concretos, posibles e históricamente exigibles. No es racional que sorprenda que un partido de centro reformista desee las transformaciones que necesita Andalucía para dejar de estar entre las últimas regiones de España y Europa. Reformar es transformar, no conservar lo que no funciona o preservar lo que la experiencia señala como erróneo. No está justificado el escepticismo apriorístico respecto a estas propuestas cuando está reconocido un balance claramente positivo -imposible de ocultar a estas alturas-, en la acción del Partido Popular de Andalucía en ayuntamientos y diputaciones andaluzas. No está justificado cuando se reconoce,incluso internacionalmente, la labor eficiente y eficaz desarrollada por el Partido Popular al frente del Gobierno de la nación, muy especialmente beneficiosa para Andalucía. Mucho más justificado estaría tal escepticismo, e incluso un consistente y argumentado pesimismo, ante el fracaso sucesivo de 18 años de gobiernos socialistas que no han logrado transformar esta tierra en una comunidad más libre, más próspera, más justa, más solidaria y más emprendedora. Como acertadamente señaló aquella gran defensora de la libertad Hanna Arendt, el término revolución es, originariamente, una metáfora astronómica que expresa la idea de movimiento y ciclo. Que Andalucía necesita moverse más y mejor en el siglo XXI no lo duda nadie. Que Andalucía precisa liberarse de un ciclo de gobiernos socialistas e iniciar otro distinto es, para cualquier demócrata, algo saludable para la vitalidad y la transparencia de las instituciones andaluzas y para la circulación de nuevas personas, nuevas ideas y nuevos proyectos. De muchos modos y con muchos sentidos se ha utilizado históricamente la palabra revolución. En todos ellos late la significación de una honda transformación de la sociedad. Pues bien, el Partido Popular de Andalucía cree que esta tierra necesita una transformación tras la evidencia del fracaso y la ausencia de expectativas de un Partido Socialista enquistado en el poder, incapaz de renovarse siquiera mínimamente e ineficaz para conseguir una mayor y más rápida prosperidad para todos, dominada en sus acciones por el continuismo, por la autocomplacencia y, lo que es más grave, el desprecio a las iniciativas de los demás. Es lesivo para los intereses de Andalucía y gravoso para los andaluces. El Partido Popular es un partido de centro y, por ello, propone cambios posibles, cambios sensatos, cambios tranquilos y cambios a mejor. No se trata de que todo cambie para que todo siga igual, como ha hecho el PSOE durante 18 años. Se trata de cambiar con constancia, con vigor y con fuerza lo que ya sabemos que es preciso cambiar. Muchos expertos e intelectuales han señalado ya públicamente cuáles son los cambios necesarios. De lo que se trata es de atreverse a cambiar, de entusiasmar a los andaluces con estos cambios y de obtener resultados que demuestren que esos cambios han sido cambios a mejor. El Estatuto de Autonomía para Andalucía, nuestro estatuto, exige una Andalucía con igualdad de oportunidades, una Andalucía con empleo suficiente, una Andalucía con educación de calidad, una Andalucía orgullosa de su identidad y de su proyección nacional y europea, una Andalucía próspera, una Andalucía inversora y una Andalucía sin desequilibrios internos ni diferencias respecto a otras comunidades de España. El PSOE no puede oscurecer por más tiempo el hecho de que no ha sabido y no ha podido, incluso aunque haya querido, hacer lo que exige el Estatuto. No puede ocultar más a los andaluces, con políticas de confrontación planificadas y sistemáticas contra el Gobierno de la nación, lo que, cuando ese gobierno era socialista, tampoco supo, pudo o quiso hacer. Andalucía es por sí, por España y por la humanidad. No contra sí, contra el Gobierno de España y al margen de lo que ocurra en la humanidad. Sin embargo, desde 1996 la riqueza y el empleo andaluces han crecido por encima de la media nacional. ¿Qué ha cambiado desde entonces? No el Gobierno del Partido Socialista, que se mantiene desde 1982 con todo tipo de mayorías, incluso absolutísimas. Lo que ha cambiado es el Gobierno de la nación, cuya acción ha mejorado notablemente la realidad contante y sonante y las expectativas de Andalucía. Por ello, el Partido Popular de Andalucía quiere avivar y representar esa revolución de las expectativas que ya está presente en la sociedad andaluza. Andalucía necesita un profundo y entusiasmado movimiento interno hacia nuevas esperanzas y nuevas aspiraciones dejando atrás lo que la ha mantenido, en gran medida, inerte y sin horizontes de mejora. Andalucía no tiene por destino ser una de las comunidades menos ricas y más dependientes de España y Europa por siempre jamás. Para que aflore lo más rápidamente posible esta nueva Andalucía que ya late en nuestro interior, se hace precisa una transformación urgente y serena, pero una transformación. Hay que pasar de los controles injustificados a la libertad; de la burocracia a la sociedad; del andalucismo del símbolo vacío al andalucismo de la identidad y la prosperidad en el proyecto común de España; del desempleo al empleo; del predominio de la Administración autonómica al equilibrio con las Administraciones locales; de la rigidez a la flexibilidad; de la prepotencia al diálogo; del desprestigio de la formación y la educación a su desarrollo enérgico; de la falsa solidaridad que mantiene a los más débiles en la dependencia sistemática a la solidaridad activa que los conduce a la autonomía personal y a la creación de riqueza. El Partido Popular de Andalucía quiere hacer esto y lo quiere hacer cuanto antes. Se ha malgastado mucho tiempo. Estamos a unos meses del siglo XXI, un siglo de cambios acelerados en las técnicas, en los mercados, en las costumbres y en la vida cotidiana. Andalucía tiene que estar en el meollo de esos cambios, protagonizar esos cambios, participar en la dirección de esos cambios. Ésta es la verdadera revolución que Andalucía necesita para que, muy pronto, en España y en Europa, todos nos sintamos aún más orgullosos de ser andaluces, y no sólo en el sentimiento, sino también de nuestra aportación en el empleo, en las iniciativas, en la cultura, en la riqueza y en la solidaridad colectivas.

Teófila Martínez es presidenta del Partido Popular de Andalucía y candidata a la Junta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 1999