Franco, Stalin y Milosevic
Francisco Franco murió en su cama, Antonio de Oliveira Salazar murió en su cama, Iósif Vissariónovich Dzugashvili, Stalin, murió en su cama, Mao Zedong murió en su cama, Pol Pot murió en su cama, el general Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla, Baby Doc Duvalier, Idi Amin Dada, Sadam Husein morirán en sus camas, y Slobodan Milosevic Milosevic morirá en su cama.
Ésta es la razón por la que no quiero escribir sobre Kosovo. Esta guerra, una de las más abominables que ha habido, es posible hoy sólo porque nosotros, demócratas, humanistas, modelos de civismo, lúcidos analistas, virtuosos vividores, apenados irreprochables pero excelentes mercaderes de armas, hemos permitido que los más atroces Milosevic de este siglo viviesen y muriesen en su cama, cubriéndose con sus mantas.
De acuerdo, exagero quizás un día Slobodan Milosevic sea procesado o eliminado por sus correligionarios. No porque sea peor que sus hermanos mayores, sino sólo más estúpido, demasiado llamativo para nuestra sensibilidad de mirones.
Mientras tanto, algunos pueblos desaparecerán.
La televisión emitirá su agonía.
Y se continuará preguntando a los novelistas qué piensan de la guerra, de la televisión, de los pueblos que mueren en los caminos.
11 de mayo


























































