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TRIBUNA

Hasta el próximo

Bueno, ahora sí que podemos decir que esto se ha acabado. A toda velocidad.Ha sido mi cuarto Tour. Mi tercera llegada a París. Sólo fallé el año pasado. Allí, bajando el Galibier, me tuve que retirar muerto de frío, aunque si lo hubiera resistido tampoco habríamos terminado, por eso de la retirada de los equipos españoles. Pero este año no, ahora hemos llegado, y, echando la vista atrás, curiosamente, habiendo alcanzado mis mejores momentos en los mismos lugares que en el 98 sufrí por encima de todo. Bajando el Aubisque, donde me caí con Olano hace un año, y subiendo el Galibier. Monsieur Galibier me llaman algunos en el equipo. Fingen que es para fastidiarme, pero lo dicen con cariño y a mí acabará por gustarme.

También en la llegada a París de este año la cosa ha sido diferente. Me ha dado tiempo, por primera vez, a vivir las emociones del día con más tranquilidad. Además, han cambiado el recorrido de entrada y nada más llegar tenemos una perspectiva con la Torre Eiffel de frente y un paseo por las orillas del Sena. Lo hacen bien, estos franceses. Y creo que ha sido un día menos duro que otros años, o quizás que yo he terminado mejor, porque las últimas vueltas a los Campos Elíseos no se me han hecho tan pesadas como otras veces. Antes, la etapa había sido una mezcla de fiesta, a la antigua, y de competición, con el Mapei, el Telekom y otros equipos de sprinters controlándolo todo. Después, el sprint inicial. No ha estado mal este final, en el que hemos celebrado también el triunfo por equipos y la segunda plaza de Alex, pero yo sigo quedándome con mi primer Tour, el de 1996. Debuté y terminé bien. No estuvo mal, aunque no nos dieran león de peluche.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de julio de 1999