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El PP acusa al Gobierno del conflicto del taxi en Sondika

El conflicto que enfrenta a los taxistas vizcaínos que operan en el aeropuerto de Sondika con los que llegan de Guipúzcoa y Álava, e incluso de otras comunidades como Cantabría, se ha reproducido en las últimas semanas con amenazas verbales y ataques a los coches. El parlamentario popular Iñaki Ortega acusó ayer de esta situación al Departamento de Transportes. Ortega ha dirigido una pregunta parlamentaria al consejero de Transportes, Álvaro Amánn, en la que solicita que haga públicas las medidas que piensa poner marcha para "atajar a la mayor brevedad posible los incidentes" que se suceden en Sondika. El diputado popular, quien dice hacerse eco de las quejas de taxistas afectados, entiende que se ha incumplido el compromiso del 16 de marzo pasado de realizar inspecciones periódicas que controlen el cumplimiento de la normativa vigente. "La situación se puede volver insostenible en cualquier momento. Los taxistas amenazan a los que provienen de otras comunidades y, con ello, demuestran que no respetan la orden de marzo de 1988, que permite hacer carreras al aeropuerto siempre que el cliente viaje al municipio en donde tiene licencia el taxista", explica Ortega. 92 vehículos En el aeropuerto de Sondika trabajan diariamente un total de 92 taxis fijos. De ellos, 62 pertenecen al municipio de Sondika y los 30 restantes están matriculados en Bilbao y poblaciones vizcaínas, según el acuerdo suscrito hace más de un año. Éstos últimos trabajan rotativamente; por lo que, teniendo en cuenta que la plantilla de la capital vizcaína se eleva a 775 taxis, corresponde a cada taxista una media de una semana cada diez meses. "Hacemos entre cinco y seis viajes diarios. Empezamos a las ocho menos cuarto de la mañana para coger puesto y terminamos a las doce de la noche, después del último vuelo. No sabemos nada de los líos; para una semana no merece la pena complicarse", señalaba ayer un taxista de Bilbao que cumplía su tercera jornada. Uno de los taxistas afectados por el conflicto, que se negó a identificarse por temor a represalías, aseguró ayer que a los conductores de fuera de Vizcaya se les trata como "auténticos delincuentes". Resaltó que los agresores pertenecen "a los que no admiten que trabajen en Sondika otros que no sean los de siempre. Nos rallan los coches, nos llaman hijos de puta y el miedo nos obliga a retirar el distintivo del número y a veces hasta la placa de SP [servicio público]". Junto a los 92 taxis fijos, operan diariamente en Sondika otros cien provenientes de Álava y Guipúzcoa, mayoritariamente, pero también de Santander y de Burgos, según aseguran taxistas pertenecientes al primer grupo. "Nos quitan el trabajo y no hay nadie que lo controle. La Ertzainta no está aquí para inspeccionar si los de fuera llevan, como es obligatorio, un libro de ruta", se quejan.

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