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CINE

La Filmoteca repasa en un ciclo la obra del japonés Akira Kurosawa

Muerto en Tokio, su ciudad natal, el pasado 6 de septiembre a los 88 años, el japonés Akira Kurosawa es uno de los mejores y más conocidos directores japoneses. Con este motivo, durante los meses de junio y julio, Filmoteca Española le dedica un ciclo donde se exhibirán las 30 películas realizadas a lo largo de sus 50 años de carrera.Tras estudiar bellas artes, el temor de no ser un buen pintor y su interés por el cine llevan a Kurosawa en 1936 a trabajar en los estudios Toho, primero como ayudante de dirección y luego como guionista. En plena II Guerra Mundial debuta como director con desiguales historias. En la segunda mitad de los años cuarenta realiza siete películas, las mejores, sólidos dramas con una visión neorrealista de Tokio en la posguerra y con el famoso actor Toshiro Mifune.

Gracias al éxito internacional de Rashomon (1950), que narra la historia de una violación ocurrida en el siglo XI desde cuatro puntos de vista, que gana el León de Oro de la Mostra de Venecia, y el Oscar destinado a la producción extranjera, Kurosawa consigue romper el bloqueo occidental que existe sobre el cine oriental y que las películas japonesas comiencen a distribuirse por el mundo.

Este éxito permite a Kurosawa rodar El idiota (1951), adaptación de la novela de Dostoievski; Vivir (1952), un drama realista; Los siete samurais (1954), historia de época con la que vuelve a ganar el León de Oro de la Mostra de Venecia, muy imitada por los norteamericanos.

Intento de suicidio

Tras el fracaso comercial de Barbarroja (1965), producción histórica sobre la vida de un médico, Kurosawa tarda cinco años en poder rodar Dodeskaden (1970), su primer trabajo en color, una dura parábola sobre la otra cara del desarrollo económico, pero es un nuevo fracaso que le conduce a un intento de suicidio en 1971.A pesar del éxito inesperado de Derzu Uzala (1975), una espléndida película de aventuras con la que gana el Gran Premio del Festival de Moscú, necesita otros cinco años y la ayuda de sus poderosos admiradores norteamericanos George Lucas y Francis Ford Coppola para hacer La sombra del guerrero (1980), gran fresco ambientado en el siglo XVI, con la que gana la Palma de Oro del Festival de Cannes.

Algo similar le ocurre a Kurosawa para poder hacer Batalla (1985), adaptación de El rey Lear, de Shakespeare, y Sueños (1990), desigual colección de episodios oníricos muy alejada del resto de su cine. En sus últimas películas, Rapsodia de agosto (1991) y Espera un poco (1992), da muestras de agotamiento creativo y tienen escaso interés.

Filmoteca Española. Santa Isabel, 3. Metro Antón Martín. Consultar cartelera. Entrada, 225 pesetas. Abono 10 sesiones, 1.700 pesetas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de junio de 1999