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Tribuna:CRÍTICACLÁSICA

Encuentro ideal

Anthony Pappano Obras de Bernstein, Prokófiev y Rimski-Korsakov. Yefim Bronfman, piano. Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Anthony Pappano. Palau de la Música, Sala Iturbi. Valencia, 31 mayo 1999.A juzgar por esta actuación en el Palau, la London Symphony sigue siendo la mejor orquesta británica. Dirigida por Pappano, fulgurante estrella por suerte ya emancipada del astro Barenboim, la formación dio lo mejor de sí en una Sheherazade de opulencia tímbrica en nada reñida con la sensualidad y el refinamiento quasi camerístico que orientan la partitura de Rimski. La libertad otorgada por Pappano a los cometidos de los solistas, en particular en el segundo movimiento, produjo frutos de insólita belleza expresiva. Sheherazade, por muy oída que nos parezca, es página clave en el desarrollo del poematismo sinfónico y entronca perfectamente con los hallazgos orquestales del impresionismo sin por ello abandonar la tradición nacionalista del romanticismo. La vitalidad rítmica y el abandono erótico de los rubati que prodigó la batuta de Pappano situaron la obra en un punto de equilibrio, prácticamente inalcanzable para cualquier otro director actual. El Segundo concierto de Prokófiev marcó la sicigia ideal entre pianista y director. Bronfman, consumado intérprete del ciclo pianístico de Prokófiev, se elevó con técnica de prodigiosa limpidez e inagotable fuerza expresiva en una versión de absoluta referencia. Este Opus 16 del autor ruso pertenece a lo más granado que en este siglo se ha escrito en el campo de los conciertos para piano y orquesta y su traducción de anteayer hizo plena justicia a la magnitud de la partitura. On the Town, de Bernstein, fue lo menos apasionante del programa. Por su propia naturaleza las tres danzas se adaptan con cierta violencia a la aparatosa sonoridad de una orquesta sinfónica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de junio de 1999