IVO POGORELICH - PIANISTA

"La cultura es un bien precioso que se puede perder fácilmente"

Fue el pianista revelación de la década de los ochenta; su originalidad como intérprete y su atractivo físico fueron canalizados por una multinacional del disco para convertirlo en una estrella de la música con leyenda de enfant terrible y caprichoso. Hoy, Ivo Pogorelich (Belgrado, 1958) es un hombre y un músico más maduro, ha perdido parte del atractivo físico con el que arrastraba a las quinceañeras a las salas de conciertos, pero sigue siendo tan original y refrescante en sus interpretaciones al piano como el primer día. El pasado miércoles ofreció un concierto en el Auditorio de Madrid y ahora actuará en dos recitales con obras de Chopin -de cuya muerte se conmemora el 150º aniversario-, en el Auditori de Barcelona el 18 de mayo y en San Sebastián el 30 de junio.

A diferencia de muchos de sus colegas, Ivo Pogorelich es un músico que no vive ajeno a lo que sucede a su alrededor. Deja muy claro que no piensa pronunciarse sobre la guerra de Kosovo. "Yugoslavia no es mí país, yo soy croata", puntualiza, "y además hay mucha confusión en este asunto". "Mucha gente de mi generación se siente desilusionada con lo que pasa en el mundo. Los de mi edad nacimos con la idea de que las guerras se habían terminado y la realidad es muy diferente. La frustración nos embarga al ver los nuevos niveles de brutalidad de los que es capaz el ser humano".

Pogorelich ve unas perspectivas fascinantes en las nuevas tecnologías. "La revolución en cuanto a comunicaciones es ahora ilimitada, pero desgraciadamente el contenido cultural no ha entrado todavía en ese corredor de comunicación, porque la evolución tecnológica va más rápida que la cultural. Las formas de conservar el conocimiento y transmitirlo a generaciones futuras todavía siguen siendo problemáticas y la cultura es un bien muy precioso pero frágil, que hay que cuidar, porque puede perderse con gran facilidad", asegura.

La educación

"El problema más importante al que nos enfrentamos es la educación. Existe una explosión demográfica brutal que crea muchos problemas. La educación es cara y una formación tan específica como la musical se queda sin resultados", advierte. "Por ello es muy importante que los responsables de los grandes auditorios sean conscientes de que no son sólo recipientes para exponer la música, sino que deben cuidar que los que tocan allí sean capaces de dar todo lo que han recibido". Pogorelich recordó ayer sus primeros conciertos en España en 1983. "Debía actuar en teatros con unos escenarios terriblemente inclinados que me obligaban a poner cuñas al piano para que no rodara escenario abajo. Ahora el panorama es fascinante. España es el país que ha construido más auditorios del mundo, si se exceptúa Japón, desde la década de los cincuenta. Eso es muy importante para la vida musical de un país. Sin embargo, ahora existe una tendencia contra los grandes auditorios, como el nuevo de Barcelona en el que voy a tocar. Yo no tengo nada en contra de él, pero cada día aumenta el número de músicos que está dispuesto a renunciar a la comercialidad de un concierto por actuar en espacios más pequeños e íntimos".

Reconoce el pianista que da muchos más recitales que conciertos. "Los conciertos son más complicados. Cuando tocas con una orquesta te das cuenta de que existen demasiadas consideraciones extramusicales. Los ensayos son restringidos y las imposiciones de los sindicatos, estrictas. Pero a veces uno encuentra sorpresas. El concierto que ofrecí en la noche del miércoles en Madrid lo dirigió un joven director español al que no conocía, Pedro Halffter, y fue una experiencia positiva, porque en el ensayo vi a alguien que estaba genuinamente interesado por la música". En los recitales de Barcelona y San Sebastián, Pogorelich tocará obras de Chopin, un compositor que considera "esencial en el mundo pianístico". "Su música", afirma, "contiene un gran valor comunicativo y llega a todas las culturas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0029, 29 de abril de 1999.